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viernes, 7 de marzo de 2008

Los malos de la película

Si algo ha dejado claro esta campaña electoral es que el PP no está nada convencido de la llegada de tanto inmigrante a España y que desde sus filas se les asocia con la mayoría de los grandes problemas que desde su perspectiva azotan el país. Da igual si se habla de crisis de las hipotecas, del paro y el caos en la atención médica de la Seguridad Social, tarde o temprano siempre aparece esa “quinta columna”, esos inmigrantes que han llegado a España a colapsar a este país. La historia se repite: a falta de un enemigo frente al cual aglutinar fuerzas y conseguir apoyos nada más fácil que demonizar a un sector de la población, al más vulnerable…una lección de propaganda política que a Goebbel, el célebre ministro de la Alemania nazi, le dio grandes y magníficos resultados.

Pareciera que desde la visión precaria de la realidad que tanto le gusta a un sector de la sociedad española, los derechos humanos son como los recursos naturales no renovables: cuanto más se usan más se gastan, vienen contados por definición por lo que hay que racionarlos y no andar dando derechos a la gente así porque así, no vaya a ser que mañana nos enfrentemos a una escasez de derechos para los españoles. A juicio de estos señores por cada derecho que se le reconoce a, por ejemplo, un inmigrante, se le quita ese mismo derecho a un español de toda la vida. Lógica aplastante para ellos, una visión mezquina para muchos.

Vale que la inmigración irregular puede convertirse en un problema que requiere una pronta solución de todo el conjunto de la sociedad pero da la impresión que en esta campaña electoral el tema se ha tratado por algunos sectores de la clase política -esa que tiene la obligación de enseñarnos a vivir en democracia- en forma irresponsable, con la misma sutileza de un ataque cardiaco recurriendo a simplificaciones peligrosas claramente xenófobas que han ayudado a crisparnos a todos.

Yo por ejemplo le estoy cogiendo manía a todos los inmigrantes: no soporto a Nemet, el camarero moro del bar del barrio porque con su lentitud árabe ha hundido la fama de todo el sector de la restauración española, gracias a él “los camareros ya no son como los antes”. Tampoco soporto a Xin Lao, la dueña del ultramarinos de debajo de casa, con su ojos rasgados y su eterna sonrisa tengo la sensación que se está burlando de mí, lo mismo me pasa con Yajaira, la chica de la limpieza, esa tiene toda la pinta que pasa todo el día en el hospital haciéndose mamografías (está claro que a eso vienen las ecuatorianas a este país).

Lo peor de todo es que tampoco yo últimamente me caigo tan bien como antes, de hecho ya no me soporto…claro como también soy inmigrante tengo la terrible sospecha que por culpa mía el paro ha aumentado en los últimos meses, que por darme trabajo a mí cientos de españoles se han quedado sin empleo, sin vivienda digna y sin nada de nada.Para ser sincero no me puedo ni ver en el espejo y hasta he prometido no volver a dirigirme la palabra porque soy malo malísimo, una amenaza para stablishment de la nación española, el que tanto defienden los buenos de siempre.

martes, 4 de marzo de 2008

La niña de Rajoy ataca de nuevo


Según los teóricos de la Comunicación Política los debates poco o nada afectan los resultados electorales sobre todo porque casi siempre el forofo que es capaz de tragarse hora y media de promesas de políticos en su mayoría es un friki de los partidos políticos y está más que convencido de por quién tiene que votar. Es decir que los debates solo sirven para reforzar simpatías (o multiplicar antipatías) y para poner nerviosos a los políticos que saben mejor que nadie que la gente es muy cruel y que siempre acabará por fijarse en detalles insignificantes y aparentemente anecdóticos para magnificarlos y…reírse a costa de ellos.


Tal es el caso de la niña de Rajoy. Justo cuando nadie en España creía que el candidato del PP volvería a sacar la historia de la enigmática niña que nadie sabe si es Caperucita Roja, Ricitos de Oro, la niña del exorcista o Esperanza Aguirre (que a estas alturas viene a ser lo mismo) , volvió a la carga con ella para regocijo de los telespectadores y curiosidad de psicoanalistas, sociólogos y expertos en fenómenos paranormales que ahora tratan de descifrar que hay detrás de esa metáfora tan utilizada por el bueno de Mariano que ha demostrado, entre otras cosas, que tiene muchas agallas o sentido de humor.

