martes, 26 de febrero de 2008

Pérdida de tiempo


De repente no sabía si llorar o reír de tan sorprendente declaración y menos de boca de un político que representa, como el mismo dice, “a media España”. En cuestión de segundos el candidato del PP, Mariano Rajoy, echó por tierra los reclamos de miles de ciudadanos familiares de víctimas del franquismo que desde hace décadas vienen reclamando que se les reconozca y compense de alguna forma por todo el dolor sufrido por esos padres, abuelos, tíos y amigos cuyas vidas fueron truncadas por un proyecto totalitario.

Según el Sr. Rajoy, el presidente de gobierno en lugar de preocuparse por las cosas que interesan a la “gente” – nótese que decir pueblo ha quedado demodé - se ha preocupado por cosas que no interesan a nadie “como la Alianza de Civilizaciones y…la Memoria histórica”. Para el candidato del PP esas cosas no deberían ni mencionarse a fin de cuentas lo pasado pasado y estamos en el siglo XXI, es decir que los esfuerzos que han realizado países como Chile y Argentina por determinar responsabilidades por los abusos cometidos por las dictaduras han sido una pérdida de tiempo, que el mismo error han cometido los gobiernos sudafricanos desde 1994 al insistir en la necesidad de recuperar la memoria del apartheid, los judíos con su necedad en hablar de la Shoah (del holocausto) y gobiernos alemanes como el de Ángela Merkel, con la que sí se “codea” Rajoy , por su obsesión en pedir perdón por los horrores cometidos por el nazismo en nombre de la nación alemana. Toda esa panda de ignorantes en lugar de perder tiempo deberían dedicarse a cosas más edificantes que sí le interesan a la “gente”.

Que esto lo diga cualquier parroquiano en un bar de pueblo sería cándida anécdota pero que lo diga alguien que aspira a dirigir los destinos de España, y que dice representar a la mitad de España, da vértigo, causa tristeza y deja mucho, mucho que pensar en esa clase de “gente”.

viernes, 22 de febrero de 2008

Sarkozy…nada personal


Sarkozy en mi familia se pronuncia frunciendo el ceño y haciendo mala cara. La culpa de todo la tiene mi madre que desde hace unos meses le cogió manía al primer ministro francés…digamos que no lo puede ver ni en pintura. “No es nada personal pero ese señor no me gusta para nada”, afirma con la absoluta convicción de quien tiene razones suficientes para hacerle la cruz alguien cada vez que aparece en televisión, en periódicos y por supuesto, en las revistas del corazón.

Dice que un día de tantos mientras preparaba la comida se puso a pensar en el mandatario francés y en su agitada vida social, en sus idas y venidas con Cecilia, en su divorcio, en tanto viaje romántico, cena de gala, paseos en yate…en su boda con Carla, con sms de por medio, en su aspecto eternamente juvenil, en ese magnífico bronceado aún en pleno invierno, en su impecable apariencia “siempre tan metrosexual”, se puso a pensar en todo eso, como buena contabilista jubilada echó cuentas y llegó a una terrible conclusión: Sarkozy no tiene tiempo para gobernar “y menos un país tan grande y complejo como Francia, es humanamente imposible ”

Al parecer a esa misma conclusión han llegado los franceses. Según una encuesta publicada esta semana la popularidad de Sarkozy sigue cayendo en picado: un 58% de los entrevistados tiene una imagen negativa del Presidente entre otras cosas porque lo ven poco preocupado por la situación económica. Algo “raro” para los analistas políticos, que afirman que ningún antecesor de Sarkozy había llegado a niveles tener semejantes niveles de impopularidad, pero algo de sentido común porque el presidente parece estar en perpetuas vacaciones y la plebe francesa es muy envidiosa sino que lo diga Maria Antonieta. Sobra decir que mi madre está encantada de la vida porque una vez más tenía razón.

miércoles, 20 de febrero de 2008

Periodistas y políticos


Quizá no seamos parte del star system político, y salvo excepciones, nunca figuremos en las listas electorales de los partidos políticos, pero no cabe duda de que en una democracia los periodistas cumplimos una evidente función política, muchas veces discutida y casi siempre olvidada por nosotros mismos (pero no por los propietarios de los medios de comunicación que la tienen siempre muy presente).

Por falsa modestia, por temor o por la misma prisa, ama y señora de todas las salas de redacción, los periodistas pocas veces nos detenemos a pensar en el trabajo que realizamos y lo que significa para un sistema político tan vulnerable y atravesado por tantas contradicciones como la democracia.

