jueves, 31 de diciembre de 2009

A propósito del Año Nuevo

La verdad es que no suelo hacerme propósitos al comienzo de año, sé que es una mala costumbre pero la culpa de todo la tiene la maestra de la escuela que cada cierto tiempo nos llamaba a la pizarra para escribir el propósito del día y como yo tenía muy mala letra, y la tengo, al final siempre decía: “Usted no, Méndez, que nadie entiende lo que escribe” y yo venga a sentarme y a resignarme.

Supongo que por eso soy incapaz de marcarme un propósito para el día, la semana, el mes o el año y menos para darle seguimiento. Sin embargo en 2010 he decidido hacer una excepción y señalarme un propósito: tener un propósito en la vida. Da igual lo que sea, coleccionar búhos de cerámica, ahorrar más, adelgazar, ser el más guapo del barrio…con la edad he comprendido que no se puede ir por la vida al tan tan, que hay que tener claro el rumbo, “saber dónde se va y lo que se quiere”, como dicen los slogans publicitarios, "ser un hombre del sigloXXI que no teme a las decisiones".

Y como de solo pensarlo ya me estoy agobiando, mejor pongo en práctica mi gran propósito mañana sin falta.

jueves, 24 de diciembre de 2009

Expendiente X

Como a estas alturas el comandante en jefe del universo debe estar ansioso y fijo debe llevar noches enteras sin dormir por conocer la opinión de este ser humano, paso a responder a la enigmática pregunta que me hicieron un día de estos sobre lo que pensaba del Creador.

¡No pienso nada!

Por épocas he sido bastante religioso, casi al extremo. De vez en cuando me sorprendo rezando, y he pasado media vida tratando de encontrar señales de su existencia, atando cabos que me permitan descifrar los enigmas de mi existencia, pero siempre pasa lo mismo: ‘Tatica’–como le dicen los campesinos en mi pueblo, que es un mote cariñoso para decir llamar al padre– sigue siendo ese gran desconocido.

Mi gran consuelo es lo que suelen decir algunos rabinos, que no es uno quien busca al Eterno, sino es Él quien lo busca a uno, lo cual explica bastante las cosas porque eso quiere decir que ninguna de las dos partes nos estamos quietas y que probablemente cuando ha tocado a la puerta de mi casa, yo andaba en otro sitio buscándolo y viceversa. A ver si un día de estos coincidimos y por fin nos encontramos.

De momento, como estoy mosqueado, prefiero no opinar nada de Él, no sea que se enfade y el día que nos encontremos no me quiera ni hablar.

martes, 15 de diciembre de 2009

Feliz y "demodé"

A la moda siempre llego tarde. La culpa de todo la tuvo una época de vacas flaquísimas que atravesó mi familia cuando yo estaba en plena adolescencia. Justo en la edad del pavo, cuando uno se vuelve loco por la moda, mi padre se quedó en paro, la economía familiar se resintió y yo más, porque a partir de esa fecha tuve que despedirme de las marcas. Me acostumbré a que cada vez que tocaba estrenar, es decir, por Navidades, en las tiendas pasábamos a toda velocidad por los mostradores de grandes firmas internacionales para llegar a la sección de ‘Rebajas y Marcas Nacionales’.

Ahí encontrábamos de todo a buen precio, pero un poco demodé. Así, el año en que se pusieron de moda las zapatillas blancas yo estrené unas de tela que habían triunfado tres años antes, y tuve una chupa de cuero cuando lo que se llevaba eran las vaqueras,o sea, que siempre anduve a la moda, pero a la de tres años atrás. Desde entonces, por más que lo intento no he logrado ponerme al día y, aunque ando impecablemente feliz con mi ropa de rebajas, sigo siendo una ‘fashion victim post mortem’.

lunes, 7 de diciembre de 2009

La entrevista

La cremallera del abrigo se atascó justo en la puerta de la revista. Una semana antes el director me había llamado para una entrevista de trabajo para un puesto de periodista. Estaba loco de contento, no podía creer mi suerte sobre todo después de meses de estar trabajando en los oficios más variopintos: camarero, repartidor de regalos, encuestador en el metro, digitalizador de datos en una constructora, figurante en películas y en cuanta cosa me pusiera hacer la empresa de Trabajo Temporal que no hacía otra cosa más que procurar que no me aburriera. ¡Y vaya si lo consiguió! Pasaba la mar de entretenido aunque ya me estaba hartando de tanto divertimento y cachondeo.

En esas circunstancias no extraña que la entrevista despertara todas las expectativas de este mundo y que durante días preparara todos los detalles: desde mi CV, para que no quedara la menor duda de desde mi más tierna infancia quería ser periodista, hasta la ropa que llevaría porque todo entra por la vista sobre todo cuando se trata de la revista más fashion y cool del planeta, por lo menos eso es lo que dice su cabecera. Así que resignado a que me iban a observar con lupa como a un vil microbio en un laboratorio me puse mis mejores galas y mi abrigo nuevo comprado en las rebajas de Zara a mitad de precio.

