viernes, 28 de marzo de 2008

Sky Wonder


El famoso barco se ha convertido en el terror de miles de cientos de turistas que en menos de dos semanas han visto como sus vacaciones se convertían en una pesadilla por culpa de clima, negligencia del capitán, mala gestión de la compañía o simplemente por razones “desconocidas” que a estas alturas es de suponer poco importan a pasajeros que con ilusión habían invertido sus ahorros en el crucero de sus sueños. El final será previsible: la compañía hará el “mea culpa” achacando el problema a fuerzas ajenas —que es como decir que todo fue por voluntad de Dios— y se comprometerá a compensar a los viajeros en un futuro y galaxia muy lejana. Gana la casa, pierde el viajero.

La historia se repite, con más frecuencia de la que pensamos, y cada vez que ocurre me trae a la memoria otra maravilla de los cielos: Air Madrid, famosa en todo el mundo por haber dejado en tierra a más de 60 mil viajeros, incluido este servidor, sin que a la fecha haya devuelto un solo duro a los pasajeros. Mi cuenta de ahorros sigue echando de menos esos mil eurillos que pagó por un billete a Costa Rica pero los propietarios nos piden paciencia y tiempo para reunir tanta güita, mucho más del que necesitaron obreros ecuatorianos, domésticas peruanas, camareros colombianos y cientos de pasajeros para ahorrar y ver a sus familias aunque nunca lo lograron. Gana la casa, pierde el viajero.

Cierto que la filosofía del low cost ha revolucionado al turismo, abaratado precios y permitido el disfrute a más sectores de la sociedad pero da la impresión que para muchas empresas más bien ha significado una capitulación del consumidor que a cambio de pagar menos por los servicios ha renunciado a todos sus derechos y se ha convertido en solo una mercancía sujeta a los caprichos del mercado y el mercado, ya se sabe, siempre tiene la razón.

jueves, 13 de marzo de 2008

"Corasón"

Es inútil. Llevo años en España y no he podido perder mi acento de centraca. Mucha gente sin ninguna mala intención me lo ha recomendado una y mil veces como la única forma de integrarme completamente a la sociedad española, incluso han llegado a sugerirme que contrate los servicios de un foniatra para que en cuestión de días borre de un plumazo este acento que arrastro desde que nací en Costa Rica, cuando no se me pasaba por la cabeza emigrar y no tenía idea de que en mi pueblo se hablara distinto al resto del mundo.

Por cabezonería, mal oído o nostalgia nunca he podido expresarme como “español de toda la vida” aunque eso no significa que por épocas no haya tratado de diferenciar la “c” de la “z” o de la “s” pero al final siempre desisto porque hay palabras que dichas a la española me suenan raro y hasta me parece que pierden todo su significado. Por ejemplo: no es lo mismo decir “corasón” que “corazón”, el primero me suena a bolero romántico de esos que llegan al alma y el segundo, a enciclopedia médica…definitivamente no hay color y sigo resignado a no decir correctamente “Zaragoza” para alegría de mis colegas que siempre que lo intento se mueren de risa.

También hay que decir que en mi plena incorporación al habla española poco o nada han ayudado mis viajes a las Canarias donde me siento en cualquier parte menos en España y los que se ven en dificultades para entender a los parroquianos son los peninsulares. Al final de estas experiencias “extramadrileñas” siempre concluyo que en este país, muy a pesar de algunos, es diverso hasta en los acentos por lo que eso de hablar “como español” debería motivo de debate académico y alguien debería tener la cortesía de indicar al inmigrante cual es el acento que debe ser considerado oficial si el madrileño, el vallisoletano, el andaluz, el canario, el gallego y un largo etcétera.

Sin embargo debo reconocer que no son más que pretextos y que en el fondo lo que me aterra es padecer lo que llamo el “Síndrome de Rocío Conejo”, le he puesto ese nombre en honor a la mujer de un jugador de fútbol costarricense, Luis Gabelo Conejo que jugó con el Albacete en los noventa. Resulta que la señora se vino a vivir aquí una larga temporada de tres meses y cuando regresó al país llegó con un perfecto acento “español”-parecía sacada de una película de Berlanga- que dejó a toda la prensa nacional boquiabierta. Desde entonces a todos los ticos –como se nos dice los costarricenses- cada vez que viajamos a España tarde o temprano siempre hay alguien que con vehemencia nos advierte como si de una plaga se tratara: “Tenga cuidado, que no le pase lo de Rocío…”

viernes, 7 de marzo de 2008

Los malos de la película

Si algo ha dejado claro esta campaña electoral es que el PP no está nada convencido de la llegada de tanto inmigrante a España y que desde sus filas se les asocia con la mayoría de los grandes problemas que desde su perspectiva azotan el país. Da igual si se habla de crisis de las hipotecas, del paro y el caos en la atención médica de la Seguridad Social, tarde o temprano siempre aparece esa “quinta columna”, esos inmigrantes que han llegado a España a colapsar a este país. La historia se repite: a falta de un enemigo frente al cual aglutinar fuerzas y conseguir apoyos nada más fácil que demonizar a un sector de la población, al más vulnerable…una lección de propaganda política que a Goebbel, el célebre ministro de la Alemania nazi, le dio grandes y magníficos resultados.