Un cuarto poder o un contrapoder, la discusión es amplia, y tiene tantas y tan variadas vertientes que la mayoría de teóricos siguen sin ponerse de acuerdo al respecto. En lo único que todos concuerdan es que los periodistas desempeñan un papel político que más que un privilegio se constituye en una gran responsabilidad, que a menudo se nos escapa de las manos.

Según algunos estudios, en una democracia la mayoría de personas adquieren el conocimiento sobre el sistema político y sus instituciones valiéndose de la información que aparece en los medios de comunicación. Los textos constitucionales, códigos, leyes y los cientos de documentos oficiales son conocidos tan sólo por los expertos y una minoría de ciudadanos. Es decir que la información que elaboramos los periodistas se constituye en la única posibilidad que tiene la opinión pública de conocer el sistema político.


Si la información de los medios deja entrever, por ejemplo, que hay una crisis de legitimidad en el aparato del estado, la tendencia del ciudadano de a pie será volverse más desconfiado y apático hacia lo que representa un régimen en el que todos sus ciudadanos, al menos en teoría, pueden escoger a sus gobernantes.

De igual forma, los medios de comunicación suelen influir con bastante frecuencia en la escena política y sobre sus principales actores, llegando a determinar la agenda política. Es frecuente que denuncias en los medios acaben por convertirse en tema de discusión en las reuniones de los altos mandos ministeriales y en el Congreso de Diputados. Así, muchas informaciones realizadas sin más intención que la de informar estén en la génesis de grandes proyectos legislativos o de controvertidas destituciones.

El vértigo que puede producir el saberse depositario de tan inmensa responsabilidad, lejos de producirnos la típica arrogancia de quien sabe que puede influir en los poderosos, debería hacernos reflexionar sobre lo que significa nuestra profesión para la supervivencia de las democracias, sobre todo en una época en la que muchos parecen desencantados con el sistema y con sus líderes.

No hay nada peor para un sistema político tan vulnerable como la democracia, basado en el consenso y en la representatividad que la apatía de sus ciudadanos no sólo hacia los procesos electorales —que no lo son todo en esta forma de gobierno — sino ante el trabajo que realizan sus representantes en ayuntamientos, provincias y comunidades.

En una situación como esa el periodista debe transformarse no sólo en gendarme del sistema democrático, sino en un actor activo, con voz y voto —aunque parezca una herejía del viejo postulado de la neutralidad y objetividad profesionales, que en más de una ocasión ha servido para perpetuar las injusticias de los poderosos— capaz de reclamar a la clase política la profundización de la democracia y de apostar por la renovación de sus estructuras.

Los gobernantes, por su parte, y como complemento a esa función política del periodista, tienen una ineludible responsabilidad comunicacional. Gobernar en una democracia es comunicar con eficiencia y permitirle al ciudadano conocer la forma en la que los elegidos por el pueblo pretenden solucionar los grandes desafíos que imponen los tiempos presentes.

Y si la única forma —salvo en raras ocasiones— que tiene la administración de entrar en contacto con los ciudadanos es mediante los medios de comunicación, ningún gobierno democrático y ningún partido político, puede darse el lujo de cerrar sus puertas a la opinión pública y entorpecer la labor de la prensa. Hacerlo significaría negar la misma esencia de nuestro sistema de gobierno, el cual, para funcionar, necesita y exige el libre flujo de la información.

jueves, 14 de febrero de 2008

¡Mamá soy famoso!



Justo cuando estaba a punto de perder de todas las esperanzas y de apuntarme a un really show, justo cuando creía que para mi no había más esperanza que la Aguirre, es decir que estaba sumido en la desdicha más completa, justo cuando había deshechado mi sueño de ser famoso va la TVE y me saca en el telediario de la de la tarde. Durante 18 segundos –que los tengo cronometrados- miles de millones de españoles y de televidentes del canal internacional vieron mi careto.

Todo un triunfo que al final, como en las buenas pelis americanas , deja clara dos lecciones: que la tele ya no es lo que era y que en estos días cualquiera sale en la pequeña pantalla, y que necesito urgentemente una cirugía plástica (porque con las pintas que llevo…) Sea como sea logré mi sueño: salí en la TV y de paso le hice una compleja y sesuda pregunta a ZP..

viernes, 8 de febrero de 2008

Mala conducta


El PP no necesita enemigos. Él es su peor enemigo, al menos de un tiempo para acá, en que cada discurso de Mariano Rajoy y de su equipo pone los pelos de punta, al menos a un sector importante de la población. O sus líderes están muy mal aconsejados por sus asesores políticos, o poco a poco han ido haciendo un streaptease ideológico para enseñarnos sin ningún recato quiénes son en realidad y que de “moderados”, nada, que a fin de cuentas siguen siendo la derecha más rancia del mundo. Y por si alguien tenía alguna duda, la Conferencia Episcopal les echa una mano (al cuello) para sugerir, con la misma sutileza de una patada en el estómago, que es por los Superbuenos por quienes hay que votar.