Acababa de tocar la puerta cuando me percaté que la cremallera de mi abrigo nuevo comprado en las rebajas de Zara a mitad de precio estaba atascada. Si quería hacer mi entrada triunfal y lucir palmito tenía que quitarme el abrigo pero no había forma, una y otra vez lo intenté pero nada de nada. Así que tuve que recurrir a la fuerza bruta y por fin lo logré. Fue una pena que me quedara con parte de la cremallera en la mano izquierda y que en la derecha me hiciera una pequeña herida que no paraba de sangrar, algo de lo que me dí cuenta hasta que le había dado la mano a todo el personal –hay que ver la cara de asco que tiene la gente que trabaja en el sector de la moda pensé –, entregué mi CV como es debido, con manchas de sangre – mejor saco copia y te dejo el original me dijo el jefe de Recursos Humanos – y manché de sangre la blanca mesa de la minimalista sala de juntas – no pasa nada cariño, es de Ikea compramos otra y asunto solucionado me dijo condescendiente la secretaria–. ¡Ya lo llamaremos! , me dijo fríamente el director al tiempo que se limpiaba la mano después de despedirnos.

Han pasado ocho años y sigo esperando la llamada.

domingo, 29 de noviembre de 2009

El peso de los años

Sucedió de repente: un día me levanté y tenía parte de la barba blanca, tan blanca como la de Papá Noel. “¡Qué horror! ¡Estoy acabado!” pensé mientras me afeitaba frenéticamente para hacer desaparecer cualquier rastro que evidenciara mis años. Lo hice una, dos, tres y hasta cuatro veces pero siempre volvían aparecer y cada vez en mayor cantidad. Tenía que asumir mi destino, el de ser un cuarentón y punto, es decir que resignado hice las paces con mis canas. Cabizbajo y deprimido, pasé días enteros como en alma en pena pensando en planes de pensiones, precios de residencias para ancianos y todas esas cosas importantes en las “hay que pensar cuando uno llega a cierta edad”, como dice mi madre, optimista por vocación, que desde que tengo treinta me está recomendando un exámen prostático.

Menos mal que junto con las canas empezaron a lloverme los piropos y eso me animó bastante. No hay día en el que alguien no me diga lo guapo que estoy, la buena planta que tengo, lo joven que parezco y un sin fin de piropos, algunos bastante subiditos de tono que me hacen pensar en lo mucho que ha cambiado el mundo porque en mis tiempos, a los viejos se les veneraba y no se les soltaba las cosas que me dicen por ahí, es decir que estoy más que encantado. Es una pena que tantos halagos vayan siempre acompañados de los temibles peses: “…pese a la edad que tienes”, “…pese a que naciste a mediados del siglo pasado”, “…pese a ser un viejo”, “…pese a que tienes una pila de años”, “…pese a que solo te quedan dos telediarios”. Es decir: he descubierto que la edad pesa y mucho.

sábado, 21 de noviembre de 2009

La foto de Kennedy

A los cinco años tenía la mente hecha un lío. Cada vez que abría el álbum de fotos familiar en la primera página aparecía ese señor, vestido de traje y corbata, y eternamente sonriente. A simple vista parecía que en la vida le iba bastante bien aunque mi madre un día me contó que llevaba casi diez años muerto y que lo había matado un señor “muy pero que muy malo”. Posiblemente por envidia, pensaba yo, porque además de bien parecido el señor ese tenía cara de ser el más bueno del mundo mundial.

La verdad que la presencia de aquel señor me intrigaba profundamente sobre todo porque no siendo familia se había ganado el honor de estar al lado de mis abuelos, padres y de toda la manada de parientes que teníamos en ese entonces y que por fortuna seguimos teniendo. La confusión aumentaba cuando me decían que ese señor había sido presidente de Estados Unidos y que se llamaba John F. Kennedy. ¿Qué hacía un muerto, de un país lejano, con un apellido tan raro en la primera página del álbum, justo la que se reserva al patriarca familiar? Ni la menor idea, era todo un misterio.

Como si aquello no fuera suficiente mi madre cada vez que veía la foto entrecerraba los ojos, suspiraba y decía con voz queda, para que mi padre no la escuchara, “¡Qué hombre!”, algo que solo hacía cuando Tom Jones aparecía en la tele…bueno en honor a la verdad tendría que decir que al cantante le soltaba algunos piropos de más sobre todo cuando se ponía a bailar en el escenario. Pero como Tom Jones no estaba en el álbum de fotos, al lado de mis abuelos, no me importaba tanto.

Así no extraña que creciera con la sensación de que ese señor era una especie de tío gringo y que cada vez que alguien hablara de los Kennedy me sintiera directamente aludido y que siempre estuviera dispuesto a defenderlos a capa y a espada. Sin embargo el amor por “mi” familia famosa se acabó el día en el que en la Escuela empezamos a usar unos libros de matemática “financiados, patrocinados y promovidos bajo la generosidad de la Alianza para el Progreso, una iniciativa de la Administración Kennedy para todas las democracias del mundo” como se leía en la contratapa de los libros. Aquello me disgustó profundamente. No podía ser que un señor que estaba en el álbum de fotos de casa, que se suponía buena gente hubiese ayudado a editar esos libros que tanto me martirizaban. Nunca se lo perdoné.

