miércoles, 26 de agosto de 2015

Lugares comunes

Mis amigos me suelen decir que siempre voy a los mismos sitios. Y la verdad que tienen razón porque soy un poco gato y siempre acabo por encariñarme con los lugares que frecuento. No entiendo la manía de esta generación de estar siempre en busca de nuevos sitios, nuevas tendencias  y nuevas experiencias, huir eternamente de cualquier zona de confort. Se pasan el tiempo conociendo gente, viajando a lugares exóticos, cambiando de bares, de amigos y de parejas, es como si todo a su alrededor tuviera fecha de caducidad. A mi por el contrario todo ese frenesí me aturde porque me encanta la magia de lo cotidiano, de esos lugares de siempre. Ya sea el bar donde el camarero no te deja ir sin invitarte a una más, el restaurante chino de toda la vida en el que la dueña te regaña si dejas de ir mucho tiempo o  el supermercado  del barrio en el que la cajera te recomienda productos bajos en colesterol, para mi todos esos sitios cotidianos son parte de mi historia  y me recuerdan que vaya donde vaya, siempre voy a encontrar un lugar en el que sentirme como en casa.

miércoles, 19 de agosto de 2015

10 mandamientos para estar en las redes sociales

Facebook parece un cementerio. Está lleno de páginas fantasmas, de gente que se entusiasmó abriendo una página para su negocio y, por pereza o falta de tiempo, nunca más la volvió a actualizar. Los clientes la visitan una y otra vez esperando tener alguna novedad pero no hay remedio, parece que el dueño murió o que simplemente no se preocupó por su imagen digital. Nada malo sino fuera porque cada vez más las redes sociales se están convirtiendo en un lugar privilegiado para encontrarse con el cliente y dialogar de tú a tú con ellos. Imagine si su potencial usuario llega a su tienda y usted la tiene sucia y llena de telarañas. Posiblemente no dure ni cinco minutos en su negocio. Lo mismo con su perfil en las redes sociales, si su cliente lo encuentra descuidado y desactualizado probablemente no lo vuelva a visitar.

Como usted no puede darse el lujo de desperdiciar cualquier oportunidad de negocio, aquí algunos consejos prácticos:


  • Frecuencia. Aunque hay que estar atento a las conversaciones que ocurren en las redes sociales no hace falta publicar todos los días salvo que se tengan cosas muy relevantes que contar. Los expertos recomiendan dos o tres veces por semana. Se trata de estar presente en las redes sociales pero sin agobiar al usuario. Si nos pasamos  el día publicando nos corremos el riesgo que se canse de nosotros y termine por bloquearnos.
  • Tono. Hay que definir cómo le vamos a hablar al público. La tendencia es utilizar un lenguaje más desenfadado y más personal. El tono institucional se reserva para la web,  para las redes sociales nos relajamos un poco, después de todo estamos en una conversación amigable con nuestros clientes.
  • Sentido del humor. Algunas compañías "serias" están utilizando las redes para dar rienda suelta a su sentido del humor. Los clientes siempre agradecen que los hagas sonreír. Una foto graciosa, una anécdota, cualquier cosa vale la pena.
  • Contenido. Es la pregunta clave y la más importante. Hay que pensar que debemos dar información valiosa al cliente relacionada directamente con nuestro producto o vinculada de alguna forma. Es decir no vale con publicar frases célebres o fotos de paisajes que nada tienen que ver con nuestro producto, hay que dar algo de valor. Sino se sabe qué publicar es mejor no hacerlo, sin embargo en torno a un servicio o producto siempre hay cosas que contar, simplemente hay que ponerse en el lugar del usuario y preguntarse qué le gustaría saber de nosotros.
  • Nunca vender. Siempre es mala estrategia en las redes sociales tratar de venderle algo al cliente. Es mejor hablar indirectamente de nuestro producto y temas relacionados, motivarlos a que usen nuestros servicios pero sin que parezca publicidad. Queremos generar una relación con nuestros fans, que se enganchen a nuestros contenidos y cualquier cosa que suene a publicidad podría alejarlos.
  • Nunca etiquetar o publicar en el muro de nuestros clientes. Da igual a lo que nos dediquemos o que creamos que al usuario le interesa sobremanera nuestro producto es un abuso de confianza etiquetarlo o colgar información en su muro, si creemos que algo le puede interesar a esa persona en concreto es mejor un correo privado.
  • Calendario editorial. Suena complicado pero no lo es. Le puede simplificar mucho la vida si usted planea con antelación lo que va a publicar durante la semana.  
  • Responder al cliente y rápidamente. Las redes sociales se han transformado en el nuevo departamento de atención al cliente y por su bajo coste cada vez lo serán más. Esto exige por parte nuestra una escucha atenta y estar siempre dispuestos a responder con rapidez. Una rápida respuesta a alguna queja o comentario puede salvarnos de una crisis. Si un usuario se pone en contacto con nosotros NO puede ser ignorado y sentirse frustrado.  
  • Analizar resultados. Hay que saber qué impacto estamos teniendo en la audiciencia, qué publicaciones han recibido más "likes" y cuáles más comentarios. La mayoría de redes sociales tienen un sistema de estadísticas muy simples y básicas que nos permiten determinar  el alcance de lo que hacemos. No tenga miedo a los números, hay en la red muchos videos que le enseñarán cómo interpretar los resultados.
  • Tener un plan. Si estamos en la redes sociales debemos saber PARA QUÉ estamos en ella y CÓMO vamos a estar. Es lo que se llama un plan estratégico de comunicación, suena muy pomposo pero en realidad para un pequeño empresario es un buen ejercicio. Sentarse a pensar y a escribir qué esperamos de las redes sociales y marcar un plan de ruta. Da igual que sea solo un folio o veinte, hace falta poner por escrito nuestras expectativas.  Creáme, le va a simplificar mucho la vida.

