martes, 9 de diciembre de 2008

¿Cuál es tu receta preferida?

Ninguna. Nunca he sido de recetas, como mi hermana mayor, que las anota hasta en la guía telefónica y, lo más sorprendente, las hace y le quedan de antología. Yo me declaro incapaz de hacerlo. Ella, como cree que me alimento mal, cada cierto tiempo me recomienda alguna receta, pero ni caso.

Los pocos intentos me salieron fatal y los comensales, o conejillos de indias, que tengo, son tan exigentes que cada vez que los invito tienen la cortesía de hacer ‘dinner forum’, es decir, critican salvajemente los platos, los califican y hasta hacen análisis comparativo («la última vez el arroz te quedó mejor, hoy se te pasó y además está muy soso»). Claro, la culpa la tengo yo que siempre los invito a comer "gallo pinto" (al menos así se llama en mi pueblo), que no es otra cosa que arroz blanco con alubias negras (todo muy revuelto con cebolla bien troceada y pimentón), un plato tan "de gourmet" que lo comemos diariamente en todo Centroamérica, el Caribe, Colombia y Venezuela (aunque en cada región tiene nombre distinto).

Así no extraña que los pobres la tengan contra el gallo pinto y critiquen a destajo al cocinero. Por eso estoy en una encrucijada: o cambio de plato, o cambio de comensales que, pensándolo bien, no es mala idea.

Columna publicada en Sí se puede (Madrid)

sábado, 15 de noviembre de 2008

¿Tienes alguna vocación frustrada?

Definitivamente sí. Como me llamo José Guillermo de Jesús, nací en Latinoamérica y me va el drama, era obvio que estaba destinado a ser actor de culebrón, además exitoso.

Eso ya lo decían en el jardín de infancia cuando me tocaba interpretar a algún prócer de la patria y me lo repetían durante todo el instituto en el que, para escaquearme de las materias de siempre –que está visto que no sirven para nada, porque si lo hicieran el mundo sería distinto, le pese a Pitágoras, a Aristóteles y a todos los historiadores, que me tenían frito con Colón y su Isabel La Católica, tan católica ella– me apunté a teatro.

Por si fuera poco, lo pasaba bomba y me venía de perlas para llegar tarde a casa, «por los ensayos». Tenía un brillante futuro como arlequín, pero todo acabó cuando, solemne, les comuniqué a mis padres que me iba a apuntar a una compañía de teatro ambulante y ellos, muy solemnes, me dijeron que de eso nada, que tenía que estudiar una carrera en condiciones y no ir de loco por la vida. Y así terminé en mi condición de periodista emigrante, pluriempleado y un poco loco.


martes, 11 de noviembre de 2008

¿Que cómo llego a fin de mes?

Básicamente, recordando mi infancia. Tendría no más de diez años cuando mi padre se quedó en paro y mi madre no tuvo más remedio que hacer algunos recortes
presupuestarios en la economía familiar y eliminar algunos «lujos». Por ejemplo, con orgullo puedo decir que fuimos los primeros vegetarianos de Costa Rica, porque como la carne estaba por las nubes, se decidió por decreto materno que era «malísima» para la salud y que lo mejor eran las legumbres.

Con el mismo sacrosanto criterio, quedó prohibido ir a restaurantes, «¡sabrá Dios las cosas que ponen!», e ir de vacaciones «¡con la de accidentes que ocurren!». Así, con esas mentirillas blancas que nos hacían creer que por estar sin pelas no nos privábamos de las cosas buenas de la vida , nuestra familia llegaba a fin de mes. En este punto habría que decir, en honor a la verdad, que también ayudaban mucho los préstamos y las visitas a la casa de empeños. Durante una época vivíamos en la Casa de los Espíritus: las cosas de valor desaparecían y reaparecían meses después, sin que mi madre, sospechosamente dijera nada.

Ésa es la estrategia que aplico cuando no llego a fin de mes lo cual es casi siempre: de repente, «descubro» que los cubatas me sientan fatal, que mis zapatos viejos son la mar de cómodos, que las bibliotecas públicas tienen libros maravillosos y que me encanta la vida hogareña. De momentohe considerado las visitas al Monte de Piedad pero todo se andará....

sábado, 1 de noviembre de 2008

Mil euros y Air Madrid

Los echo de menos y cuanto más pasa el tiempo más me hacen falta. Es como un si agujero negro se los hubiese tragado. Por más que pienso no me resigno a olvidarlos y me duele en el alma que otros, sabe dios quienes, estén disfrutando con ellos y que no piensen en regresármelos.

Todo comenzó en septiembre del 2006 y nada hacía sospechar que no los volvería a ver. Ese mes me acerqué a la agencia de viajes a comprar mi billete ir a Costa Rica por navidad, con antelación como recomienda la publicidad. “¡Mil euros, una barbaridad! Pensé mientras resignadamente le pagaba a la chica de la agencia. Digan lo que digan los mileuristas, mil euros dan para mucho y en mi caso para conseguirlos había tenido que ahorrar varios meses.

Así que con nostalgia me despedí de mis mil eurillos y guardé mi billete de Air Madrid en la mochila para salir, ¡qué ilusión Dios mío!, el 20 de diciembre de ese año. Sobra decir que nunca viajé. Air Madrid cerró sus puertas 5 días antes y adentro se quedaron mis lindos mil euros. Desde entonces mi billetera está triste y sola.


sábado, 25 de octubre de 2008

La vida en una canción

Recién llegado, mi canción era ‘El inmigrante’, de Juanito Valderrama. Me parecía conmovedora aquella letra de un tío que deja su país y con los dientes de marfil de su madre se hace un rosario. Es decir, que la pobre de una sola sentada se quedaba sin hijo y sin dientes. Después, para sumergirme en la cultura española, aparte de ver ‘Cine de barrio’ todos los sábados, escuchaba a Marisol, el Dúo Dinámico, Karina y todas esas canciones que hablaban de lo maravillosa que es la vida y ser una chica yeyé.

Con el tiempo me convertí en un hombre serio y formal y redescubrí a Tom Jones, que a sus 80 años sigue cantando ‘Sex Bomb’, una inspiradora canción que tenía la mágica virtud de que con estas carnes me hacía sentir sexy, un milagro. Hasta que decidí volver a mis orígenes y me reenganché a ‘El rey’: la historia de ese hombre que no tiene «trono, ni reino» y que en las peores circunstancias se siente un triunfador llega al alma, uno la escucha y por más deprimido que esté, le entran ganas de gritar a todo pulmón: «¡Pero sigo siendo el rey!».

Publicado en el Periódico Si se puede

sábado, 18 de octubre de 2008

¡Ya lo sabíamos!

Por fin, después de miles de reuniones, de cientos de informes y de concienzudos análisis los señores del sistema han dictaminado lo que ya sabíamos todos desde hace varios meses: que estamos en crisis financiera. El tema era recurrente en cualquier reunión social, en la sobremesa y hasta en las alcobas pero ellos necesitaron un poco más de tiempo para reconocer que el capitalismo global, tal y como lo conocíamos, está en plena crisis de identidad y que papá Estado una vez más tendrá que rescatar al mundo.

Lo que no han dicho muy claramente de quien es la culpa y si, en caso de aclararse responsabilidades, esos terroristas del fundamentalismo "neocon" en vez de ser recompensados por llevar a la quiebra instituciones centenarias -y jugar con el dinero de todo el mundo- recibirán su merecido. De momento en lo único que coinciden esos "analistas" es que para no variar el ciudadano de a pie es el que tendrá que pagar los platos rotos...como si no lo supiéramos desde el principio.

viernes, 10 de octubre de 2008

¿Para qué sirven los balcones?

Obviamente, para cotillear y para nada más. Por mucho que se diga que los balcones sirven para dar luz, para colocar plantas o añadir un toque coqueto a cualquier edificio, está claro que todo son excusas, porque no hay nada mejor que ver cómodamente el mundo desde un balcón en actitud triunfal, como Julio César en su trono. Desde ahí, con el mayor descaro del mundo, podemos ver desde escenas amorosas hasta pleitos callejeros y desfiles, y saludar a la vecina de enfrente (aunque no la soportemos).