Gracias a la inspiración rajoydiana ahora podemos disfrutar para la posteridad de algunas verdaderas joyas que la gente, que es muy mala y cruel, ha colgado en internet y reírnos un poco que ya está bien de tanta solemnidad en una campaña política si al fin de cuentas solo estamos cambiando de presidente de gobierno y no es para tanto.

martes, 26 de febrero de 2008

Pérdida de tiempo


De repente no sabía si llorar o reír de tan sorprendente declaración y menos de boca de un político que representa, como el mismo dice, “a media España”. En cuestión de segundos el candidato del PP, Mariano Rajoy, echó por tierra los reclamos de miles de ciudadanos familiares de víctimas del franquismo que desde hace décadas vienen reclamando que se les reconozca y compense de alguna forma por todo el dolor sufrido por esos padres, abuelos, tíos y amigos cuyas vidas fueron truncadas por un proyecto totalitario.

Según el Sr. Rajoy, el presidente de gobierno en lugar de preocuparse por las cosas que interesan a la “gente” – nótese que decir pueblo ha quedado demodé - se ha preocupado por cosas que no interesan a nadie “como la Alianza de Civilizaciones y…la Memoria histórica”. Para el candidato del PP esas cosas no deberían ni mencionarse a fin de cuentas lo pasado pasado y estamos en el siglo XXI, es decir que los esfuerzos que han realizado países como Chile y Argentina por determinar responsabilidades por los abusos cometidos por las dictaduras han sido una pérdida de tiempo, que el mismo error han cometido los gobiernos sudafricanos desde 1994 al insistir en la necesidad de recuperar la memoria del apartheid, los judíos con su necedad en hablar de la Shoah (del holocausto) y gobiernos alemanes como el de Ángela Merkel, con la que sí se “codea” Rajoy , por su obsesión en pedir perdón por los horrores cometidos por el nazismo en nombre de la nación alemana. Toda esa panda de ignorantes en lugar de perder tiempo deberían dedicarse a cosas más edificantes que sí le interesan a la “gente”.

Que esto lo diga cualquier parroquiano en un bar de pueblo sería cándida anécdota pero que lo diga alguien que aspira a dirigir los destinos de España, y que dice representar a la mitad de España, da vértigo, causa tristeza y deja mucho, mucho que pensar en esa clase de “gente”.

miércoles, 20 de febrero de 2008

Periodistas y políticos


Quizá no seamos parte del star system político, y salvo excepciones, nunca figuremos en las listas electorales de los partidos políticos, pero no cabe duda de que en una democracia los periodistas cumplimos una evidente función política, muchas veces discutida y casi siempre olvidada por nosotros mismos (pero no por los propietarios de los medios de comunicación que la tienen siempre muy presente).

Por falsa modestia, por temor o por la misma prisa, ama y señora de todas las salas de redacción, los periodistas pocas veces nos detenemos a pensar en el trabajo que realizamos y lo que significa para un sistema político tan vulnerable y atravesado por tantas contradicciones como la democracia.

Un cuarto poder o un contrapoder, la discusión es amplia, y tiene tantas y tan variadas vertientes que la mayoría de teóricos siguen sin ponerse de acuerdo al respecto. En lo único que todos concuerdan es que los periodistas desempeñan un papel político que más que un privilegio se constituye en una gran responsabilidad, que a menudo se nos escapa de las manos.

Según algunos estudios, en una democracia la mayoría de personas adquieren el conocimiento sobre el sistema político y sus instituciones valiéndose de la información que aparece en los medios de comunicación. Los textos constitucionales, códigos, leyes y los cientos de documentos oficiales son conocidos tan sólo por los expertos y una minoría de ciudadanos. Es decir que la información que elaboramos los periodistas se constituye en la única posibilidad que tiene la opinión pública de conocer el sistema político.


Si la información de los medios deja entrever, por ejemplo, que hay una crisis de legitimidad en el aparato del estado, la tendencia del ciudadano de a pie será volverse más desconfiado y apático hacia lo que representa un régimen en el que todos sus ciudadanos, al menos en teoría, pueden escoger a sus gobernantes.