Desde ese día intenté por todos los medios de arrancar la foto de ese señor pero aquello resultaba demasiado arriesgado, mis hermanas mayores cumplían cabalmente su papel de mini CIA doméstica, siempre vigilaban todos mis movimientos y al menor intento irían a contarle a mis padres que estaba cometiendo un magnicidio fotográfico. Además, como mi madre le tenía tanto cariño a esa foto me daba un poco de pena…es decir que John Kennedy sigue reinando en el álbum de fotos familiar, al lado de mis difuntos abuelos.

domingo, 15 de noviembre de 2009

Ese nombre me suena

La sala de Urgencias estaba hasta arriba. Era domingo, y había llegado así para un tema tan urgente que dos años después no logro recordar si era que me dolía la tercera pestaña del ojo izquierdo o más bien el pelillo nº45 de mi fosa nasal derecha. Vamos, que había ido ahí por costumbre como suele pasar a partir de cierta edad en la que todo el mundo te repite hasta la saciedad que al menor síntoma de lo que sea, hay que salir corriendo a Urgencias. Aunque en ese entonces creo que se me fue un poco la mano y eso lo entendí ese día apenas crucé la puerta: el conserje me saludó en “plan amiguete”, la enfermera me preguntó como seguía de mis achaques y el médico de guardia me dijo algo como “¡Hombre, hace una semana que no nos veíamos! ¿Qué te ha pasado ahora?” y a continuación me mandó a esperar un par de horas mientras atendía, “urgencias realmente urgentes”.

Estaba en ese estado de somnolencia tan solo interrumpido por la llegada de un nuevo paciente a la sala de Urgencias, que aunque efímero suele ser todo un acontecimiento porque en la monotonía hospitalaria el nuevo siempre despierta curiosidad. Todas las miradas se posan sobre él tratando de adivinar que lo habrá traído hasta ahí, si tiene pinta de estar realmente enfermo - o si es un farsante como la mayoría de los que estábamos ahí - y en caso de que parezca estar mal, si habría que aconsejarle a los familiares tomarle una fotografía para tener un recuerdo del futuro difunto. “¡La gente es cruel!” pensaba mientras mi mirada se cruzaba con la Maruja de enfrente, que no solo seguía con detalle lo que pasaba en la sala sino que además lo comentaba en vivo y en directo.

Fue gracias a la “comentarista” espontánea que me di cuenta que a mi lado había un anciano de unos 90 años - aunque después descubriría que entonces tenía 101 años - menudo y sin más compañia que la de su bastón. La Maruja no paraba de decir que aquello era una barbaridad, que a esas edades no se podía andar solo por el mundo y qué clase de hijos tendría para estar en urgencias completamente solo. De pronto una de las enfermeras lo llamó “¡Francisco Ayala!”, lentamente él se levantó y recorrió los diez metros de la sala para recoger su informe médico. Tras eso el personal sanitario le preguntó si quería que le llamara un taxi o si necesitaba que lo acompañaran a casa, con amabilidad declinó el ofrecimiento con un “Ya me las apaño solo” mientras se despedía. “¡Francisco Ayala! Ese nombre me suena” dijo con aire reflexivo mi Maruja, y por supuesto que le sonaba pero no solo a ella sino a toda España...

sábado, 7 de noviembre de 2009

Mi padre y las corbatas

A estas alturas de la vida creo que nunca cumpliré el sueño de mi padre, de volverme un señor muy formal “y con corbata” como suele aclarar cada vez que habla de gente importante. Lo dice enfatizando las palabras, recalcando cada una de ellas y, por supuesto, lanzando una indirecta muy directa a un hijo que le tiene absoluta manía a la corbata. Da igual que uno le diga que es una prenda “demodé”, que nadie la usa ya, que se puede ir bien vestido sin llevarla, para él no existe profesional digno si no lleva corbata. Si por ejemplo va al médico, lo atiende de maravilla pero tiene la “desfachatez” de no llevar corbata llega casa quejándose de lo mal que está la medicina en el país, “que ni los médicos usan corbata”.

Si lo llamo para contarle que conseguí un buen trabajo, que me tratan de maravilla, que me pagan bien tarde o temprano sé que me va preguntar si voy bien vestido y “si llevo corbata”. Claro, el pobre está traumatizado desde la vez en que conseguí mi primer trabajo como periodista y me vio salir en vaqueros y camiseta, “¡tanta universidad para eso!” aquello fue el acabóse y…continua siéndolo a menos que un día me decida a contarle la teoría, de un exjefe que, muy freudiano él, entre cubata y cubata me definió lo que era una corbata: “una flecha enorme que apunta a tus genitales y que encima te asfixia". ¡No quiero ni imaginar la cara que pondría!

sábado, 31 de octubre de 2009

Bye, Bye terrazas

Uno de los problemas básicos de vivir en una zona güay, glamurosa y fashion -y cuanto adjetivo inn quieran los cool hunters - es que tarde o temprano los vecinos terminan hasta las narices de las mareas de curiosos nacionales, y del resto del mundo, que se acercan para “impregnarse” del ambiente “bohemio y urbano”, que es como catalogan todas las guías turísticas al barrio donde vivo y respiro diariamente ese tufillo de postmodernidad: la Latina.

Yo por ejemplo, acabé hasta el moño de las terrazas de la acera de mi casa, que durante cuatro años martirizaron a todos los vecinos. No es que uno sea un amargado, pero es que eso de tener que abrirse paso entre turistas, borrachos, camareros y espontáneos para entrar a tu casa era un suplicio, sobre todo cuando uno tenía alguna urgencia muy concreta, tan concreta como la de ir al baño. Uno venga a aguantar, a ponerse rojo mientras el gentío avanzaba lentamente por la acera, ellos pensando en lo bonito que es vivir en el centro, y uno solo pensando en la hora de llegar a casa.