Cotillear desde una ventana es una indiscreción, pero hacerlo desde un balcón es poesía pura. Hablo con la autoridad que me da el haber vivido durante cinco años en un piso con balcón a la calle Mayor de Madrid, una época maravillosa en la que apenas veía la tele, porque los telediarios resultaban ñoños comparados con lo que contemplaba desde mi habitación. Pasaba los días entretenidísimo cotilleando a todo dios sin percatarme de que mis vecinos, y el público en general, a su vez también podían verme. El día que lo descubrí dejó de gustarme el balcón.

viernes, 3 de octubre de 2008

Pesadillas escolares

Aunque nunca me tragué el cuento de que la escuela era el templo del saber -sobre todo porque a la que yo asistía tenía pinta de todo menos de templo y la asociaba con cualquier cosa menos con la sabiduría- debo reconocer que la vuelta al ‘cole’ siempre me hacía ilusión, porque era época de estrenos: me compraban uniforme nuevo y zapatos negros de charol –que en esa época eran lo último entre los escolares–, libros de texto nuevos que olían a tinta y papel y que, menos los de matemáticas, traían preciosas ilustraciones y, lo más importante, había posibilidad de cambiar de maestra y con un poco de suerte, de compañeros, lo cual era altamente estimulante.

No era que la maestra no me gustara, pero como tenía como cien años, era la mar de sosa, me tenía fichado porque pasaba hablando todo el tiempo mientras ella hacía dictados y encima, no dejaba de recetarnos ejercicios de aritmética, soñaba con que pasaba a mejor vida, aunque por lo visto era inmortal.

Con mis compañeros no me llevaba mal del todo, pero como odiaba el fútbol y me aburrían a muerte las conversaciones sobre jugadores, partidos y balones, me veían como un bicho raro, por lo que siempre al inicio de curso tenía la lejana esperanza de que en la Escuela decidieran prohibir ese deporte. Está visto que tuve que resignarme.


sábado, 27 de septiembre de 2008

Adiós verano, hola otoño

Pueden llamarme amargado, pero la verdad es que el final del verano me pone "el corazón contento". Siempre me pasa lo mismo: al principio del estío estoy feliz, me parece maravilloso el calorcito, el buen rollito de la gente y esa alegría que irradia todo el mundo.

Pasado algún tiempo, tantas pieles bronceadas, tanto ir y venir de gente con maletas yendo a ninguna parte y a todas partes, tanto gozo exultante a mi alrededor empieza a parecerme un poco hortera y acabo por agobiarme, así que cuento los días para que llegue el sosiego del elegante otoño que todo lo pone en su sitio, que me permite salir de casa sin toparme con las terrazas y ver la tele sin escuchar la canción del verano y al presentador insistiéndome en que a pesar de los 40º de temperatura hay que ser irremediablemente feliz.

Y como todo el mundo habla de la depresión otoñal, sólo por llevar la contraria me pongo otoñalmente feliz, con ganas de bailar cuando el tiempo refresca y los días se acortan. Lo mismo me pasa con la Navidad, tanto insistirme en la felicidad, que termino de mal humor. Menos mal que luego llega Semana Santa, y como en esa época estar de buen humor es pecado, soy feliz como nunca.

sábado, 20 de septiembre de 2008

¿Sobran las palabras?

Casi siempre. Algo imposible de comprender en las culturas latinas, donde hablar, cuanto más alto mejor, es parte fundamental de la vida social. No se entiende una reunión de más de dos personas sin que haya una buena cháchara de por medio, y quien es muy callado es mal visto, etiquetado como una ‘persona sosa’.

En otras culturas la cosa cambia, y se considera que el grado de confianza supremo entre dos personas es la capacidad de permanecer en silencio sin sentirse incómodo: una persona callada es bien considerada e incluso vista como sabia. Es decir, que en esa mundo yo sería un genio porque aquí, tengo la impresión que me consideran un muermo, porque hablo más bien poco sobre todo cuando estoy en grupos grandes y la gente cuenta historias apasionantes tanto que temo interrumpir con mis historias cotidianas y prefiero escuchar.

No siempre fue así, en mis tiempos fui un dicharachero, pero fue pisar suelo español y quedarme sin palabras. Quizá fue la impresión de emigrar, la edad o la pereza de tener que repetir todo dos veces, porque con el acento que tenía –y que tengo– no hay quien se entere de lo que digo. Sea por lo que fuera, aprendí a estar en silencio y a disfrutarlo.

domingo, 14 de septiembre de 2008

Invasiones terrícolas

Que en este universo gigantesco nosotros los liliputienses habitantes de la tierra seamos los únicos habitantes y seres inteligentes suena a coña. No solo por el desperdicio de espacio que eso implica –estamos todos apiñados aquí viviendo en pisitos de cuarenta metros cuando podríamos tener un planeta entero- que contradice cualquier lógica sino porque el cuento de que el hombre es el centro del universo deja muy mal parado a mi buen dios porque en época de crisis que alguien ande por el cosmos creando cosas para que nadie las vea y las disfrute está muy mal visto, podría ser políticamente incorrecto.

Por eso prefiero pensar que en este vasto universo hay muchas civilizaciones que tienen la sospecha de que no están solos en el universo y que, por ejemplo, en Plutón debaten sobre la posibilidad de que haya vida inteligente en el planeta tierra y que por las noches los niños plutonianos tienen pesadillas con invasiones terrícolas, con los humanos, esos seres horribles que tienen dos minúsculos ojos, una boca, la piel de un solo color y lo peor de todo, que se creen los únicos amos del universo.

(Publicado en el periódico Sí se puede)

lunes, 18 de agosto de 2008

Autógrafos que matan

Las chicas se acercaron a pedirme un autógrafo. Como tenía solo 24 añitos y estaba exultante porque era mi primer viaje como corresponsal, y encima me habían encomendado la ‘difícil misión’ de cubrir un concurso de belleza, me pareció lo más normal del mundo que alguien quisiera que estampara mi nombre en una libreta, al lado del "jet set" latinoamericano. Tampoco me sorprendió que, desde la mañana, la gente del hotel estuviese extrañamente amable conmigo tratándome como un rey y no como el pringado periodista que era y sigo siendo.

Con la mayor naturalidad del mundo me puse a firmar autógrafos, hasta que una de ellas me espetó al ver mi nombre: «¿Pero tú no eras el que salía en la telenovela?». Aclarado el misterio: inexplicablemente me habían confundido con el galán de un culebrón venezolano. Si la cosa hubiera quedado ahí, habría sido el mayor piropo de mi vida, pero, furiosas, las chicas al decirles que se trataba de una confusión rompieron el papel al tiempo que una de ellas decía: «Ya decía yo que estaba demasiado acabado, feo y mal vestido para ser él». Ellas se marcharon indignadas y yo me quedé hundido en la miseria.

A los cinco minutos por el ascensor apareció mi "otredad mediática", el actor causante del malentendido. Y descubrí la crudad realidad: parecernos nos parecíamos pero era algo así como en los anuncios del antes y el después. En este caso no cabía la menor duda yo era el de después...me parecía al galán pero después de años de no hacer ejercicio, de noches enteras de farra, de haber sobrevivido a cinco accidentes nucleares...

Publicado en Si se puede

domingo, 3 de agosto de 2008

La soledad

Cuando mi madre se pone a filosofar mientras pela patatas –de todo hay en la viña del Señor– suele decir que la soledad es la compañera constante del hombre, que uno nace solo y muere solo aunque esté rodeado de mucha gente. Quizá, como eso me lo viene repitiendo desde que tengo uso de razón (es decir, desde hace relativamente poco tiempo), ya me he hecho a la idea de que la soledad nos tiene atrapados entre sus manos.

Como soy bastante vago, incluso me he resignado y hasta he hecho buenas migas con ella, que al final no es tan pesada como la pintan y siempre tiene algo que enseñarnos, sobre todo a escuchar nuestras voces interiores. No sé si les pasa, pero cuando estoy mucho tiempo rodeado de gente, llevando una gran vida social, acabo con el ánimo putrefacto, empiezo a sentirme un poco tonto y termino echando de menos un rato de soledad para estar frente a frente con ese desconocido que soy yo. Gracias a la soledad he descubierto pequeñas verdades de mí mismo y he llegado a una brillante conclusión: esta vida no hay quien la entienda.

Publicado en Si se puede

domingo, 27 de julio de 2008

Mi sueño olímpico


La culpa de todo la tienen mis nulas habilidades deportivas y un curso de protocolo que recibí hace años, cuyo tema era cómo organizar unas olimpiadas. Durante una semana, como quien descubre las claves del bricolaje, un afamado diplomático nos explicó todos los detallitos que teníamos que tomar en cuenta para hacer unos juegos olímpicos alucinantes.

Una maravilla si no fuera porque entre sus alumnos, además de los flamantes estudiantes europeos, estábamos los becados por el gobierno español, chavales que veníamos de Centroamérica, de África Central y de paisitos que ni siquiera están en el mapa, que estábamos flipados pensando en que, para organizar unas olimpiadas en nuestros pueblos, más que dinero harían falta milagros.

En mi caso, eché cuentas y descubrí, por ejemplo, que tendríamos que establecer turnos para inauguración y la clausura porque entre delegaciones, invitados, amigos y familiares nadie cabría en el estadio más grande de la capital, y las villas olímpicas tendrían que situarse en mitad de la selva a tan sólo cinco horas de la ciudad, aunque con el caos del tráfico de nuestras calles serían ocho. Aun así, confieso que mi sueño olímpico es organizar unas olimpiadas en mi pueblo.