Estar en las redes sociales es algo muy serio y es su reputación digital la que está en     
juego. Hay que tomárselo muy en serio y asumir los compromisos que sean necesarios. Los clientes están esperando.



jueves, 13 de agosto de 2015

Perseidas

Treinta o setenta años ¿Qué mas da?. Al final el tiempo vuela y nuestra vida pasa en un abrir y cerrar de ojos. Eso lo decía mi abuela poco antes de morir, que sentía que su vida había sido tan pero tan breve que se quedaba con ganas de pasar un tiempo más con sus hijos. Siempre es demasiado breve, todo fluye y se nos escapa de la mano. Amamos a alguien durante uno o diez años y al final tenemos la impresión que estuvimos con esa persona tan solo cinco minutos, que nos faltó tiempo para amarnos más. Tenemos hijos, los vemos crecer, creemos que es una eternidad pero un día de tantos los vemos partir. A lo mejor pasaron 25 años pero para nosotros fueron unos instantes. Nuestros padres nos acompañan por el camino, 20 o 50 años, un día de tantos nos dejan. Nos parecía toda una vida pero en realidad tan solo los tuvimos unos momentos. Todo pasa con excesiva rapidez, el tiempo se esfuma en nuestras manos y la gente pasa a nuestro alrededor con una vertiginosa velocidad, como cometas. Los vemos por unos segundos y luego tan solo queda una estela en el firmamento. Brevísima pero hermosa, como la vida misma.

martes, 11 de agosto de 2015

Amigos de bares

Tienen la peor fama del mundo y a menudo son los malos de las películas, los causantes de cualquier divorcio o los culpables de que la gente ande por mal camino. Decir que has quedado con tus amigos de bar es muy mal visto, prueba inequívoca de que has tocado fondo: de ahí a dormir en banco en el parque abrazado a un tetrabrick de don Simón solo hay un paso. Queda mejor decir que vas a ver a tus colegas de oficina -aunque te aburras como una ostra- o  a tus compañeros yoga -aunque no tengas tema de conversación- tienen mejor fama y a juicio del público, son garantía absoluta que vas en la dirección correcta. Yo como soy bohemio por vocación y noctámbulo de toda la vida reivindico a mis amigos de bares, esos seres mitológicos que ves de vez en cuando, de los que desconoces casi todos los aspectos de su vida y con los que brindas en incontables ocasiones. A lo largo de mi vida he tenido grandes amigos de bares gente "banal y superficial" a la que les he tomado verdadero cariño y con los que he llegado a tener conversaciones que han cambiado mi existencia y a los que he extrañado horrores cuando han desaparecido de mi vida. Me han ayudado a descubrir mundos nuevos pero sobre todo a amar a las personas. Así que:  ¡Salud! Brindo por ustedes mis queridos amigos de bares!