Lo mismo me pasaba al tirar la basura. Salía de casa con lo primero que tenía puesto, despeinado y sudoroso y me podía encontrar en la calle con todo tipo de gente, desde el típico macarra hasta un grupo de modelos sentadas cómodamente en las terrazas que con mojito en mano te miraban y exclamaban pijamente : “¡Pero es que vive gente en estos edificios tan antiguooooos!”. A veces tenía "suerte" y podía encontrarme con algún famoso de los de verdad. Aún recuerdo el día en que abrí la puerta y lo primero que ví fue a todo el elenco de “Hablé con ella”. Ahí estaban todos sentaditos, frescos como lechugas y yo al pie de las escaleras en chanclas, bermudas, sin ducharme, con cara de pocos amigos y con una enorme bolsa de basura. ¡El momento perfecto para saltar a la fama pero desperdiciado por mis pintas! Desde entonces se la tenía jurada a las terrazas y todos los días me pasaban por la cabeza mil ideas siniestras para acabar con el problema.

Menos mal que la policía municipal vino a mi rescate…o más bien al de todos los clientes de la terrazas.

viernes, 23 de octubre de 2009

Mechas y Fútbol

¿Cuál es el sitio del mundo con más mechas por metro cuadrado? Los vestuarios en los partidos de los archiconocidos equipos de fútbol. Desde la llegada del metrosexual hace varios años, no hay cabellera de jugador que se precie que no haya conocido un poco de peróxido, de tratamiento para alisar el pelo y de cuanto producto haya para mantenerlo siempre brillante, sedoso “y libre de caspa”.

Expediente X: durante casi dos horas juegan bajo las aclamaciones o abucheos de un fervoroso público que contiene la respiración en cada moviendo suyo, viven el estrés más absoluto y al final del partido aparecen divinos de la muerte, repeinados con sus mechas deslumbrantes y con las manchas de sudor a juego con el logo de su equipo. Siempre perfectos y dispuestos al flash. Uno en cambio se pasa el día frente al ordenador, sin moverse de su mesa y al final de la jornada luce como la Niña del Exorcista en sus peores momentos. No hay derecho.

Una amiga muy fashion me comentó el otro día que su mundo cambió por completo desde el día en que le pidió a su estilista las mechas de Fernando Torres y un corte similar al de Guti. Había pasado noches enteras buscando ese cambio de look, “femenino y atrevido” en revistas de moda y lo encontró en un Semanario Deportivo, dice que al paso que va cambiará la suscripción de Vogue por la de “Fútbol y pelotas” para estar al día de lo más “cool” del momento.

¿Quién iba a decir que el fútbol, ese deporte para machos de pelo en pecho y ensalzado por nuestra ancestral cultura patriarcal se iba a convertir en una pasarela de divos? Aunque algunos esos cambios les tiene el pelo de punta por aquello de “lo mal que va la sociedad” a otros nos hace reír y mucho.

domingo, 18 de octubre de 2009

Las cuñadísimas

Notición del año: las Infantas no soportan a Letizia. El País nos despertaba este 19 de octubre con esa “jugosa” información, algo que pasa en todas las familias del mundo y especialmente en las más reales donde las cuñadas son cuñadísimas, señoras y princesas de su hogar.

La historia tiene mucho de trivial y cotidiana y mucho de culebrón latinoamericano: chica de clase obrera, nieta de taxista y periodista –peor imposible- conoce al príncipe –nunca mejor de dicho- de sus sueños, se casa y viven felices para siempre para disgusto de las cuñadas que ven con recelo como la recién llegada poco a poco las va desplazando hasta convertirlas en una anécdota de la prensa del corazón. Y ser desplazado a nadie le gusta, duele y mucho, sobre todo porque ya se sabe que al final reina solo habrá una, le pese a quien le pese.

Yo en lugar de las Infantas en lugar de marginarme discretamente, me abriría paso a codazo y a la menor ocasión trataría de arreglar las cosas como se deben arreglar todas las intrigas en las familias de verdad, al estilo Krystle y Alexis Carrington, es decir a gritos y a golpes en la Zarzuela. Menos mal que ellas son la mar de diplomáticas, la posibilidad de que el vulgo observe alguna escenita o al menos un pisotón “involuntario” de una de las infantas a la princesa en acto público, está descartado…de momento porque por la foto pareciera que doña Elena no solo lo está pensando seriamente sino que además está tratando de convencer a su hermana en plan "¿Has visto la cara que tiene? ¡Venga solo un empujoncito!".

sábado, 3 de octubre de 2009

Nada amarga más que el buen humor

Nada amarga más que el buen humor. Y eso lo comprobé empíricamente, como debe hacerse con todas las cosas de la vida para hablar con la autoridad que solo confiere la experiencia. Y dicho esto paso a confesar mi “traumática” experiencia: durante dos años trabajé en un programa de humor y eso no es ningún chiste. Se trataba de una fórmula en lo que lo básico era transmitir al público ese “buen rollito” tan necesario para enfrentar los baches de la vida, como reza la publicidad de los libros de autoayuda, esos que también dicen que hay que “pensar positivamente y sonreír con amabilidad” aunque estén a punto de fusilarnos.