Publicado en Sí se puede

lunes, 21 de julio de 2008

De cañas con el rey

Como a cualquier buen republicano, de firmes convicciones políticas y emigrante en el esplendor de su vida, si hay alguien con el que me encantaría irme de cañas es con el Rey Juan Carlos, ni más ni menos. Algo completamente natural si tomamos en cuenta que lo conozco desde que era un crío y lo veía en los ‘Holas’ viejos que una tía mía guardaba en su casa como joyas de la corona, que hace algunos años me entregó el diploma de un máster y que desde entonces mi madre, en Costa Rica, para envidia de sus vecinas, tiene en casa la imagen con la que un fotógrafo inmortalizó ese momento para gloria de este centraca paleto que no podía creer que estuviera al lado de un rey de carne y hueso.

Desde entonces en el salón de casa, encima del tapete de ganchillo de toda la vida están la foto de boda de mis padres, la de mis abuelos, las de comunión de todos mis primos, y como si se tratase de una típica escena familiar, la foto del Rey y yo. Quizá como la foto lleva años ahí todos se han acostumbrado a ver su Majestad como a alguien más de la familia, por eso no me extraña que cada vez que me llaman desde el pueblo me pregunten por la vida y milagros de todos los miembros de la Familia Real, como quien se preocupa por parientes que hace mucho no ve. Con tanta familiaridad de por medio, he pensado que lo único que me falta es irme de cañas con Don Juan Carlos.

lunes, 14 de julio de 2008

¡Bailando se entiende la gente!

Si se parte del hecho de que en el Caribe se baila antes de aprender a andar, lo más lógico y normal del mundo es que allá de donde vengo se ligue bailando. Bolero, cumbia, salsa, vallenato, cualquier ritmo puede convertirse en un arma de seducción masiva si se baila con pasión y con ganas. Grandes amores han nacido en una pista de baile y muchas relaciones se han derrumbado porque alguien ya no arrimaba la pelvis como antes o era incapaz de seguir el ritmo de su pareja.

Como quien es buen bailarín suele ser buen amante, y no viceversa, para desgracia de muchos, en el baile se pone todo el empeño para no defraudar, y cada movimiento se transforma en una metáfora del amor: primero, un intercambio de miradas para saber hasta dónde podemos llegar; luego, un lento acercamiento hasta sentir los latidos del corazón del otro; después, el vaivén de los cuerpos, y finalmente, si se tiene suerte, el inicio de algo tan imprevisto como la historia del mundo. En mi pueblo decimos que para ser felices, las parejas deberían hablar menos y mover más el esqueleto, que bailando se entiende la gente.

Publicado en Si se puede

domingo, 6 de julio de 2008

Cuando me enamoro...

Fiebre, escalofríos y ganas de vomitar. En las mil y una veces que me he enamorado, estos síntomas siempre se han repetido; hasta al punto de pensar que más que un tierno angelito que anda tirando sus flechas aquí y allá, Cupido es una especie de bicho infeccioso que impide diferenciar entre una gripe y el enamoramiento agudo. Es ver al objeto de deseo y empezar a sentirme mal, a ser incapaz de articular palabra. Me pongo pálido, sudo y, aunque trato de sonreír graciosamente, me sale una mueca espantosa. Al final quedo como la niña de ‘El exorcista’ y mi alma gemela huye despavorida sin que pueda explicarle que cuando no esté enamorado seré divertido, conversón y hasta guapo. Después de situaciones así, me quedo con mal cuerpo y un poco decepcionado porque, como si no bastara, cuando me enamoro nunca escucho violines, sino los desafinados acordes de una orquesta de verbena, una fanfarria que perpetra los boleros de siempre, ésos que hablan de lo bien que se lo pasan los enamorados, repitiendo mil veces «me importas tú, y tú y nadie más que tú...».

Publicado en Sí se puede

lunes, 30 de junio de 2008

Las terrazas atacan de nuevo

Como vivo en ese parque temático de las terrazas que es el barrio de La Latina, en Madrid, cuando llega el buen tiempo me da un estrés que no veas, porque significa que llega la época en la que para entrar en casa tengo que esquivar mesas, sillas, camareros, músicos callejeros perpetrando éxitos de siempre, tragafuegos, saltimbanquis, turistas del interior y del exterior, borrachos, ‘yuppies’, ‘hippies’ y hasta monjas que han decidido tomarse una caña a las puertas de mi humilde casa. No es que uno sea un "amargao", pero resulta un poco incómodo hacer cola para llegar a la puerta de tu vivienda o tener que ponerte algo ‘fashion’ cada vez que bajas a tirar la basura, por no saber con quién te puedes encontrar. Sin ir más lejos, un día, en una de esas mesas que han tenido la cortesía de colocar en mi portal, estaba el elenco completo de una famosa serie de televisión. Fue abrir la puerta y ellos ahí sentados,desprendiendo ‘glamour’ a raudales, y yo en chándal del Rastro, con dos bolsas de basura, sin ducharme y con ganas tremendas de que llegara el frío invierno.

domingo, 22 de junio de 2008

Abuela y cómplice

No era estrella del deporte ni cantante de rock, no hacía grandes proezas de las que salen por la tele, pero sí milagros cotidianos, ésos que nunca aparecen en las noticias pero cambian la vida de la gente: mi heroína de infancia fue mi abuela. Tendría un montón de años, pero cuando estaba a su lado me sentía invencible, nada ni nadie podía dañarme si estaba su cálido regazo esperándome al volver de la calle.

Como el resto de los adultos andaban muy liados, siempre acudía a ella para las preguntas realmente importantes, como por qué brilla el sol o por qué nacemos y morimos. Si tenía que dormir en su casa, me ponía loco de alegría, porque eso significaba que podríamos charlar hasta altas horas de la noche y que, probablemente, mientras me dormía me contaría alguna de sus historias de cuando el mundo "olía a nuevo", del abuelo que tuvo la osadía de morirse antes de conocer a la mayoría de sus nietos, o de su niñez cuando podía correr por el campo y subirse a los árboles. Solía decir que se dio cuenta que se estaba haciendo mayor el día en el que no pudo trepar más por los árboles, "¡Fue una pena porque era lo que más me gustaba del mundo!", se lamentaba.

Era mi pieza clave en el rompecabezas de la vida. Abuela y cómplice, cuando me vine a España no derramó una sola lágrima, me abrazó con fuerza y me dio un único consejo: «No mires atrás. Si las cosas te van bien allá, quédate: uno siempre debe estar donde mejor brille el sol"

Publicado en "Sí se puede"

domingo, 15 de junio de 2008

Mis maletas y el low cost

La era del low cost y mis 35 años, marcaron un antes y un después en la historia de mi equipaje. Como antaño consideraba que el avión era una experiencia muy fashion – por lo menos eso le parecía a este paleto que poco había salido al extranjero – cada vez que viajaba me preparaba para disfrutar al máximo de esos momentos de glamour así es que lo primero que echaba en mi equipaje de mano eran mis libros de poesía de Mario Benedetti, de Fernando Pessoa, mi walkman y una “pequeña” selección de treinta cintas como banda sonora para cada momento del viaje.

Cumplí 35 años, la edad y el boom low cost cayeron como un tsunami sobre mi equipaje llevándose cintas, libros y cualquier vestigio de una época dorada. Viajar dejó de ser esa experiencia inolvidable para convertirse en algo tedioso e incómodo, así que ahora la consigna es minimizar las molestias del vuelo, salir airoso de los numerosos controles a los que te someten antes de embarcar y sobrevivir a la “experiencia” de viajar. Así las cosas mi mochila de viaje se ha reducido a su mínima expresión, ha tenido que resignarse a cargar bocatas de chorizo y latas de refresco, periódicos -los libros pesan demasiado- y un botiquín en el que no pueden faltar antiácidos, aspirinas, pastillas para el asma y cuanto cosa haya para los achaques de un cuarentón.

martes, 10 de junio de 2008

Vida después de la vida


Decir que creo en la otra vida es quedarse corto porque, si de algo soy militante, es de la otra vida. Como decimos en Centroamérica, creo a lo bestia, tanto o más que los mayas, los egipcios y que algunas culturas orientales que enterraban a sus muertos con concubinas incluidas, por si acaso en la otra vida al pobre muerto le entraba un apretón y no encontraba ninguna alma caritativa que estuviera dispuesta a entregarse a los placeres terrenales.