De igual forma, los medios de comunicación suelen influir con bastante frecuencia en la escena política y sobre sus principales actores, llegando a determinar la agenda política. Es frecuente que denuncias en los medios acaben por convertirse en tema de discusión en las reuniones de los altos mandos ministeriales y en el Congreso de Diputados. Así, muchas informaciones realizadas sin más intención que la de informar estén en la génesis de grandes proyectos legislativos o de controvertidas destituciones.

El vértigo que puede producir el saberse depositario de tan inmensa responsabilidad, lejos de producirnos la típica arrogancia de quien sabe que puede influir en los poderosos, debería hacernos reflexionar sobre lo que significa nuestra profesión para la supervivencia de las democracias, sobre todo en una época en la que muchos parecen desencantados con el sistema y con sus líderes.

No hay nada peor para un sistema político tan vulnerable como la democracia, basado en el consenso y en la representatividad que la apatía de sus ciudadanos no sólo hacia los procesos electorales —que no lo son todo en esta forma de gobierno — sino ante el trabajo que realizan sus representantes en ayuntamientos, provincias y comunidades.

En una situación como esa el periodista debe transformarse no sólo en gendarme del sistema democrático, sino en un actor activo, con voz y voto —aunque parezca una herejía del viejo postulado de la neutralidad y objetividad profesionales, que en más de una ocasión ha servido para perpetuar las injusticias de los poderosos— capaz de reclamar a la clase política la profundización de la democracia y de apostar por la renovación de sus estructuras.

Los gobernantes, por su parte, y como complemento a esa función política del periodista, tienen una ineludible responsabilidad comunicacional. Gobernar en una democracia es comunicar con eficiencia y permitirle al ciudadano conocer la forma en la que los elegidos por el pueblo pretenden solucionar los grandes desafíos que imponen los tiempos presentes.

Y si la única forma —salvo en raras ocasiones— que tiene la administración de entrar en contacto con los ciudadanos es mediante los medios de comunicación, ningún gobierno democrático y ningún partido político, puede darse el lujo de cerrar sus puertas a la opinión pública y entorpecer la labor de la prensa. Hacerlo significaría negar la misma esencia de nuestro sistema de gobierno, el cual, para funcionar, necesita y exige el libre flujo de la información.

jueves, 14 de febrero de 2008

¡Mamá soy famoso!



Justo cuando estaba a punto de perder de todas las esperanzas y de apuntarme a un really show, justo cuando creía que para mi no había más esperanza que la Aguirre, es decir que estaba sumido en la desdicha más completa, justo cuando había deshechado mi sueño de ser famoso va la TVE y me saca en el telediario de la de la tarde. Durante 18 segundos –que los tengo cronometrados- miles de millones de españoles y de televidentes del canal internacional vieron mi careto.

Todo un triunfo que al final, como en las buenas pelis americanas , deja clara dos lecciones: que la tele ya no es lo que era y que en estos días cualquiera sale en la pequeña pantalla, y que necesito urgentemente una cirugía plástica (porque con las pintas que llevo…) Sea como sea logré mi sueño: salí en la TV y de paso le hice una compleja y sesuda pregunta a ZP..

viernes, 8 de febrero de 2008

Mala conducta


El PP no necesita enemigos. Él es su peor enemigo, al menos de un tiempo para acá, en que cada discurso de Mariano Rajoy y de su equipo pone los pelos de punta, al menos a un sector importante de la población. O sus líderes están muy mal aconsejados por sus asesores políticos, o poco a poco han ido haciendo un streaptease ideológico para enseñarnos sin ningún recato quiénes son en realidad y que de “moderados”, nada, que a fin de cuentas siguen siendo la derecha más rancia del mundo. Y por si alguien tenía alguna duda, la Conferencia Episcopal les echa una mano (al cuello) para sugerir, con la misma sutileza de una patada en el estómago, que es por los Superbuenos por quienes hay que votar.