“¡Divertidísimo! ¡Hilarante! ¡Disparatado!” No, no se referían a una comedia de Mel Brooks, eran algunas de las cosas que la gente me soltaba cuando contaba a lo que me dedicaba, sin lugar a dudas tenía el trabajo más feliz de España y el resto del mundo pero no me sentía ni lejanamente feliz. Tanto buen humor, tanta felicidad, tanto buen rollito tanto de tanto que al final yo, optimista contumaz y hombre de risa fácil terminé con el alma en pena, totalmente deprimido como chico de pompas fúnebres. Ahí descubrí que el buen humor no solo amarga sino que enferma porque al poco tiempo acabé en el hospital. Los médicos me sometieron a mil pruebas y ninguno pudo diagnosticar nunca el origen de mis males pero yo sí…exceso de felicidad.

viernes, 25 de septiembre de 2009

Mi primera vez

Las primeras veces siempre son inolvidables. Yo por ejemplo a menudo recuerdo mi debut. Fue al final de la tarde un viernes de 1993, al cierre de edición de un periódico en el que trabajaba, estaba tratando de terminar un reportaje sobre Clinton cuando una maquetadora se acercó y con gran sigilo me dijo “creo te puedo dar lo que necesitas”. De inmediato me levanté y corrí hasta el departamento de diseño. Ahí con el más absoluto misterio advirtió “si los jefes nos pillan estamos despedidos”, mientras me contaba que era su primera vez y que se trataba tan solo de una excepción, “hasta el momento solo lo ha probado el director”.

Dicho esto y en medio del mayor misterio nos sentamos frente al ordenador, digitó una clave y el primitivo módem comenzó a emitir unos extraños ruidos. “Nos estamos conectando” y se puso a explicarme lo que estábamos haciendo: “Vía teléfono vamos a acceder a los archivos de la biblioteca del Congreso de Estados Unidos para buscar la imagen que necesitamos”. Aquello me dejó atónito y empecé a preocuparme que estuviéramos haciendo algo ilegal, me parecía cosa de espías andar cotilleando por los archivos de instituciones sin ninguna autorización. Por fin, cuando yo ya empezaba a sudar a chorros del agobio que tenía apareció en pantalla un magnífico infográfico de la trayectoria política de Bill Clinton, justo lo que necesitaba. “Lo dejo descargando, mañana lo tendremos”, me dijo con aire triunfal al despedirse.

Llegué a casa perplejo. Con incredulidad mis padres escucharon mi historia con todo lujo de detalles y de cómo en cuestión de minutos habíamos “entrado” al Congreso de EE.UU. “Eso suena a delito, ¡mucho cuidado!” sentenció mi hermana la juez mientras cenábamos y me hacía prometerle que no volvería hacerlo nunca más.

Así fue mi primera experiencia con Internet.

sábado, 19 de septiembre de 2009

La vida a dos manos

Cuando uno es adolescente los padres nos parecen lejanos y nos avergonzamos un poco de ellos. Cuando uno es viejo los padres nos parecen parte de nosotros mismos y nos enternecen hasta la médula. Cada vez que voy a mi pueblo, una vez al año, me encanta observar esa complicidad que en cincuenta años de relación han ido tejiendo, pueden pasar horas sin dirigirse la palabra pero uno intuye que en cada gesto, que en cada mirada algo se están comunicando…vaya a saber que estarán “pensándose” pero en tema de enamorados es mejor no inmiscuirse y es que después de jubilados mi padre reconoció que “habían vuelto a ser novios”.

Su historia de amor es simple: ella, dependienta de farmacia que todos los días pasa a toda prisa por el Cuerpo de Bomberos. Él, joven bombero que la mira embelesado y piensa que es la chica más guapa del mundo y que hay que invitarla a salir. Ella que se resiste durante meses y huye por la puerta trasera cada vez llega el “gordo” con flores a esperarla a la salida del trabajo. “Es que era un pesado, insistía demasiado”, dice mi madre con una sonrisa de coqueta adolescente. “Y menos mal que lo hice”, le responde mi padre con aire triunfador. Ella se da por vencida, acepta esa primera cita y así inician esa vida a dos manos, como decía el maestro Benedetti, que los ha llevado por encuentros y desencuentros, por enfermedades, abundancia (casi nunca), problemas económicos (casi siempre), triunfos y fracasos.

¿Quién iba a decir que iban a llegar tan lejos? Pienso cada vez que los veo caminar de la mano cada vez más lentamente. Me gusta caminar detrás de ellos, saber que soy parte de su historia…

domingo, 6 de septiembre de 2009

Cualquier tiempo pasado no fue mejor

Mi abuela adoraba la vida moderna. Eso lo recordé hace unos días cuando la lavadora de casa de buenas a primeras decidió "jubilarse" y pasé una hora lavando ropa a mano y pensando en las comodidades de la vida moderna y en cómo mi abuela era capaz de pillarse un cabreo si alguien se atrevía a decir que "cualquier tiempo pasado fue mejor". "¿Cómo la gente se atreve a decir esas cosas" Solía preguntarse y a continuación hacía un repaso por su larga vida de privaciones y de trabajo arduo para crear ocho hijos en medio en medio de crisis económicas, guerras y de enfermedades. "¿Cómo va a ser mejor levantarse a las cinco de la mañana para preparar el almuerzo del marido y de los hijos mayores que ya trabajaban? ¿Cómo va a ser mejor tener que cargar a tu niño en brazos hasta el hospital porque se muere de asma, los caminos son de tierra y el hospital más cercano está a cuatro kilómetros?¿Cómo va ser mejor cargar la ropa hasta un río, lavar durante horas de horas y repetir el mismo ritual día tras día?" comentaba con vehemencia y así echaba abajo cualquier añoranza del pasado. Para ella la vida moderna era una maravilla y aprovechaba la mínima ocasión para elogiar los electrodomésticos, los coches, los aviones y cuanto invento hiciera mejor la vida de la gente. "Ahora se vive mejor y punto"solía decir como conclusión para que nadie se atreviera a contradecirla.

