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lunes, 29 de abril de 2013

Políticos en las redes sociales

Si usted se dedica o piensa dedicarse a la política y no está ninguna red social es mejor que vaya pensando en retirarse porque todo, o casi todo, está pasando en esas plataformas que se han convertido en el eje de la vida cotidiana de su público meta, sus electores, y como en política siempre hay que estar donde está la gente, no hay excusa que valga: las redes sociales lo están esperando. Son innumerables los beneficios que puede traer una mayor presencia en las redes sociales, desde una mayor visibilidad hasta el privilegio de poder "oír" de primera mano que realmente preocupa al elector y qué piensa de usted y todo gratuitamente, sin tener que hacer onerosas encuestas o grandes inversiones en publicidad. He aquí algunos consejos prácticos, tomados de aquí y de allá, para todos los políticos - o aspirantes a- interesados en incursionar en el mundo de las redes sociales.

  • Piénselo bien. Hay que estar en las redes sociales pero no de cualquier manera, como en todas las circunstancias de la vida se trata de saber estar. Antes de apuntarse a una plataforma vale la pena reflexionar detenidamente (a solas o con su equipo) sobre lo que pretende conseguir, el público al cuál quiere dirigirse y qué tipo de post quiere publicar. En resumen hacer un plan de comunicación pero específico para los social media, un error común es tratar de simplemente adaptar el plan de comunicación tradicional - en caso de que lo tenga- a los nuevos medios. Recuerde que los social media por su filosofía son radicalmente distintos a los medios tradicionales, tienen un lenguaje y un estilo propio. Piénselo bien, piense en social media.

Escoja las plataformas adecuadas. No todas valen para las mismo, ni es necesario tener perfiles en todas las redes sociales. Aunque Facebook es la que tiene más usuarios en Occidente (cerca de 700 millones en el 2011) hay otras redes sociales que a lo mejor podrían resultar más beneficiosas para su carrera política sea porque en su país tienen mayor cantidad de usuarios (hay bastantes plataformas locales con mucho éxito) o por la edad de sus usuarios, por ejemplo en España y en otros países, Tuenti (14 millones de usuarios) es muy usada entre jóvenes veintiañeros. Así que conviene que su equipo haga un repaso de las redes sociales que más se usan en su país.

¿Quien debe actualizarlas? Es la pregunta del millón, en un mundo perfecto sería el propio político quien se encargara de gestionar su propio perfil pero ya sabemos que la vida on line - bien llevada- necesita tiempo por lo que en caso de no poder hacerlo el propio interesado la responsabilidad la debería tener un colaborador muy cercano, que conozca a fondo al político, su agenda y su filosofía. Los expertos recomiendan siempre dejar claro, de cara al usuario, que los perfiles normalmente son actualizados por el equipo del político. La Casa Blanca, por ejemplo, para evitar cualquier confusión al respecto tiene como norma de firmar los post que haya escrito el propio presidente para así diferenciarlos de las actualizaciones que realiza su equipo.

 • Enseñe su corazoncito. Decidir que publicar puede resultar difícil sobre todo porque pensamos que el público espera grandes discursos o frases llenas de sabiduría. Sin embargo se sorprenderá al descubrir que al usuario de las redes sociales más que en posturas políticas está interesado en conocer el lado humano de los famosos así que no tema demostrar al público que usted es de carne y hueso, olvídese de las formalidades de una plaza pública y mantenga una conversación directa con los ciudadanos.

• Escuche atentamente. Una de las grandes ventajas de redes sociales es la posibilidad de saber que piensa de usted el público y de sus actividades sin necesidad de pagar onerosos estudios de opinión, sin embargo no sea tan solo un actor pasivo, interactúe y responda los comentarios cuando lo considere oportuno pero evite caer en innecesarias polémicas.

Actualícelas con frecuencia. En el mundo de las redes sociales las cosas pasan durante 24 horas al día y a una velocidad vertiginosa. Publicar una actualización a la semana quizá no sea una buena idea de estar presente en el mundo cibernético y de tener impacto en el mundo político. Sin embargo, no cometa el error de hacer muchas actualizaciones durante el día porque correrá el riesgo de saturar a sus seguidores, una o dos veces al día serán más que suficientes.

Una imagen vale más que mil palabras. Eso es más cierto que nunca en la redes sociales. No hay nada que guste más -y que se comparta con más rapidez- que una fotografía. Intente postear a menudo alguna fotografía de las actividades en las que usted participa pero desde un ángulo no oficial, la gente está más que cansada de las típicas acartonadas fotografías de gente encorbatada. Piense de nuevo en mostrar su corazoncito compartiendo imágenes curiosas o que de cierta forma apoyen su discurso político.

Planifique sus actualizaciones. Uno de los errores frecuentes de los famosos que incursionan en las redes sociales es la falta de planificación. Sabemos que la actualidad es impredecible y nunca se sabe que puede pasar a lo largo del día pero si que podemos establecer algunos lineamientos generales sobre lo que se quiere publicar en los perfiles. Por ejemplo para ocasiones en las que la gente oficialmente espera alguna opinión del político, como fechas nacionales, elecciones, cumbres, aniversarios, cumpleaños, celebraciones como Navidad o Año Nuevo.

lunes, 28 de abril de 2008

Avestruces

Tras dos derrotas electorales consecutivas lo normal es que se cuestione la autoridad del líder, que las bases, a menos que sean masoquistas, empiecen a estar un poco mosqueadas de ir de derrota en derrota — en política la resignación cristiana pasó de moda— y que otros jefazos “desinteresadamente” pidan la jubilación anticipada del perdedor. Es lo más natural del mundo, es el juego de la democracia y los partidos políticos son organizaciones vivas, formadas por personas que al menos en teoría, tienen el legítimo derecho de cuestionar a sus líderes.

Por eso llama la atención que la existencia de divisiones internas en el PP se haya convertido en el “notición del siglo” -como si las discrepancias dentro de un partido político no fueran tan cotidianas como la vida misma- y que sus dirigentes sigan empeñados en presentar a su organización como un bloque monolítico orgánico aglutinado en torno a un único caudillo como si estuviéramos en una época y galaxia muy lejana.

Uno no entiende, por ejemplo, que habría de malo que Esperanza Aguirre reconociera de una vez por todas sus roces con el Alcalde de Madrid y que está francamente interesada en ser el relevo de Rajoy, que otros sectores admitieran sentirse marginados por las últimas decisiones del candidato y que todos juntos (como hermanos) entonaran el “mea culpa” sin ningún complejo y sin temor a parecer demasiado débiles, demasiado democráticos. Es lo menos que pueden hacer por esos 10 millones de electores que los votaron.