El PP no necesita enemigos y de eso no cabe la menor duda después de oír hablar a Rajoy de un código de “buena conducta” para los inmigrantes, que los inmigrantes por definición somos muy díscolos, ignorantes, salvajes a los que hay que civilizar, y para eso vinimos a España. A lo mejor Rajoy tiene santas y buenas intenciones, a lo mejor no. Para aclararlo todo, Miguel Arias Cañete, el secretario de Economía y Empleo del PP, asegura apoyar esta iniciativa a la vez que lamenta que “ya no hay camareros como los de antes” (claro, todos son inmigrantes), y que los que venimos de fuera hemos colapsado el sistema sanitario: «Alguien que para hacerse una mamografía en Ecuador tiene que pagar el sueldo de nueve meses, viene aquí a urgencias y tarda un cuarto de hora… han descubierto que este es un país». Está claro que este señor considera, por un lado, que hacerse una mamografía es un deporte para todas las inmigrantes, que por puro placer hacen cola en Urgencias para someterse a este examen, y por otro, que Ecuador no merece la categoría institucional de país.
Barbaridades aparte, habrá que ver qué entienden estos señores por un “contrato de integración” o código de buena conducta, y si portarse bien es actuar como Esperanza Aguirre o como Gallardón, y también si incluyen en este contrato, por ejemplo, la obligación de cumplir con las fiestas de guardar, la de evitar que sus hijos asistan a las ignominiosas clases de Educación Ciudadana, la de manifestarse en contra de la paridad de géneros en las listas electorales, la de rechazar cualquier concepto de familia que no incluya un padre y una madre “como Dios manda” y la de oponerse rabiosamente a la idea de una España plural y diversa.

lunes, 4 de febrero de 2008

Por preguntar...


Después de imnumerables experimentos, de intensos debates y arduas investigaciones de campo, los políticos, y sus asesores –casi siempre luminarias siderales– han descubierto algo sin precedentes en la historia de las democracias: que los electores tienen un mogollón de preguntas que hacerles antes de votar.

Todo gracias a Internet y a las nuevas tecnologías que al menos teóricamente han obligado a los políticos a bajar del Olimpo y a mezclarse con el populacho en la red, al menos para responder a todas las preguntas que se les están planteando en foros, chats y en plataformas como Youtube. Y como por preguntar nada se pierde, como decía mi abuela, tras un sesudo análisis y un exhaustivo proceso de documentación, este centraca decidió hacer la pregunta del siglo.

miércoles, 30 de enero de 2008

La mala envidia


Envidia de la mala. Es lo que me dan los inmigrantes en EE UU, que por lo menos cada cuatro años se convierten en objeto de toda clase de mimos de los políticos en su carrera hacia la Casa Blanca. Afroamericanos, hispanos, asiáticos, extraterrestres…, ningún político en su sano juicio escatima esfuerzos en acercarse a estas comunidades a conocer sus problemas de primera mano –eso dicen los chavalines– y a tomarse la foto de rigor con ellos, que es lo que más me mola: me imagino al típico chinito, si es que hay un típico chinito, enviándole la foto a su abuelita en un pueblo allá en la provincia de Xinjiang, por ejemplo, y la pobre viejecita enseñando la foto de su nieto con Hillary, Obama o McCain (que con ese nombre tiene un gran porvenir en un burguer). Pues aquí el chinito ese y todos los inmigrantes lo tenemos claro: simplemente no existimos para la mayoría de los políticos. Ya se lo he explicado a mi madre, que se la pasa soñando que le envío una foto con Llamazares o Zapatero, que son los que más morbo le dan.

Será por falta de costumbre, por dejadez o por la idea de que la composición social española es la misma de los años ochenta, en la que los latinoamericanos se contaban con los dedos de una mano, pero el caso es que los inmigrantes –por más nacionalidad que tengamos- no existimos como clientela electoral, por lo menos durante la campaña. No es que el resto del tiempo los políticos y los medios nos ignoren, como salimos en las estadísticas cada cierto tiempo nos mencionan para hablar del aumento de la delincuencia, de la crisis de la Seguridad Social y esos temas que tanto gustan a los tremendistas, esa gente que se resiste a creer que en España el gris ya no se lleva y que el nuevo siglo nos trajo la España multicolor, esa en la que todos tenemos cabida.
Así es que le he dicho a mi madre que para que consiga esa foto va a pasar mucho tiempo, al menos hasta que los políticos se den cuenta que además de trabajar y pagar impuestos también votamos, y que en un futuro no muy lejano podríamos decidir elecciones y tener diputados de origen africano, sudamericano y asiático. Mientras llega ese día siempre nos quedará el Photoshop para “colarnos” en las fotos de los mítines y actos oficiales.