Pareciera que desde la visión precaria de la realidad que tanto le gusta a un sector de la sociedad española, los derechos humanos son como los recursos naturales no renovables: cuanto más se usan más se gastan, vienen contados por definición por lo que hay que racionarlos y no andar dando derechos a la gente así porque así, no vaya a ser que mañana nos enfrentemos a una escasez de derechos para los españoles. A juicio de estos señores por cada derecho que se le reconoce a, por ejemplo, un inmigrante, se le quita ese mismo derecho a un español de toda la vida. Lógica aplastante para ellos, una visión mezquina para muchos.

Vale que la inmigración irregular puede convertirse en un problema que requiere una pronta solución de todo el conjunto de la sociedad pero da la impresión que en esta campaña electoral el tema se ha tratado por algunos sectores de la clase política -esa que tiene la obligación de enseñarnos a vivir en democracia- en forma irresponsable, con la misma sutileza de un ataque cardiaco recurriendo a simplificaciones peligrosas claramente xenófobas que han ayudado a crisparnos a todos.

Yo por ejemplo le estoy cogiendo manía a todos los inmigrantes: no soporto a Nemet, el camarero moro del bar del barrio porque con su lentitud árabe ha hundido la fama de todo el sector de la restauración española, gracias a él “los camareros ya no son como los antes”. Tampoco soporto a Xin Lao, la dueña del ultramarinos de debajo de casa, con su ojos rasgados y su eterna sonrisa tengo la sensación que se está burlando de mí, lo mismo me pasa con Yajaira, la chica de la limpieza, esa tiene toda la pinta que pasa todo el día en el hospital haciéndose mamografías (está claro que a eso vienen las ecuatorianas a este país).

Lo peor de todo es que tampoco yo últimamente me caigo tan bien como antes, de hecho ya no me soporto…claro como también soy inmigrante tengo la terrible sospecha que por culpa mía el paro ha aumentado en los últimos meses, que por darme trabajo a mí cientos de españoles se han quedado sin empleo, sin vivienda digna y sin nada de nada.Para ser sincero no me puedo ni ver en el espejo y hasta he prometido no volver a dirigirme la palabra porque soy malo malísimo, una amenaza para stablishment de la nación española, el que tanto defienden los buenos de siempre.

martes, 4 de marzo de 2008

La niña de Rajoy ataca de nuevo


Según los teóricos de la Comunicación Política los debates poco o nada afectan los resultados electorales sobre todo porque casi siempre el forofo que es capaz de tragarse hora y media de promesas de políticos en su mayoría es un friki de los partidos políticos y está más que convencido de por quién tiene que votar. Es decir que los debates solo sirven para reforzar simpatías (o multiplicar antipatías) y para poner nerviosos a los políticos que saben mejor que nadie que la gente es muy cruel y que siempre acabará por fijarse en detalles insignificantes y aparentemente anecdóticos para magnificarlos y…reírse a costa de ellos.


Tal es el caso de la niña de Rajoy. Justo cuando nadie en España creía que el candidato del PP volvería a sacar la historia de la enigmática niña que nadie sabe si es Caperucita Roja, Ricitos de Oro, la niña del exorcista o Esperanza Aguirre (que a estas alturas viene a ser lo mismo) , volvió a la carga con ella para regocijo de los telespectadores y curiosidad de psicoanalistas, sociólogos y expertos en fenómenos paranormales que ahora tratan de descifrar que hay detrás de esa metáfora tan utilizada por el bueno de Mariano que ha demostrado, entre otras cosas, que tiene muchas agallas o sentido de humor.

Gracias a la inspiración rajoydiana ahora podemos disfrutar para la posteridad de algunas verdaderas joyas que la gente, que es muy mala y cruel, ha colgado en internet y reírnos un poco que ya está bien de tanta solemnidad en una campaña política si al fin de cuentas solo estamos cambiando de presidente de gobierno y no es para tanto.