Digamos que para mí la otra vida es un paraíso en el que todos tienen cabida y en el que cada uno vive, o mejor dicho ‘muere’, como le venga en gana, sin atavismos de ningún tipo y donde todos están divinamente. De eso tengo constancia porque como «en ocasiones veo muertos», los difuntitos de mi familiase me aparecen cada cierto tiempo en sueños para charlar y entretenerme un poco.

Para estar muertos se les ve fenomenal. Bronceados y con colorida ropa veraniega, tienen toda la pinta de estar de vacacaciones en cualquier hotel cinco estrellas. Hablar hablan hasta por los codos siempre -es lo que tiene estar muerto, que dan ganas de hablar- siempre y cuando no trate de sonsacarles nada sobre la vida después de la vida, en cuanto les pregunto algo sobre el tema simplemente se callan y me sonríen tierna y misteriosamente.


Publicado en Sí se puede

domingo, 1 de junio de 2008

Inmune a la fama

¿Que haría si fuera famoso? Tendría que hablar de lo que hice cuando fui famoso, porque yo también tuve mis cinco minutos de gloria, cuando mi careto salió en las páginas del suplemento dominical de un conocido diario. Una semana antes, la periodista que me había entrevistado me llamó para anunciarme la fecha de publicación del reportaje y advertirme de que mi foto saldría en página completa. Me quedé en estado catatónico: sería famoso.

Pasé noches enteras pensando en qué cosas preocupan a los futuros famosos, del tipo cómo firmar autógrafos (y si hay que firmarlos todos), qué hacer cuando te reconocen, qué decir en los homenajes y cómo saludar por las calles. En este último punto estaba indeciso entre saludar a las multitudes moviendo graciosamente la mano, como Doña Sofía, o hacerlo como los boxeadores, levantando los brazos en rotundo gesto de victoria. Por fin llegó tan ansiado día, salió mi foto, me felicitaron mis amigos y pasé días esperando a que alguien me reconociera por la calle, pero nada de nada. Fui famoso, pero nadie se dio cuenta.


Publicado en "Sí se puede"

domingo, 18 de mayo de 2008

Insultos a la carta

Si un extraño me insulta en la calle me descojono de risa porque nunca he podido entender esa manía que tiene mucha gente de insultar a ilustres y pobres desconocidos. Como los buenos culebrones latinoamericanos bien nos han enseñado solo nos pueden insultar y ofender correctamente quienes conocen nuestros secretos: que a la sufrida protagonista su verdadera madre le diga que es una “regalada” (“una cualquiera” en castellano ibérico de toda la vida) es algo que puede traumatizar a la heroína y hacer sufrir a los telespectadores durante varios capítulos, pero que en el autobús alguien la insulte por un simple pisotón solo puede ser utilizado en la trama para confirmar la bondad de la víctima y los malos malísimos que son los demás. Después del corte de publicidad nadie se acordará de ese incidente ni de la cara del figurante que insultaba, y Yajaira Patricia, o como se llame, seguirá sufriendo por el amor imposible de Carlos Emilio. Toda una filosofía que ha marcado mi vida y que explica porque ante las ofensas en la calle siempre me río, sobre todo porque algunos son tan chapuzas que por querer insultar lanzan piropos como la vez que tras darle un empujón en el metro a una señora me gritó con clara intención de insultar y ofender: "hay que ver como sois los latinoamericanos, venis a España y como sois guapos y sexys os creis lo reyes del mambo". ¡Así da gusto que te insulten!

Publicada en Si se puede

viernes, 9 de mayo de 2008

Muerte o locura

¿Qué haría si me sacara la lotería? Morirme o volverme loco de felicidad. Solo cabrían esas dos opciones si me ocurriera algo tan insólito e extraordinario como ganarme el gordo de la lotería porque digan lo que digan, nadie puede pasar de la noche a la mañana de pobre a rico y seguir viviendo como si nada. Algo tiene que pasarte y una de las opciones es que te mueras de felicidad. Si eso sucediera me moriría con la pícara sonrisa de quien se salió “con la suya” y para decepción de mis herederos invertiría toda mi fortuna en pagarme un funeral como Dios manda, con plañideras orquesta sinfónica incluida y una lápida que dijera “Nació en cuna de paja y murió en tumba de oro”.

Por supuesto que también estaría una posibilidad menos trágica y que simplemente me volviera loco de alegría, algo absolutamente normal en mi pueblo donde la gente queda “pa allá” siempre que le dan una buena noticia (a las penas estamos muy bien acostumbrados). Como la felicidad hay que compartirla dedicaría mi dinero a fundar sambódromos en lugar de escuelas en todas las ciudades de España para que todo el mundo aprendiera a mover el esqueleto y se pasara las horas enteras bailando conmigo y compartiendo mi locura.

Columna Publicada en "Si se puede"

lunes, 5 de mayo de 2008

La vez que descubrí España

Tenía la sensación de haber llegado al país más exótico del mundo sobre todo después de que buscando una carnicería entrara al Museo de Jamón y viera a la gente tomándose su cafetín con toda la tranquilidad en medio de jamones, chorizos y charcutería me parecía lo más “primitivo” que había visto en mi corta vida así que mi primera conclusión fue que los españoles estaban locos de remate, locos y de mal humor por que había que ver las voces que daban. Como en mi pueblo la gente por lo general suele hablar más pausado y quedo, aunque estén a punto de matarse, tenía la impresión que había llegado a un sitio en el que todos estaban verdaderamente enfadados. Aunque debo reconocer que con lo que más flipaba era con el acento: como todas las películas de romanos que yo había visto de crío las doblaban en España me parecía de coña que todo el mundo hablara aquí como Jesucristo, Herodes y Moisés y cada vez que escuchaba una conversación me costaba trabajo no dejar volar mi imaginación. Menos mal que el tiempo pasó y acabé por acostumbrarme a todo, ahora me parecen más exóticas otras culturas y ya me siento parte del paisaje urbano de Madrid.

Columna publicada en Sí se puede, marzo 2008

lunes, 28 de abril de 2008

Avestruces

Tras dos derrotas electorales consecutivas lo normal es que se cuestione la autoridad del líder, que las bases, a menos que sean masoquistas, empiecen a estar un poco mosqueadas de ir de derrota en derrota — en política la resignación cristiana pasó de moda— y que otros jefazos “desinteresadamente” pidan la jubilación anticipada del perdedor. Es lo más natural del mundo, es el juego de la democracia y los partidos políticos son organizaciones vivas, formadas por personas que al menos en teoría, tienen el legítimo derecho de cuestionar a sus líderes.

Por eso llama la atención que la existencia de divisiones internas en el PP se haya convertido en el “notición del siglo” -como si las discrepancias dentro de un partido político no fueran tan cotidianas como la vida misma- y que sus dirigentes sigan empeñados en presentar a su organización como un bloque monolítico orgánico aglutinado en torno a un único caudillo como si estuviéramos en una época y galaxia muy lejana.

Uno no entiende, por ejemplo, que habría de malo que Esperanza Aguirre reconociera de una vez por todas sus roces con el Alcalde de Madrid y que está francamente interesada en ser el relevo de Rajoy, que otros sectores admitieran sentirse marginados por las últimas decisiones del candidato y que todos juntos (como hermanos) entonaran el “mea culpa” sin ningún complejo y sin temor a parecer demasiado débiles, demasiado democráticos. Es lo menos que pueden hacer por esos 10 millones de electores que los votaron.

jueves, 24 de abril de 2008

Recordar para olvidar

Mientras aquí el PP se pasó toda la campaña electoral acusando al presidente de Gobierno de dedicar demasiado tiempo a temas como la memoria histórica que no interesan a "la gente” —esa masa misteriosa que siempre se invoca para justificar posiciones injustificables —viene ahora el poeta argentino Juan Gelman, ganador del Cervantes de este año, a decirnos precisamente lo contrario, que hay que recordar, que “ya no vivimos en la Grecia del siglo V antes de Cristo en que los ciudadanos eran obligados a olvidar por decreto” como lo han pretendido muchos sectores en su austral país y en esta España nuestra, tan moderna y tan anclada a su pasado aunque no lo quiera.

"Hay recuerdos que no necesitan ser llamados y siempre están ahí y muestran su rostro sin descanso. Es el rostro de los seres amados que las dictaduras militares desaparecieron". Una vez más la voz de poeta nos convoca y nos da ese tirón de orejas que de vez en cuando necesitamos para seguir siendo humanos y saber que estamos en deuda con generaciones anteriores cuyo esfuerzo y sufrimiento no debería ser olvidado en nombre de la democracia, la constitución o el interés de “la gente”.