Y la verdad abuela que en eso tambien tenías razón.

martes, 18 de agosto de 2009

Mi balón y yo

Yo también tuve un balón (y de baloncesto). Para muchos no es ninguna hazaña, ni siquiera digno de mención porque a lo largo de su vida tienen bolas a montones de todos los colores y tamaños pero yo solo tuve uno (y de baloncesto). Nada raro para alguien que como yo de niño tenía fama de “intelectual” me regalaban libros, coches, aviones, legos, libros, patines pero a nunca nada relacionado con deportes y menos un balón (y de baloncesto). Llegó a mi vida de la forma más singular del mundo, gracias a un concurso escolar de trajes regionales que como primer premio daban el susodicho balón.

Yo para ser sincero le llevaba más ganas al premio de consolación, una caja de galletas de chocolate, pero quiso la vida que a los once años me ganara el juguete más exótico que he tenido para disgusto de Perera, eternamente gilipollas, cuya madre se había currado el traje en forma impecable con la esperanza de que su retoño como de costumbre se luciera. Menos mal que la “seño” decidió echarlo a suertes y el agraciado resultó ser este servidor que la víspera, el solito, se las había apañado para improvisar un traje.

Fue mi primera y única victoria frente a Perera pero me bastó con ver su cara y sus lágrimas de cocodrilo cuando me dieron el balón para sentirme el chaval más feliz de la tierra aunque no tuviera la mínima idea de cómo usar un balón y menos de jugar baloncesto. Aquel balón estuvo en mi vida durante más de cinco años, la mayoría en el armario porque, todo hay que decirlo, nunca supe qué hacer con él. Para mi la única utilidad que tenía era recordarme mi triunfo frente al “pesao” de la clase fuera de eso no lo encontraba ninguna utilidad a un balón (y de baloncesto).

miércoles, 29 de julio de 2009

Química y Física

Juanita. Así se llamaba y estoy seguro que todos los que estuvimos en el instituto nos acordamos de ella. Era la profesora de Química y el mito erótico en el alumnado: treinta y pocos, rubia platinada, cuerpo de escándalo, divorciada y una habilidad única para hablar de sexo en clase. Ella se las ingeniaba para, a propósito de la tabla periódica, hablar de la inexplicable atracción dos cuerpos, del intercambios de flujos y de lo importante era que “hacerlo bien, con ganas y responsablemente”. Cuando hablaba del tema los chicos nos poníamos rojos como un tomate, las chicas intercambian miradas reprobatorias y ella tan campante seguía con la clase: “Alguien puede decirme ¿cuál es el número atómico del Samario?” Silencio absoluto en clase, todo el mundo en otro planeta pero a ella no le importaba. Así era Juanita.

Como la vida es cruel después de Juanita tocaba la clase de Física con la profesora Lidiette que no era, para decirlo elegantemente, tan agraciada como su antecesora y el que sus clases se programaran después de las de química siempre nos pareció una broma macabra del director. Treinta y muchos aparentando cincuenta, morena, cabello cortísimo, delgada tirando a escuálida, hortera, eternamente amargada y fama de que en su curso nadie aprobaba. En su clase solo se hablaba de vectores, de las leyes de Newton, de la relatividad pero nunca de sexo. Las dos horas transcurrían entre el tedio, la monotonía y los suspiros de resignación de todos los que pensábamos que el mundo sería distinto poblado de Juanitas.

viernes, 24 de julio de 2009

Conducción temeraria

Que lo pasó en Honduras fue un golpe de Estado no cabe la menor duda tan evidente es que es una de esas extrañas ocasiones en las que reina la unamidad en la comunidad internacional, todos condenan al sector que derrocó a Zelaya y algunos, han aplicado sanciones diplomáticas.

Sin embargo asusta un poco y causa consternación la temeridad del depuesto presidente, que contra golpe y marea, y en vista del fracaso de las negociaciones de San José, ha dispuesto por segunda vez, hacer su entrada triunfal en Honduras, sin tomar en cuenta que con los ánimos tan caldeados puede esperarse todo menos una "jornada pacífica" como se ha dedicado a pregonar. Como de costumbre, los muertos son lo de menos tanto para él como para los golpistas.

Uno pregunta si con tanto consenso internacional no habría sido mejor para "Mel" esperar un poco, seguir recabando apoyos y dar otra oportunidad a la comunidad internacional. Al parecer ha decidido arreglar las cosas el solito, "a lo macho", para desgracia de los hondureños.

martes, 21 de abril de 2009

Una santa para madrid...nos la merecemos

Lo confienso: no suelo leer las cadenas de correo que me envían y menos las que prometen 1000 años desgracias para quien no las reenvíe a sus 80 mejores amigos, pero en este caso no solo la he enviado sino que gustamente la publico en este blog para que alguien se haga eco, es por una buena causa.

