lunes, 31 de diciembre de 2007

“Terrorista” de belenes


“Un hombre adulto, con una edad comprendida entre los 45 y 50 años, se casa con una quinceañera embarazada. Junto huyen al pueblo de él…” la historia causaría sensación en la prensa sensacionalista y en los programas del corazón -y probablemente desataría las iras de los organismos defensores de los derechos de los niños y de la mujer- pero es lo que nos viene contando la tradición cristiana desde hace dos mil años y que se representa cándidamente en los belenes sin que nadie diga ni tus ni mús: el drama de un hombre mayor (anciano en algunos casos), casado con una hermosa jovencita y padre de un lozano niño.

Yo que desde mi más tierna infancia me di cuenta de las implicaciones de semejante escándalo -y para que nadie piense mal de nadie- hace que años emprendí una encrucijada personal para sustituir en todos belenes que están al alcance de mi mano al viejo de José por el buen mozo de Baltazar, el rey mago negro. Al menor descuido del anfitrión de la casa en la que esté -con la agilidad de Tom Cruise en Misión Imposible- hago un ligero e imperceptible cambio estratégico en las figuritas del Belén: José pasa a engrosar la cola de los venerables ancianos que visitan al niño y coloco al marginado de “Balta” al lado de la virgen.

No solo es el más gusta a los peques sino el que mejor pinta tiene en todos los belenes del mundo mundial: con su insolente juventud (no tiene más de 30 años en la mayoría de las representaciones), su porte atlético, su color ébano resplandeciente y su traje de marca es el candidato ideal para desposar a una humilde y bella joven. Es la solución políticamente más correcta y más moderna para un engorro como el que se celebra desde hace siglos: viene de África, es más guapo, más joven…seamos sinceros: si usted fuera una inteligente y hermosa jovencita de 15 años en plena flor de la vida ¿a quien escogería como novio? Como la respuesta es obvia, no puedo aguantar la tentación de hacer un pequeño cambio simbólico...

martes, 4 de diciembre de 2007

Grietas


España se resquebraja y yo por si las moscas he puesto testigos en todas las paredes de la casa para verificar “in situ” si vamos por ese camino. Como vivo en el centro de Madrid, al lado del kilómetro cero, mi lógica me dice que de pasar esa catástrofe mil veces predecida por Rajoydamus S.A el salón de mi casa sería el primero de toda España en partirse en dos (ó en tres o en cuatro partes o en miles de pedacitos, que para gustos los pesimismos). Aunque sería un incordio porque no tendría sitio donde colocar el sofá para apoltronarme y ver Telemadrid, reconozco que me daría cierto morbo: con un poco de suerte a lo mejor me entrevistan para dar fe de cómo mi humilde piso de cuarenta metros se transformó en el epicentro de un cataclismo anunciado.

Vivo sin vivir en mi, pendiente de las grietas de casa y de los profetas del desastre que una y otra vez repiten que España se hunde y que no hay otra salida más que la que ellos proponen (¡y que sea lo que Dios quiera!). Yo con el alma hecho un puño y los buenos de siempre venga a advertirme que en circunstancias así el optimismo es un lujo que no podemos permitirnos. Haberlo dicho antes y nos ahorramos un disgusto y una hipoteca millonaria que ser propietario en un terreno tan volátil da muy mal rollo.

Desconsiderados. Que es malo eso de meterle miedo a la gente, de decirle que esto es el acabóse, que no hay luz al final del túnel. Es peligroso contar cuentos de terror que al final tiene uno pesadillas y después pasa lo que pasa que se crispa la gente y en lugar de fisuras en el piso aparecen grietas en el alma.