El PP no necesita enemigos y de eso no cabe la menor duda después de oír hablar a Rajoy de un código de “buena conducta” para los inmigrantes, que los inmigrantes por definición somos muy díscolos, ignorantes, salvajes a los que hay que civilizar, y para eso vinimos a España. A lo mejor Rajoy tiene santas y buenas intenciones, a lo mejor no. Para aclararlo todo, Miguel Arias Cañete, el secretario de Economía y Empleo del PP, asegura apoyar esta iniciativa a la vez que lamenta que “ya no hay camareros como los de antes” (claro, todos son inmigrantes), y que los que venimos de fuera hemos colapsado el sistema sanitario: «Alguien que para hacerse una mamografía en Ecuador tiene que pagar el sueldo de nueve meses, viene aquí a urgencias y tarda un cuarto de hora… han descubierto que este es un país». Está claro que este señor considera, por un lado, que hacerse una mamografía es un deporte para todas las inmigrantes, que por puro placer hacen cola en Urgencias para someterse a este examen, y por otro, que Ecuador no merece la categoría institucional de país.
Barbaridades aparte, habrá que ver qué entienden estos señores por un “contrato de integración” o código de buena conducta, y si portarse bien es actuar como Esperanza Aguirre o como Gallardón, y también si incluyen en este contrato, por ejemplo, la obligación de cumplir con las fiestas de guardar, la de evitar que sus hijos asistan a las ignominiosas clases de Educación Ciudadana, la de manifestarse en contra de la paridad de géneros en las listas electorales, la de rechazar cualquier concepto de familia que no incluya un padre y una madre “como Dios manda” y la de oponerse rabiosamente a la idea de una España plural y diversa.

miércoles, 6 de febrero de 2008

La venganza de Hilaria


Por fin, por fin ya casi nos han confirmado que la candidata demócrata para las elecciones de USA será Hillary, la esposa cornuda pero nunca apaleada que ha logrado compatibilizar a la perfección y con sorprendentes resultados su vida familiar y profesional para envidia de todas las mujeres del mundo que a duras penas sobreviven a la rutina diaria.

Tiembla Washington, tiembla la Casa Blanca y tiembla el futuro First Gentleman Bill Clinton que a partir de ahora, según la más pura tradición política americana que siempre ha visto en las primeras damas un remake de reinas y princesitas, deberá asistir a todos los actos de beneficencia habidos y por haber, acompañar a su mujer a las cenas de galas y saludar graciosamente al público en general y en particular. Vamos que a partir de ahora Bill tendrá que ser tan modosito como han sido todas sus predecesoras, todas menos su mujer claro está, que cuando no estaban en un rastrillo o tomando el té con la Reina de Inglaterra estaban haciendo ganchillo al lado de la sala oval.

Así que a partir de ahora la vida doméstica en la Casa Blanca será una de las mayores preocupaciones de los gringos y del mundo entero que ya sabemos que cuando hay crisis conyugal en Washington la dicha del planeta está en serio peligro. Habrá que ver si Billy se convierte en sumiso y abnegado esposo que es lo que debería ser en honor de todas las First Ladies de USA -y en penitencia por su tortuoso pasada sentimental, que se lo tiene bien merecido- o se convierte en el poder detrás del trono, que es lo tiene a muchos aterrorizados que ven en el dúo argentino Fernández-Kirchner, una versión cutre del futuro presidencial de Yanquilandia.
Menos mal que Hillary esta semana ya advirtió que en caso de ganar las elecciones de noviembre ya se verá “quien lleva –y ha llevado, agregarían algunos- los pantalones en la Casa Blanca”. ¡Es la venganza de Hilaria!

lunes, 4 de febrero de 2008

Por preguntar...


Después de imnumerables experimentos, de intensos debates y arduas investigaciones de campo, los políticos, y sus asesores –casi siempre luminarias siderales– han descubierto algo sin precedentes en la historia de las democracias: que los electores tienen un mogollón de preguntas que hacerles antes de votar.

Todo gracias a Internet y a las nuevas tecnologías que al menos teóricamente han obligado a los políticos a bajar del Olimpo y a mezclarse con el populacho en la red, al menos para responder a todas las preguntas que se les están planteando en foros, chats y en plataformas como Youtube. Y como por preguntar nada se pierde, como decía mi abuela, tras un sesudo análisis y un exhaustivo proceso de documentación, este centraca decidió hacer la pregunta del siglo.