Como es bien sabido de todos, en el proceso de beatificación y de canonización es necesario pasar por la Petición Pública de Milagros, siendo requeridos dos milagros para cada uno de los
pasos salvo en el caso de martirio (se da en este caso, pero no aplicable a la beata). Es necesario dirigirse al Excmo. y Rvdmo. Sr. D. Antonio María Rouco Varela, para que reúna pruebas y tome
acta notarial de los testimonios y, si los datos lo justifican, enviar dichos materiales a Roma. Así pues, se necesitan personas que hayan sido testigos de:

* Milagro nº 1: Tener una larga carrera en la política. Si milagroso fue su inicio como Concejal del Ayuntamiento de Madrid y Ministra de Educación, no lo fue menos su desempeño como
Presidenta del Senado.

* Milagro nº 2: Cuando tras perder las elecciones autonómicas nadie daba un duro por su futuro político, una milagrosa intervención la lleva a la Presidencia de la Comunidad de Madrid.

* Milagro nº 3: En la plaza de toros de Móstoles convertida en improvisado helipuerto salió menos dañada que su compañero de partido, Rajoy (algunos hablan sólo de medio milagro).

* Milagro nº 4: En Bombay salió milagrosamente "ilesa de un atentado" como recoge alguna prensa (ADN) y que TeleMadrid (Ad Maiorem Espe Gloriam) ha analizado de forma reiterada, extensa y minuciosa. (y de la que ella dio fe en gloriosa conferencia de prensa en tacones y calcetines. Ver foto)

* Milagro nº 5: No menos milagroso es el hecho de haber cegado a buena parte de la población madrileña, algo que desde fuera de la Comunidad de Madrid y de España escapa a la comprensión humana.

* Milagro nº 6: Por último, y ya es increble, está consiguiendo que los miembros del partido popular se espíen y se maten los unos a los otros, sin intervención directa de D. Federico Jimenez
Losantos.

Otros milagros aún no confirmados:

- Hay ya testimonios de que se han detectado señales de intervención milagrosa en Cajamadrid, que está produciendo efectos extraordinarios. No se descarta la destrucción de la cuarta
entidad financiera de España por intercesión de nuestra beata. Ello la revelaría como una auténtica lideresa anticapitalista, siempre al lado de los pobres y los oprimidos.
Ni la Madre Teresa aspiró a tanto...

- No dejes de colaborar! Si has sido testigo directo de estos hechos milagrosos, remite tu testimonio a: Excmo. y Rvdmo. Sr. D. Antonio María Rouco Varela. San Justo, 2. 28005 Madrid
diciendo: ¡SI; YO SOY TESTIGO!

sábado, 18 de abril de 2009

La cima del mundo

Sabiamente cantaba Rubén Blades que “la vida te da sorpresas” y con el paso del tiempo uno va descubriendo que efectivamente, la vida es todo menos monótona y a veces comparable a una montaña rusa, que va y viene y en la que uno lo que tiene que hacer es tratar de despeinarse lo menos posible. Hoy somos dueños del mundo y mañana mendigos.

Aunque lo negativo es lo que más se recuerda mi teoría es que las buenas y malas sorpresas están repartidas en un cincuenta por ciento más o menos, porque así como abundan las historias de quienes lo han perdido todo de golpe, hay también quienes lo han ganado todo de golpe, gente a la que de la noche a la mañana la vida les ha dado una agradable sorpresa.

Y como las probabilidades de que te pueda suceder algo malo son iguales a que te pueda ocurrir algo bueno yo prefiero aferrarme a esa idea, sobre todo en estos tiempos en los que todo el mundo habla de crisis y en aire se respira un tufo a pesimismo. Pienso que la cosas están mal pero recuerdo la infinidad de veces que he me he sentido derrotado y como al poco tiempo, estaba en la cima del mundo preguntándome mil veces en como lo había logrado. ¿Cómo lo logré? Ni repajolera idea pero estaba ahí, en lo más alto, viendo mi sueño realizado...

jueves, 12 de marzo de 2009

Cría fama...

La vez que le dije a mi abuela que había venido al mundo para sufrir pasó riéndose por lo menos hora y mientras las lágrimas se le saltaban me decía “¿Cómo que usted sufre? ¡Que ocurrencias!”. ¡Cachondeo absoluto frente a la confesión del nieto!, algo normal en mi familia donde todos están convencidos de que tengo vocación de bufón y entre tíos, primos segundos, terceros y cuartos existe la leyenda negra de que me paso la vida en una pura carcajada.

La culpa de todo la tiene el niño que fui, que desde que aprendió a caminar se acostumbró a hacer el payaso por divertir a los adultos y que a los cuatro años era una máquina imparable de contar chistes. Lo hacía con un desparpajo y una naturalidad que, según dicen, asombraba a todo el mundo sobre todo porque en mi amplio repertorio tenía desde los típicos inocentes chistes de crío hasta algunos bastantes subidos de tono que había escuchado en la calle. Estoy convencido de que durante mucho tiempo mis padres estaban horrorizados pensando en que me convertiría en el típico “showman” cutre que se gana la vida contando anécdotas en las fiestas de pueblo.

Y aunque queda poco de ese gracioso niño regordete, está visto que no he podido librarme de esa fama. Todo este viene a cuento porque como en estos días estoy un poco amargado, he llegado a la conclusión que uno, independiente de la fama de payaso que pueda tener, debería tener el derecho a no morir vulgarmente sino a ascender al cielo, como los profetas de antaño, entre vítores y aplausos, los olés de todo el mundo y alguna que otra carcajada, que uno se merece un final bíblico y estruendoso.



lunes, 2 de marzo de 2009

Facebookseando

Desde que descubrí Facebook estoy que me salgo. Por fin, por fin puedo cotillear en la vida de mis amigos sin tener que hacer preguntas indiscretas y ningún esfuerzo más que un simple clik. En un pis pas tengo acceso a la vida y milagros de mis amigos, y de mis no-amigos, puedo saber si se han cansado, si son felices si tienen una vida tan prometedora como la que decían, si tienen problemas conyugales...todo de todo. Vamos la maravilla de las maravillas.

