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miércoles, 4 de febrero de 2015

La era de los muebles

La verdad que con la moda de estas apps para ligar se está volviendo más difícil que nunca tener pareja. Esto de tener el "catálogo" a mano las 24 horas del día nos está volviendo demasiado dispersos y un poco neuróticos porque como el menú es tan variado y gratis -aunque no hay nada en esta vida es regalado- nadie quiere tomar una decisión final, comprometerse hasta no haber probado toda la gama de platillos, estamos padeciendo el mal de nuestro tiempo, lo que los sociólogos llaman el síndrome del FOMO (Fear of Missing Out) el pánico de querer abarcarlo todo con tal de no perderse las últimas novedades sean deportivas, culinarias, cinematográficas o sexuales y que nos impide disfrutar del momento.

De eso he estado hablando mucho con Elena, que descubrió que su prometido "solo por diversión" se pasaba horas chateando con otras chicas. Tras la incredulidad inicial de ver a su chico en esos sitios y en una postura sexy -"que encima le quedaba francamente fatal"- decidió cortar por lo sano y romper con él. No es que sea beata pero dice que le resultaría indigno estar con alguien que mientras está con ella pasa mirando y anhelando todo lo que se está perdiendo, "me sentiría como cuando quieres cambiar de sofá, empiezas a ver todos los catálogos de IKEA esperando a que aparezca la pieza perfecta. Un buen día aparece el de tus sueños, lo comparas con el que tienes y simplemente te deshaces del viejo que nunca te gusto demasiado. Pues eso mismo, no soy un mueble". Cuanta razón...

lunes, 24 de marzo de 2014

Flirtear en tiempos Apps

Total que tanta app para ligar ha dado al traste con el viejo arte de cortejar. Antes, en el siglo pasado , parte del encanto de salir una noche era la lejana o cercana posibilidad de encontrar  su media naranja. Chicos y chicas se ponían sus mejores galas, acudían a bares y discotecas para ver, dejarse ver y flirtear un poco. Todos de una u otra forma sabíamos hasta el cansancio las mil y una estrategia para ligar y cómo iniciar maniobra de acercamiento con excusas tan ridículas como pedir la hora -con un reloj gigantesco en la pared- o decir un piropo chapucero -me encantan rellenitas como tú.  En ese entonces uno sudaba, se quebraba la cabeza pensando en qué decir pero disfrutaba del panorama, del intercambio de miradas y sonrisas. Entonces la noche era un campo de juego lleno de mil promesas pero llegaron las apps y acabaron de sopetón con todo ese mundo de seducción. Flirtear pasó de moda. Nadie mira a nadie tan solo a su smartphone de ultimísima generación, se pasan las horas muertas chateando con gente que posiblemente nunca lleguen a conocer mientras tu miras nostálgico la botella de cerveza pensando en lo viejo y aburrido que se ha vuelto el mundo.

jueves, 13 de octubre de 2011

Los hombres ya no son lo que eran

Me contaba una amiga divorciada que harta de ser la eterna soltera, la que siempre va sola a las fiestas y cenas, se apuntó a una web de contactos. Tras el temor inicial del “quedirandemi”, ilusionada creó su perfil con una breve y “honesta” descripción: chica de 50 años, profesional y de buen ver busca chico para salir. Agregó un par de fotos, las mejores de sus últimas vacaciones en Ibiza, una con la melena al aire en plan leona y otra más formalita con traje de ejecutiva para reforzar la idea de mujer independiente. Al principio los resultados no se hicieron esperar: mensajitos, piropos, propuestas de noches de pasión y hasta de matrimonio. Se sentía en la gloria porque otra vez estaba en el mercado y no paraba de responder mensajitos picantes. Sin embargo, con el tiempo su ánimo se fue desinflando porque con los chicos que quedaba o querían enrollarse en el momento o casarse ipsofactamente, y la verdad es que tras un traumático divorcio no se está para ninguna de las dos cosas. Así que, visto lo visto, volvió a utilizar los mecanismos tradicionales: pedirle a los amigos que le presentasen tipos atractivos, a hacerse la interesante en mitad de un reunión de trabajo, en el metro a las siete de la mañana mientras intenta no dormirse o cuando hace la compra con chandal y tacón alto -antes muerta que sencilla- con resultados prácticamente nulos, salvo que la mayoría la agrega a Facebook o le manda mensajitos cariñosos por whatsapp, sms, por msn, gtalk, es decir, que sigue en las mismas, en el mundo virtual. Su teoría es que las redes sociales nos están volviendo vagos hasta para ligar y que el arte del cortejo se está perdiendo aceleradamente porque nadie quiere perder tiempo. “Los hombres ya no son lo que eran”, me dice melancólica, al tiempo que saca su Iphone del bolso para devolverle un "toque" a uno de sus pretendientes, un compañero de Pilates con el que nunca ha quedado.

lunes, 14 de julio de 2008

¡Bailando se entiende la gente!

Si se parte del hecho de que en el Caribe se baila antes de aprender a andar, lo más lógico y normal del mundo es que allá de donde vengo se ligue bailando. Bolero, cumbia, salsa, vallenato, cualquier ritmo puede convertirse en un arma de seducción masiva si se baila con pasión y con ganas. Grandes amores han nacido en una pista de baile y muchas relaciones se han derrumbado porque alguien ya no arrimaba la pelvis como antes o era incapaz de seguir el ritmo de su pareja.

Como quien es buen bailarín suele ser buen amante, y no viceversa, para desgracia de muchos, en el baile se pone todo el empeño para no defraudar, y cada movimiento se transforma en una metáfora del amor: primero, un intercambio de miradas para saber hasta dónde podemos llegar; luego, un lento acercamiento hasta sentir los latidos del corazón del otro; después, el vaivén de los cuerpos, y finalmente, si se tiene suerte, el inicio de algo tan imprevisto como la historia del mundo. En mi pueblo decimos que para ser felices, las parejas deberían hablar menos y mover más el esqueleto, que bailando se entiende la gente.

Publicado en Si se puede