jueves, 6 de agosto de 2015

Cartas de amor

Ahí las tengo en una caja metálica. A decir verdad algunas no son cartas precisamente sino facturas, post-it, pedazos de informes, de partes médicos o propaganda de bancos en las que alguien un día decidió dejarme algún breve mensaje que de cierta forma cambió mi vida. A simple vista son cotidianos, no contienen ninguna gran declaración pero reflejan la ternura de un tiempo lejano, el eco de vidas pasadas en el que cuesta reconocernos cuando por cosas de la vida nos hemos vuelto extranjeros de nosotros mismos. ¿Alguien sintió todo eso por nosotros? ¿Fuimos tan importantes en la vida de esas personas? ¿Alguien tuvo la paciencia de escribir al reverso de una lista de compras que ese día nos iba a cocinar nuestro plato preferido solo para vernos sonreír? He querido quemarlas, olvidarme de ellas por completo pero algo siempre me lo impide: pienso en cuan triste que habría sido mi vida sin ellas y que hay gente que deja este mundo si haber recibido nunca cartas de amor. Así que siguen ahí, acechándome en un rincón, recordándome quien fui y quizá como promesa de que el día menos pensado vuelvo a sentir cosquillas en el alma.

lunes, 3 de agosto de 2015

Hermann y Mario

Uno nunca sabe cuando la guerra se atraviesa por su camino. Mi abuelo Mario lo descubrió durante la II Guerra Mundial cuando le perdió la pista a su amigo del alma. Hermann era un emigrante alemán que había llegado a Costa Rica con su familia huyendo de la crisis económica que azotaba a Europa en los años 20. Desde el primer momento fueron inseparables, estudiaban juntos y pasaban largas horas charlando de lo que harían cuando fueran mayores.  Sin embargo un buen día los padres de Hermann decidieron regresar a Alemania por lo que los dos amigos se separaron con la promesa de ser amigos para siempre. Durante algunos años se escribieron regularmente hasta llegó Hitler al poder, a partir de ahí las cartas empezaron a ser menos frecuentes hasta que un día mi abuelo no volvió a saber nada de su amigo.

Durante toda la II Guerra mundial mi abuelo pasó a la espera de recibir noticias de su amigo, le escribía con frecuencia y nunca recibía respuesta. Cuando escuchaba las noticias de la BBC siempre sentía un nudo en la garganta, la guerra recrudecía y las víctimas aumentaban en ambos bandos. Mi abuelo solo pensaba en si Hermann estaría vivo o si había sucumbido al terror del nazismo. Se alegraba de los avances de los aliados pero cuando los británicos comenzaron el bombardeo de Hamburgo pasó sin dormir varias noches.

Tras finalizar la guerra mi abuelo en solitario decidió averiguar la suerte de su amigo así escribió a los embajadas de todos los países aliados y hasta contactó con algunos bases militares en Alemania sin tener ninguna noticia, había desaparecido de la faz de la tierra, la vida era irónica: un chico tan pacífico como su amigo, que odiaba la violencia había muerto en una guerra.

Todo cambió en septiembre de 1946 cuando mi abuelo recibió una carta de Alemania, el remitente: su amigo Hermann.  Mario lloró de alegría y siempre recordaría ese día como uno de los más felices de su vida. A partir de ahí nunca dejaron de escribirse. Cuarenta años después se volverían a encontrar en Alemania y aunque les costaba reconocerse entre tanta cana y arruga ambos se fundieron en un gran abrazo, habían cumplido su promesa: seguían siendo amigos.

Hace mucho que Hermann y Mario ya no están pero sus cartas siguen ahí, como testigo de la historia de dos países, de dos familias y sobre todo de dos grandes amigos a los que la guerra trató de separar pero que nunca lo logró.