Eso lo sabe bien Gelman que en 1995 le escribía una desgarradora carta a su nieta desaparecida junto a sus padres durante la dictadura argentina, y que gracias al empeño o “necedad” de los que no quieren olvidar, recuperaría años más tarde:

"Me resulta muy extraño hablarte de mis hijos como tus padres que no fueron. No sé si sos varón o mujer. Sé que naciste...
Ahora tenés casi la edad de tus padres cuando los mataron y pronto serás mayor que ellos. Ellos se quedaron en los 20 años para siempre. Soñaban mucho con vos y con un mundo más habitable para vos. Me gustaría hablarte de ellos y que me hables de vos. Para reconocer en vos a mi hijo y para que reconozcas en mí lo que de tu padre tengo: los dos somos huérfanos de él. Para reparar de algún modo ese corte brutal o silencio que en la carne de la familia perpetró la dictadura militar. Para darte tu historia, no para apartarte de lo que no te quieras apartar. Ya sos grande, dije".


¡Felicidades Maestro!

martes, 15 de abril de 2008

Cotillas

En estos días he pensado mucho en Socorro. Doña Soco, una entrañable vecina de mi barrio que aparte de su afán por servir a los demás se distinguía por ser una cotilla o vina (como dicen en mi pueblo) de vocación: no había acontecimiento alrededor de su casa o a varias manzanas de ella (o a kilómetros a la redonda como decían las malas lenguas) que no se le escapara, donde estaba la noticia ella aparecía “por casualidad” con la compra a cuestas (teníamos la sospecha que su carrito era de utilería y estaba vacío), dispuesta a recabar toda la información posible en tiempo récord. Si por alguna razón las cosas no quedaban claras no tenía inconveniente alguno en hacer una visita a los protagonistas con la excusa de llevarles un caldito o unas galletitas hechas por ella misma y así poder confirmar el notición del siglo y contarlo al resto de los mortales que, dicho de paso, también se morían de ganas por saber lo que había ocurrido.

Como vivíamos enfrente de ella en casa nos acostumbramos a que ante cualquier movimiento “sospechoso” nuestro como meter maletas en el coche, traer un sofá nuevo o la llegada de una visita, la cortina de su salón se movía ligeramente y por una esquina de la ventana aparecían sus ojillos inquisidores, según Soco nadie se daba cuenta pero todos sabíamos que estaba ahí ejerciendo su “derecho a la información” pero no nos importaba, estábamos resignados a vivir en una especie de "Gran Hermano" perpetuo emitido en exclusiva para disfrute de nuestra adorable cotilla.

He pensado mucho en esa vecina porque con la llegada de las redes sociales como My Space, Hi5, los más variopintos blogs y un kilométrico etcétera de plataformas de internet, me he convertido en una especie de versión cibernética de doña Socorro solo que menos generosa y más egoísta: porque todo lo que averiguo no lo comparto con nadie (lo cual atenta contra el principio sagrado del cotilleo: "hay más placer en contar un chisme que en averiguarlo"). Por lo visto la gente se ha vuelto muy confiada y hoy en día cuenta con lujo de detalles aspectos privados de su vida que ni muertos revelarían en persona pero si en el “anonimato” de Internet con un Nick o nombre falso pero siempre acompañados de decenas de fotografías de viajes, fiestas y celebraciones…todo un festín para nosotros los cotillas de la red.

Lo que a Socorro le habría llevado años y arduo trabajo averiguar hoy se puede saber con un simple click en el sitio indicado. Por ejemplo, navegando por la red he descubierto por “casualidad” que la pareja ideal de la facultad, los tortolitos eternos, al final se separó como consta en el perfil de mi ex compañera, que mi vecino que va de duro por la vida lee poesía en sus ratos libres y que busca novia – “a ser posible entre 25 y 30 años”-, que la chica de la farmacia los fines de semana canta jazz, que el instructor de gimnasio colecciona búhos, y que yo desde 1990 debo no sé cuantas pelas a una asociación de estudiantes que tuvo la cortesía de colgar la lista de morosos en su blog.

Así cada vez que visito todos esos maravillosos sitios virtuales en la que la gente lo cuenta todo de todo, pienso en lo inmensamente feliz que sería mi vecina si a sus 75 años decidiera aprender a usar Internet ¡Pobre doña Socorro, no sabe lo que se está perdiendo!

jueves, 3 de abril de 2008

Bombero de los de antes

Mi padre siempre se muere de risa cada vez que le cuento que desde unos años para acá los bomberos se han transformado en objeto erótico y que exhiben sus carnes en revistas y calendarios. Lógico, él fue bombero voluntario durante más veinticinco años y jamás sospechó que esa profesión de típico “pringado” en aquella época tuviera el más mínimo glamour, estaban lejos de ser los superatletas de hoy, se consideraba un trabajo como cualquier otro en el que solo había que ser un poco más valiente que el resto de los mortales para lanzarse a las llamas.

“Valiente y un poco loco” explica mi madre que nunca estuvo muy convencida que mi padre dedicara su tiempo libre a un pasatiempo tan peligroso mientras que los maridos se sus amigas dedicaban el tiempo libre a ver la tele, a lavar el coche o hacer bricolaje. Era ilógico pero acabó por acostumbrarse a ver a mi padre saliendo a horas intempestivas, a las largas esperas y las llegadas felices con el traje oliendo a humo, el casco chamuscado y el brillo en los ojos de quien ha cumplido con su deber. Mi madre resignada, él encantado y yo más: tenía un padre que no era como los demás, que no me daba la tabarra con el fútbol y encima me dejaba jugar con el casco de bomberos (que era de los de verdad y no de plástico como el de los vecinos).

De esa época dorada le quedan muchos recuerdos y el rastro de una severa quemadura en su mano izquierda de la que siempre habla con orgullo como si se tratara de una medalla, la culpa de todo la tuvo una iglesia en llamas y un santo que literalmente se le vino encima a finales de la década del cincuenta. Un injerto de piel, varios días en la UVI y semanas de recuperación lo dejaron “como nuevo” pero no tanto como para que se olvidara de su sueño y durante veinte años más siguiera acudiendo puntual a su cita con incendios, inundaciones y catástrofes varias que ponían los pelos de punta a todos menos pero que a él le chiflaban.

Sin embargo reconoce que lo mejor de esos años fue conocer a mi madre que trabajaba en la farmacia al lado de la Estación de Bomberos. Fue verla pasar un día para descubrir otra clase de fuego que aún hoy casi cincuenta años después sigue vivo, “¿Quién lo iba a decir? Yo sentado en la banca de la estación esperando un incendio o alguna calamidad, y me encontré a tu madre”, dice con picardía.

viernes, 28 de marzo de 2008

Sky Wonder


El famoso barco se ha convertido en el terror de miles de cientos de turistas que en menos de dos semanas han visto como sus vacaciones se convertían en una pesadilla por culpa de clima, negligencia del capitán, mala gestión de la compañía o simplemente por razones “desconocidas” que a estas alturas es de suponer poco importan a pasajeros que con ilusión habían invertido sus ahorros en el crucero de sus sueños. El final será previsible: la compañía hará el “mea culpa” achacando el problema a fuerzas ajenas —que es como decir que todo fue por voluntad de Dios— y se comprometerá a compensar a los viajeros en un futuro y galaxia muy lejana. Gana la casa, pierde el viajero.

La historia se repite, con más frecuencia de la que pensamos, y cada vez que ocurre me trae a la memoria otra maravilla de los cielos: Air Madrid, famosa en todo el mundo por haber dejado en tierra a más de 60 mil viajeros, incluido este servidor, sin que a la fecha haya devuelto un solo duro a los pasajeros. Mi cuenta de ahorros sigue echando de menos esos mil eurillos que pagó por un billete a Costa Rica pero los propietarios nos piden paciencia y tiempo para reunir tanta güita, mucho más del que necesitaron obreros ecuatorianos, domésticas peruanas, camareros colombianos y cientos de pasajeros para ahorrar y ver a sus familias aunque nunca lo lograron. Gana la casa, pierde el viajero.

Cierto que la filosofía del low cost ha revolucionado al turismo, abaratado precios y permitido el disfrute a más sectores de la sociedad pero da la impresión que para muchas empresas más bien ha significado una capitulación del consumidor que a cambio de pagar menos por los servicios ha renunciado a todos sus derechos y se ha convertido en solo una mercancía sujeta a los caprichos del mercado y el mercado, ya se sabe, siempre tiene la razón.

jueves, 13 de marzo de 2008

"Corasón"

Es inútil. Llevo años en España y no he podido perder mi acento de centraca. Mucha gente sin ninguna mala intención me lo ha recomendado una y mil veces como la única forma de integrarme completamente a la sociedad española, incluso han llegado a sugerirme que contrate los servicios de un foniatra para que en cuestión de días borre de un plumazo este acento que arrastro desde que nací en Costa Rica, cuando no se me pasaba por la cabeza emigrar y no tenía idea de que en mi pueblo se hablara distinto al resto del mundo.