Como si fuera poco puedo ver sus amistades porque eso de "dime con quien andas y te iré quien eres" es una verdad como la catedral de Burgos y así puedo deducir algunas cosas de su personalidad que no me han querido decir pero yo, que soy listo como el que más, he descubierto. En fin que es el invento que soñaron todas las marujas y marujos del mundo, sería perfecto sino fuera porque tambien mis amigos y no amigos se están enterando de todo lo que hago y deshago. Y eso la verdad mola menos.

sábado, 21 de febrero de 2009

Luz de luna

Aunque no hay nada que me guste más que un día de sol debo confesar que la noche me encanta aunque en un tiempo y galaxia muy lejana le tenía bastante fobia. A mis cinco años me horrorizaba que llegara la noche porque eso significaba que no podía jugar y que pronto tendría que irme a dormir a mi habitación “íngrimo y solo” algo terrible porque como todo niño sabía que los marcianos, esos seres verdes y cabezones de la tele, siempre llegaban de noche. Mi pesadilla recurrente siempre era que a mitad de la madrugada un platillo volador se plantaba en mitad del patio de mi casa y aparecían esos temibles alienígenas.

A los veinte años, mandé a freír churros a los marcianos de mis pesadillas y empecé a cogerle gustillo a la noche sobre todo porque descubrí que la oscuridad nos desinhibe a todos un poquito, transforma la ciudad y como esos extraterrestres, nos volvemos más gamberros y hacemos locuras que en el día nunca se nos ocurriría. A mis cuarenta y tantos de vida he llegado a la conclusión de que si no fuera por la noche, por la luz de luna, viviríamos en un mundo muy pero que muy aburrido.

domingo, 15 de febrero de 2009

Viajes soñados

Existen dos tipos de viajes soñados. Los que una vez hicimos y dejaron su huella en nuestra mente y otros, los que aspiramos hacer algún día y por los que también sentimos nostalgia, que como decía el poeta también se puede sentir por los lugares que nunca hemos visitado. Del primero me viene a la memoria un viaje de trabajo que hice al Sahara hace un par de años, como el desierto es inimaginable para alguien que como yo viene de la exhuberancia del trópico literalmente me quedé sin palabras cuando vi kilómetros y kilómetros de dunas al amanecer.

Sencillamente no podía hablar frente a la imponencia del panorama y ante la cantidad de gente que de la nada salía a recibir a la comitiva. Niños, viejos y jóvenes emergían de la arena para recibirnos con una mezcla de curiosidad y alegría. El otro viaje soñado es que espero realizar algún día por esa África subsahariana tan grande como olvidada, quienes han estado por ahí coinciden en que ningún lugar del mundo deja una huella tan profunda en el alma. ¡Desde ya siento nostalgia por los lugares que conoceré!

sábado, 7 de febrero de 2009

¡Que "viva" el invierno !

Frente a la banalidad del verano y la nostalgia del otoño, me encanta la sobriedad del frío invierno, que invita a la introspección y a pasar las tardes del sábado con una mantita viendo la tele y planeando lo bien que vamos a pasar el verano que viene, que como ya se habrá ido la crisis fijo que podremos irnos de vacaciones y volver a disfrutar de la vida.

Y es que el invierno en época de crisis viene fenomenal al bolsillo, el frío es la excusa perfecta para no gastar, para posponer todos esos compromisos sociales que nos dan tanta grima y a los que si hiciera buen tiempo nos veríamos obligados a asistir pero “como hace frío” podemos evadir tranquilamente.

No salir en verano es considerado un sacrilegio pero en invierno está bien visto. Como si fuera poco el frío favorece la monogamia y la castidad que con estas temperaturas, y lo cara que sale la calefacción, no es plan ponerse sensual con lo cual la concupiscencia queda relegada a la tiempos más cálidos. Sobra decir que a estas alturas ya estoy deseando que llegue la primavera.

domingo, 1 de febrero de 2009

¿Jefa o jefe?

Francamente me da igual. Si algo he tenido en la vida son jefes de todos los sexos, tamaños colores y nacionalidades por lo que puedo decir con la autoridad que me confiere mi larga experiencia empírica, conseguida gracias a decenas y decenas de contratos de temporales, que en este tema el sexo es lo de menos y que lo que me importa es que me traten con digna pero sobre todo que me caiga bien, en mi caso algo fundamental, porque tener que trabajar y encima que el jefe te caiga mal es el colmo de la mala suerte.

Esto me ha pasado en algunas ocasiones, he tenido jefes y jefas horribles, que espero estén leyendo esta columna, que con sus chillidos me hacían recordar a la niña del Exorcista o a Chucky el muñeco diabólico y que me hicieron pasar los peores días de mi vida. Sin embargo también he tenido la mejor suerte del mundo y he trabajado para jefas y jefes maravillosos de esos que dejan una huella profunda y por los que he estado apunto de solicitar el proceso de canonización exprés porque, todo hay que decirlo, aguantarme a mí como subalterno también tiene su mérito.

Columna publicada en Sí se puede,Madrid