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martes, 21 de julio de 2015

El muertito

No se puede visitar la Estatua de la Libertad y estar pensando en lo que vas a hacer con un cadáver. Eso fue lo que me pasó en mi primera vez en Nueva York. Había llegado hasta la ciudad para recoger el cuerpo de un tío mío, fallecido varios días antes. Lo que iba a ser una operación relámpago de un par de días, entre visitas a Precintos Policiales para saber qué había pasado con él, morgues y funerarias (para pedir descuentos) se había transformado en un viaje iniciático de 10 días en que todo podía pasar como que el dueño de una funeraria para demostrarte lo práctico que era la cremación pida a su asistente que le traiga a don Luciano y que don Luciano resulte ser un paquetito de 2 kilos, de color rosa pálido, lo ponga sobre su escritorio, lo abra y por culpa de una ráfaga de viento salgas impregnado de don Luciano RIP hasta las cejas, "1.80mts, 190 libras caben en esta cajita, una maravilla".  O que la dueña de la casa en la que te estás alojando te diga que de ningún modo, ningún muerto va a dormir bajo su techo  y tengas que dejar las cenizas en una tienda de abarrotes, en medio del arroz, la harina y demás cereales aprovechando la buena voluntad del tendedero dominicano. O que uno de los azafatos del vuelo resulte ser un amigo tuyo muy fashion y que tú para no perder glamur le digas con una sonrisa de oreja a oreja que las pasado chachi piruli mientras acomodas el maletín en el que llevas a tu tío.  Mi padre siempre comenta que a pesar de la tristeza en el funeral le costó bastante trabajo mantenerse serio de solo recordar cómo había sido mi primera vez en Nueva York.

lunes, 6 de julio de 2015

Hasta siempre mi querida atea

Hala, vete tranquila mi querida amiga. Te cansaste del cáncer y de este mundo que no tiene solución. Te vas como viviste, sin perder nunca la dignidad y con la esperanza de que la gente algún día deje de hacer tonterías y vivan como hay que vivir. Te vas con el glamur de siempre, con esa coquetería que a tus años aún te hacían las más guapa de todas. Te vas tan militante como de costumbre, adorable impertinente, siempre con mil preguntas  y con pocas o ninguna respuesta que te dejaran tranquila, "¿Para ti la existencia o no existencia de Dios es problema?" me preguntabas a menudo, al tiempo que me repetías que no habían dos personas tan parecidas como un ateo y un religioso, y que todo era cuestión de hablarlo, como nosotros que de tanto hablar nos habíamos hecho amigos.  Siempre pensaste que a este mundo le hacía falta ser más radical, que había que indignarse más y conformarse menos, que no había que tragar cuentos chinos y que había que luchar contra viento y marea por lo que creías. Hasta siempre mi querida atea, este mundo sin remedio te va a echar de menos.

martes, 30 de abril de 2013

Panegírico

Yo lo tengo claro. Cuando muera no quiero flores en mi tumba, ni largos discursos intentando ensalzar lo que se pueda y quede de mi figura. Tampoco quiero que besen mi cadáver ni siquiera que lo lloren. No es que me vaya a poner exigente con este mundo justo cuando lo dejo pero la verdad es que preferiría que todos los piropos, flores, besos y abrazos me los dieran en esta vida, cuando los puedo sentir, disfrutar y agradecer, no en el ignoto más allá. Conforme se acumulan calendarios en el alma uno va teniendo la sensación que en este mundo las cosas importantes casi nunca se dicen. Los amigos vienen y van, los amores aparecen y desaparecen cuando menos te lo esperas, los que amas dejan esta vida y seguimos guardándonos las palabras, esperando el momento propicio para soltar un "te amo", "un perdóname " o para hacer ese gesto definitivo de agradecimiento y al final lo de siempre, ese instante no llega y nuestros muertos, y nosotros mismos, dejamos tristes esta vida con terrible la sensación de que nadie se percató que habíamos estado aquí. Así que más vale ahorrarse en panegíricos y flores sobre las tumbas y abrazarse en la clara certidumbre del aquí y el ahora.