Por cabezonería, mal oído o nostalgia nunca he podido expresarme como “español de toda la vida” aunque eso no significa que por épocas no haya tratado de diferenciar la “c” de la “z” o de la “s” pero al final siempre desisto porque hay palabras que dichas a la española me suenan raro y hasta me parece que pierden todo su significado. Por ejemplo: no es lo mismo decir “corasón” que “corazón”, el primero me suena a bolero romántico de esos que llegan al alma y el segundo, a enciclopedia médica…definitivamente no hay color y sigo resignado a no decir correctamente “Zaragoza” para alegría de mis colegas que siempre que lo intento se mueren de risa.

También hay que decir que en mi plena incorporación al habla española poco o nada han ayudado mis viajes a las Canarias donde me siento en cualquier parte menos en España y los que se ven en dificultades para entender a los parroquianos son los peninsulares. Al final de estas experiencias “extramadrileñas” siempre concluyo que en este país, muy a pesar de algunos, es diverso hasta en los acentos por lo que eso de hablar “como español” debería motivo de debate académico y alguien debería tener la cortesía de indicar al inmigrante cual es el acento que debe ser considerado oficial si el madrileño, el vallisoletano, el andaluz, el canario, el gallego y un largo etcétera.

Sin embargo debo reconocer que no son más que pretextos y que en el fondo lo que me aterra es padecer lo que llamo el “Síndrome de Rocío Conejo”, le he puesto ese nombre en honor a la mujer de un jugador de fútbol costarricense, Luis Gabelo Conejo que jugó con el Albacete en los noventa. Resulta que la señora se vino a vivir aquí una larga temporada de tres meses y cuando regresó al país llegó con un perfecto acento “español”-parecía sacada de una película de Berlanga- que dejó a toda la prensa nacional boquiabierta. Desde entonces a todos los ticos –como se nos dice los costarricenses- cada vez que viajamos a España tarde o temprano siempre hay alguien que con vehemencia nos advierte como si de una plaga se tratara: “Tenga cuidado, que no le pase lo de Rocío…”

viernes, 7 de marzo de 2008

Los malos de la película

Si algo ha dejado claro esta campaña electoral es que el PP no está nada convencido de la llegada de tanto inmigrante a España y que desde sus filas se les asocia con la mayoría de los grandes problemas que desde su perspectiva azotan el país. Da igual si se habla de crisis de las hipotecas, del paro y el caos en la atención médica de la Seguridad Social, tarde o temprano siempre aparece esa “quinta columna”, esos inmigrantes que han llegado a España a colapsar a este país. La historia se repite: a falta de un enemigo frente al cual aglutinar fuerzas y conseguir apoyos nada más fácil que demonizar a un sector de la población, al más vulnerable…una lección de propaganda política que a Goebbel, el célebre ministro de la Alemania nazi, le dio grandes y magníficos resultados.

Pareciera que desde la visión precaria de la realidad que tanto le gusta a un sector de la sociedad española, los derechos humanos son como los recursos naturales no renovables: cuanto más se usan más se gastan, vienen contados por definición por lo que hay que racionarlos y no andar dando derechos a la gente así porque así, no vaya a ser que mañana nos enfrentemos a una escasez de derechos para los españoles. A juicio de estos señores por cada derecho que se le reconoce a, por ejemplo, un inmigrante, se le quita ese mismo derecho a un español de toda la vida. Lógica aplastante para ellos, una visión mezquina para muchos.

Vale que la inmigración irregular puede convertirse en un problema que requiere una pronta solución de todo el conjunto de la sociedad pero da la impresión que en esta campaña electoral el tema se ha tratado por algunos sectores de la clase política -esa que tiene la obligación de enseñarnos a vivir en democracia- en forma irresponsable, con la misma sutileza de un ataque cardiaco recurriendo a simplificaciones peligrosas claramente xenófobas que han ayudado a crisparnos a todos.

Yo por ejemplo le estoy cogiendo manía a todos los inmigrantes: no soporto a Nemet, el camarero moro del bar del barrio porque con su lentitud árabe ha hundido la fama de todo el sector de la restauración española, gracias a él “los camareros ya no son como los antes”. Tampoco soporto a Xin Lao, la dueña del ultramarinos de debajo de casa, con su ojos rasgados y su eterna sonrisa tengo la sensación que se está burlando de mí, lo mismo me pasa con Yajaira, la chica de la limpieza, esa tiene toda la pinta que pasa todo el día en el hospital haciéndose mamografías (está claro que a eso vienen las ecuatorianas a este país).

Lo peor de todo es que tampoco yo últimamente me caigo tan bien como antes, de hecho ya no me soporto…claro como también soy inmigrante tengo la terrible sospecha que por culpa mía el paro ha aumentado en los últimos meses, que por darme trabajo a mí cientos de españoles se han quedado sin empleo, sin vivienda digna y sin nada de nada.Para ser sincero no me puedo ni ver en el espejo y hasta he prometido no volver a dirigirme la palabra porque soy malo malísimo, una amenaza para stablishment de la nación española, el que tanto defienden los buenos de siempre.

martes, 4 de marzo de 2008

La niña de Rajoy ataca de nuevo


Según los teóricos de la Comunicación Política los debates poco o nada afectan los resultados electorales sobre todo porque casi siempre el forofo que es capaz de tragarse hora y media de promesas de políticos en su mayoría es un friki de los partidos políticos y está más que convencido de por quién tiene que votar. Es decir que los debates solo sirven para reforzar simpatías (o multiplicar antipatías) y para poner nerviosos a los políticos que saben mejor que nadie que la gente es muy cruel y que siempre acabará por fijarse en detalles insignificantes y aparentemente anecdóticos para magnificarlos y…reírse a costa de ellos.


Tal es el caso de la niña de Rajoy. Justo cuando nadie en España creía que el candidato del PP volvería a sacar la historia de la enigmática niña que nadie sabe si es Caperucita Roja, Ricitos de Oro, la niña del exorcista o Esperanza Aguirre (que a estas alturas viene a ser lo mismo) , volvió a la carga con ella para regocijo de los telespectadores y curiosidad de psicoanalistas, sociólogos y expertos en fenómenos paranormales que ahora tratan de descifrar que hay detrás de esa metáfora tan utilizada por el bueno de Mariano que ha demostrado, entre otras cosas, que tiene muchas agallas o sentido de humor.

Gracias a la inspiración rajoydiana ahora podemos disfrutar para la posteridad de algunas verdaderas joyas que la gente, que es muy mala y cruel, ha colgado en internet y reírnos un poco que ya está bien de tanta solemnidad en una campaña política si al fin de cuentas solo estamos cambiando de presidente de gobierno y no es para tanto.

martes, 26 de febrero de 2008

Pérdida de tiempo


De repente no sabía si llorar o reír de tan sorprendente declaración y menos de boca de un político que representa, como el mismo dice, “a media España”. En cuestión de segundos el candidato del PP, Mariano Rajoy, echó por tierra los reclamos de miles de ciudadanos familiares de víctimas del franquismo que desde hace décadas vienen reclamando que se les reconozca y compense de alguna forma por todo el dolor sufrido por esos padres, abuelos, tíos y amigos cuyas vidas fueron truncadas por un proyecto totalitario.

Según el Sr. Rajoy, el presidente de gobierno en lugar de preocuparse por las cosas que interesan a la “gente” – nótese que decir pueblo ha quedado demodé - se ha preocupado por cosas que no interesan a nadie “como la Alianza de Civilizaciones y…la Memoria histórica”. Para el candidato del PP esas cosas no deberían ni mencionarse a fin de cuentas lo pasado pasado y estamos en el siglo XXI, es decir que los esfuerzos que han realizado países como Chile y Argentina por determinar responsabilidades por los abusos cometidos por las dictaduras han sido una pérdida de tiempo, que el mismo error han cometido los gobiernos sudafricanos desde 1994 al insistir en la necesidad de recuperar la memoria del apartheid, los judíos con su necedad en hablar de la Shoah (del holocausto) y gobiernos alemanes como el de Ángela Merkel, con la que sí se “codea” Rajoy , por su obsesión en pedir perdón por los horrores cometidos por el nazismo en nombre de la nación alemana. Toda esa panda de ignorantes en lugar de perder tiempo deberían dedicarse a cosas más edificantes que sí le interesan a la “gente”.

Que esto lo diga cualquier parroquiano en un bar de pueblo sería cándida anécdota pero que lo diga alguien que aspira a dirigir los destinos de España, y que dice representar a la mitad de España, da vértigo, causa tristeza y deja mucho, mucho que pensar en esa clase de “gente”.

viernes, 22 de febrero de 2008

Sarkozy…nada personal


Sarkozy en mi familia se pronuncia frunciendo el ceño y haciendo mala cara. La culpa de todo la tiene mi madre que desde hace unos meses le cogió manía al primer ministro francés…digamos que no lo puede ver ni en pintura. “No es nada personal pero ese señor no me gusta para nada”, afirma con la absoluta convicción de quien tiene razones suficientes para hacerle la cruz alguien cada vez que aparece en televisión, en periódicos y por supuesto, en las revistas del corazón.

Dice que un día de tantos mientras preparaba la comida se puso a pensar en el mandatario francés y en su agitada vida social, en sus idas y venidas con Cecilia, en su divorcio, en tanto viaje romántico, cena de gala, paseos en yate…en su boda con Carla, con sms de por medio, en su aspecto eternamente juvenil, en ese magnífico bronceado aún en pleno invierno, en su impecable apariencia “siempre tan metrosexual”, se puso a pensar en todo eso, como buena contabilista jubilada echó cuentas y llegó a una terrible conclusión: Sarkozy no tiene tiempo para gobernar “y menos un país tan grande y complejo como Francia, es humanamente imposible ”

Al parecer a esa misma conclusión han llegado los franceses. Según una encuesta publicada esta semana la popularidad de Sarkozy sigue cayendo en picado: un 58% de los entrevistados tiene una imagen negativa del Presidente entre otras cosas porque lo ven poco preocupado por la situación económica. Algo “raro” para los analistas políticos, que afirman que ningún antecesor de Sarkozy había llegado a niveles tener semejantes niveles de impopularidad, pero algo de sentido común porque el presidente parece estar en perpetuas vacaciones y la plebe francesa es muy envidiosa sino que lo diga Maria Antonieta. Sobra decir que mi madre está encantada de la vida porque una vez más tenía razón.

miércoles, 20 de febrero de 2008

Periodistas y políticos


Quizá no seamos parte del star system político, y salvo excepciones, nunca figuremos en las listas electorales de los partidos políticos, pero no cabe duda de que en una democracia los periodistas cumplimos una evidente función política, muchas veces discutida y casi siempre olvidada por nosotros mismos (pero no por los propietarios de los medios de comunicación que la tienen siempre muy presente).

Por falsa modestia, por temor o por la misma prisa, ama y señora de todas las salas de redacción, los periodistas pocas veces nos detenemos a pensar en el trabajo que realizamos y lo que significa para un sistema político tan vulnerable y atravesado por tantas contradicciones como la democracia.

Un cuarto poder o un contrapoder, la discusión es amplia, y tiene tantas y tan variadas vertientes que la mayoría de teóricos siguen sin ponerse de acuerdo al respecto. En lo único que todos concuerdan es que los periodistas desempeñan un papel político que más que un privilegio se constituye en una gran responsabilidad, que a menudo se nos escapa de las manos.

Según algunos estudios, en una democracia la mayoría de personas adquieren el conocimiento sobre el sistema político y sus instituciones valiéndose de la información que aparece en los medios de comunicación. Los textos constitucionales, códigos, leyes y los cientos de documentos oficiales son conocidos tan sólo por los expertos y una minoría de ciudadanos. Es decir que la información que elaboramos los periodistas se constituye en la única posibilidad que tiene la opinión pública de conocer el sistema político.


Si la información de los medios deja entrever, por ejemplo, que hay una crisis de legitimidad en el aparato del estado, la tendencia del ciudadano de a pie será volverse más desconfiado y apático hacia lo que representa un régimen en el que todos sus ciudadanos, al menos en teoría, pueden escoger a sus gobernantes.

De igual forma, los medios de comunicación suelen influir con bastante frecuencia en la escena política y sobre sus principales actores, llegando a determinar la agenda política. Es frecuente que denuncias en los medios acaben por convertirse en tema de discusión en las reuniones de los altos mandos ministeriales y en el Congreso de Diputados. Así, muchas informaciones realizadas sin más intención que la de informar estén en la génesis de grandes proyectos legislativos o de controvertidas destituciones.

El vértigo que puede producir el saberse depositario de tan inmensa responsabilidad, lejos de producirnos la típica arrogancia de quien sabe que puede influir en los poderosos, debería hacernos reflexionar sobre lo que significa nuestra profesión para la supervivencia de las democracias, sobre todo en una época en la que muchos parecen desencantados con el sistema y con sus líderes.

No hay nada peor para un sistema político tan vulnerable como la democracia, basado en el consenso y en la representatividad que la apatía de sus ciudadanos no sólo hacia los procesos electorales —que no lo son todo en esta forma de gobierno — sino ante el trabajo que realizan sus representantes en ayuntamientos, provincias y comunidades.

En una situación como esa el periodista debe transformarse no sólo en gendarme del sistema democrático, sino en un actor activo, con voz y voto —aunque parezca una herejía del viejo postulado de la neutralidad y objetividad profesionales, que en más de una ocasión ha servido para perpetuar las injusticias de los poderosos— capaz de reclamar a la clase política la profundización de la democracia y de apostar por la renovación de sus estructuras.

Los gobernantes, por su parte, y como complemento a esa función política del periodista, tienen una ineludible responsabilidad comunicacional. Gobernar en una democracia es comunicar con eficiencia y permitirle al ciudadano conocer la forma en la que los elegidos por el pueblo pretenden solucionar los grandes desafíos que imponen los tiempos presentes.

Y si la única forma —salvo en raras ocasiones— que tiene la administración de entrar en contacto con los ciudadanos es mediante los medios de comunicación, ningún gobierno democrático y ningún partido político, puede darse el lujo de cerrar sus puertas a la opinión pública y entorpecer la labor de la prensa. Hacerlo significaría negar la misma esencia de nuestro sistema de gobierno, el cual, para funcionar, necesita y exige el libre flujo de la información.

jueves, 14 de febrero de 2008

¡Mamá soy famoso!



Justo cuando estaba a punto de perder de todas las esperanzas y de apuntarme a un really show, justo cuando creía que para mi no había más esperanza que la Aguirre, es decir que estaba sumido en la desdicha más completa, justo cuando había deshechado mi sueño de ser famoso va la TVE y me saca en el telediario de la de la tarde. Durante 18 segundos –que los tengo cronometrados- miles de millones de españoles y de televidentes del canal internacional vieron mi careto.

Todo un triunfo que al final, como en las buenas pelis americanas , deja clara dos lecciones: que la tele ya no es lo que era y que en estos días cualquiera sale en la pequeña pantalla, y que necesito urgentemente una cirugía plástica (porque con las pintas que llevo…) Sea como sea logré mi sueño: salí en la TV y de paso le hice una compleja y sesuda pregunta a ZP..

viernes, 8 de febrero de 2008

Mala conducta


El PP no necesita enemigos. Él es su peor enemigo, al menos de un tiempo para acá, en que cada discurso de Mariano Rajoy y de su equipo pone los pelos de punta, al menos a un sector importante de la población. O sus líderes están muy mal aconsejados por sus asesores políticos, o poco a poco han ido haciendo un streaptease ideológico para enseñarnos sin ningún recato quiénes son en realidad y que de “moderados”, nada, que a fin de cuentas siguen siendo la derecha más rancia del mundo. Y por si alguien tenía alguna duda, la Conferencia Episcopal les echa una mano (al cuello) para sugerir, con la misma sutileza de una patada en el estómago, que es por los Superbuenos por quienes hay que votar.

El PP no necesita enemigos y de eso no cabe la menor duda después de oír hablar a Rajoy de un código de “buena conducta” para los inmigrantes, que los inmigrantes por definición somos muy díscolos, ignorantes, salvajes a los que hay que civilizar, y para eso vinimos a España. A lo mejor Rajoy tiene santas y buenas intenciones, a lo mejor no. Para aclararlo todo, Miguel Arias Cañete, el secretario de Economía y Empleo del PP, asegura apoyar esta iniciativa a la vez que lamenta que “ya no hay camareros como los de antes” (claro, todos son inmigrantes), y que los que venimos de fuera hemos colapsado el sistema sanitario: «Alguien que para hacerse una mamografía en Ecuador tiene que pagar el sueldo de nueve meses, viene aquí a urgencias y tarda un cuarto de hora… han descubierto que este es un país». Está claro que este señor considera, por un lado, que hacerse una mamografía es un deporte para todas las inmigrantes, que por puro placer hacen cola en Urgencias para someterse a este examen, y por otro, que Ecuador no merece la categoría institucional de país.
Barbaridades aparte, habrá que ver qué entienden estos señores por un “contrato de integración” o código de buena conducta, y si portarse bien es actuar como Esperanza Aguirre o como Gallardón, y también si incluyen en este contrato, por ejemplo, la obligación de cumplir con las fiestas de guardar, la de evitar que sus hijos asistan a las ignominiosas clases de Educación Ciudadana, la de manifestarse en contra de la paridad de géneros en las listas electorales, la de rechazar cualquier concepto de familia que no incluya un padre y una madre “como Dios manda” y la de oponerse rabiosamente a la idea de una España plural y diversa.

miércoles, 6 de febrero de 2008

La venganza de Hilaria


Por fin, por fin ya casi nos han confirmado que la candidata demócrata para las elecciones de USA será Hillary, la esposa cornuda pero nunca apaleada que ha logrado compatibilizar a la perfección y con sorprendentes resultados su vida familiar y profesional para envidia de todas las mujeres del mundo que a duras penas sobreviven a la rutina diaria.

Tiembla Washington, tiembla la Casa Blanca y tiembla el futuro First Gentleman Bill Clinton que a partir de ahora, según la más pura tradición política americana que siempre ha visto en las primeras damas un remake de reinas y princesitas, deberá asistir a todos los actos de beneficencia habidos y por haber, acompañar a su mujer a las cenas de galas y saludar graciosamente al público en general y en particular. Vamos que a partir de ahora Bill tendrá que ser tan modosito como han sido todas sus predecesoras, todas menos su mujer claro está, que cuando no estaban en un rastrillo o tomando el té con la Reina de Inglaterra estaban haciendo ganchillo al lado de la sala oval.

Así que a partir de ahora la vida doméstica en la Casa Blanca será una de las mayores preocupaciones de los gringos y del mundo entero que ya sabemos que cuando hay crisis conyugal en Washington la dicha del planeta está en serio peligro. Habrá que ver si Billy se convierte en sumiso y abnegado esposo que es lo que debería ser en honor de todas las First Ladies de USA -y en penitencia por su tortuoso pasada sentimental, que se lo tiene bien merecido- o se convierte en el poder detrás del trono, que es lo tiene a muchos aterrorizados que ven en el dúo argentino Fernández-Kirchner, una versión cutre del futuro presidencial de Yanquilandia.
Menos mal que Hillary esta semana ya advirtió que en caso de ganar las elecciones de noviembre ya se verá “quien lleva –y ha llevado, agregarían algunos- los pantalones en la Casa Blanca”. ¡Es la venganza de Hilaria!

lunes, 4 de febrero de 2008

Por preguntar...


Después de imnumerables experimentos, de intensos debates y arduas investigaciones de campo, los políticos, y sus asesores –casi siempre luminarias siderales– han descubierto algo sin precedentes en la historia de las democracias: que los electores tienen un mogollón de preguntas que hacerles antes de votar.

Todo gracias a Internet y a las nuevas tecnologías que al menos teóricamente han obligado a los políticos a bajar del Olimpo y a mezclarse con el populacho en la red, al menos para responder a todas las preguntas que se les están planteando en foros, chats y en plataformas como Youtube. Y como por preguntar nada se pierde, como decía mi abuela, tras un sesudo análisis y un exhaustivo proceso de documentación, este centraca decidió hacer la pregunta del siglo.

miércoles, 30 de enero de 2008

La mala envidia


Envidia de la mala. Es lo que me dan los inmigrantes en EE UU, que por lo menos cada cuatro años se convierten en objeto de toda clase de mimos de los políticos en su carrera hacia la Casa Blanca. Afroamericanos, hispanos, asiáticos, extraterrestres…, ningún político en su sano juicio escatima esfuerzos en acercarse a estas comunidades a conocer sus problemas de primera mano –eso dicen los chavalines– y a tomarse la foto de rigor con ellos, que es lo que más me mola: me imagino al típico chinito, si es que hay un típico chinito, enviándole la foto a su abuelita en un pueblo allá en la provincia de Xinjiang, por ejemplo, y la pobre viejecita enseñando la foto de su nieto con Hillary, Obama o McCain (que con ese nombre tiene un gran porvenir en un burguer). Pues aquí el chinito ese y todos los inmigrantes lo tenemos claro: simplemente no existimos para la mayoría de los políticos. Ya se lo he explicado a mi madre, que se la pasa soñando que le envío una foto con Llamazares o Zapatero, que son los que más morbo le dan.

Será por falta de costumbre, por dejadez o por la idea de que la composición social española es la misma de los años ochenta, en la que los latinoamericanos se contaban con los dedos de una mano, pero el caso es que los inmigrantes –por más nacionalidad que tengamos- no existimos como clientela electoral, por lo menos durante la campaña. No es que el resto del tiempo los políticos y los medios nos ignoren, como salimos en las estadísticas cada cierto tiempo nos mencionan para hablar del aumento de la delincuencia, de la crisis de la Seguridad Social y esos temas que tanto gustan a los tremendistas, esa gente que se resiste a creer que en España el gris ya no se lleva y que el nuevo siglo nos trajo la España multicolor, esa en la que todos tenemos cabida.
Así es que le he dicho a mi madre que para que consiga esa foto va a pasar mucho tiempo, al menos hasta que los políticos se den cuenta que además de trabajar y pagar impuestos también votamos, y que en un futuro no muy lejano podríamos decidir elecciones y tener diputados de origen africano, sudamericano y asiático. Mientras llega ese día siempre nos quedará el Photoshop para “colarnos” en las fotos de los mítines y actos oficiales.

martes, 29 de enero de 2008

Sospechoso habitual


“Varón de edad comprendida entre 25 y 45 años, moreno, de aproximadamente 1,75 m de estatura, 80 kilos de peso… Viaja solo…”. Si usted se puede incluir en esta descripción, muchas felicidades, porque ha pasado a engrosar la lista de los sospechosos habituales de los policías de medio mundo, que al parecer han construido su retrato robot basados en una serie de rasgos tan vagos y generales que es imposible no conocer a alguien que, en el mejor de los casos, cuadre bastante con esa descripción, o que, en el colmo de la mala suerte, encaje a la perfección con el retrato del malvado estándar.

Narcotraficantes, rateros, terroristas, traficantes de armas, tratantes de blancas…, al parecer todos tienen un perfil similar a cualquier ciudadano de a pie, como usted o como yo mismo, que estoy convencido de que vaya donde vaya presento una fenomenal pinta de delincuente. Eso lo descubrí hace algunos años en el aeropuerto de Houston (Texas), en la época en que Bush Jr. era gobernador. Nada más pasar el control de pasaportes, donde un funcionario mal encarado me había hecho mil preguntas sobre lo que pensaba hacer en EE UU durante las cuatro horas de espera de mi conexión a España, un tipo con guantes –usando la punta de los dedos para no contaminarse– cogió mi declaración de aduanas y me llevó a un lugar apartado para revisar mi equipaje. Por más de una hora estuvo revolviendo mis maletas, lanzándome miradas inquisidoras, preguntándome una y otra vez –con la ayuda de una traductora que a su vez estaba convencida de que me estaba mofando de ella afirmando que no hablaba inglés– si traía alguna sustancia ilegal -“You know: like DRUGS”. Con el empeño que ponía el chico, la verdad es que lamenté no tener a mano por lo menos algún porro que justificara ante sus superiores semejante teatro. Para mi fortuna, tanto el poli como la traductora por fin se cansaron del interrogatorio y me dieron la bienvenida al país con un “OK. Go ahead”.
Aunque el incidente me traumatizó un poco, debo reconocer que en el fondo me sentía orgulloso, porque, después de todo, tenía una batallita que contar: había vivido mi propio drama policial. Mis amigos, sin embargo, que son crueles, en cuestión de pocas horas me quitaron todo el mérito contándome historias más dramáticas sobre detenciones en los aeropuertos norteamericanos de familiares, amigos, famosos, políticos… Lo mío no era nada en comparación con lo que le ha tocado vivir a otros muchos. Pero como la vida es justa y siempre te da una segunda oportunidad, un tiempo después me volví a convertir en sospechoso, esta vez en Madrid y en plena calle. Un policía me detuvo porque resultaba “sospechosamente” parecido a un tío que minutos antes había robado el bolso de una respetable dama. El ladrón no era rubio, ni negro, ni alto, ni bajo…, lo típico: “Moreno, de aproximadamente 1,75 m de estatura, 80 kilos de peso… Vamos, parecido a usted”, explicó el policía mientras me pedía disculpas por la equivocación y por haberme sacado de una farmacia delante de una veintena de personas que tuvieron la amabilidad de hacer corrillo en la calle y observar atentamente cómo la policía “cumplía con su deber”. De nuevo mi ego estaba por las nubes: tenía cara de peligroso. Esta vez mis amigos se abstuvieron de hacer leña del árbol caído y nadie dijo ni mu.
Así es que desde entonces voy feliz por la vida, aireando mi cara de sospechoso habitual en pueblos y ciudades, con la extraña seguridad de que como tengo cara de mafioso nadie se va a meter conmigo, salvo la policía, claro está, pero con la sensación de que con estas pintas, en lugar de tratar de ser un periodista honesto, debería convertirme en capo de alguna mafia.