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lunes, 21 de marzo de 2011

Día nudista

Total, que a nadie se le queda bien. Y a las pruebas me remito: el año pasado, durante el verano, la piscina de la Complutense celebró el “Día del uso optativo del bañador”. La noticia causó estupor en muchos, porque hasta donde se sabía nadie obligaba a nadie a usar bañador, hasta entonces se creía que era un tema de libre elección y que lo que pasaba era que a nadie se le había ocurrido no llevarlo. Por eso media comunidad universitaria se quedó perpleja, preguntándose: “Ah, ¿pero es que era obligatorio?”. Al hilo de este día festivo y bajo el lema “El desnudo y la libertad de cátedra” se organizaron foros y debates.

La otra mitad del mundo académico consideró que el hecho de que la piscina de un centro universitario decretara un día en pelotas era el acabose, la guinda que coronaba la degradación moral de la Universidad. Desde Adán y Eva se sabía que la desnudez no aportaba nada bueno al género humano, de hecho por culpa de ella nos echaron del paraíso. Así que previendo lo peor y bajo el amparo de Telemadrid, siempre dispuesta a reivindicar causas que fortalezcan la familia y la unidad de España, se organizaron vigilias y actos de desagravio a la tan mancillada salud moral. El fin de los tiempos se aproximaba.

Por su parte, la Federación Española de Naturismo (FEN), que en Europa hay asociaciones para todo, no salía del asombro por la polémica que había despertado una iniciativa que las universidades nórdicas, alemanas y austriacas llevan siglos realizando y nunca nadie había dicho ni mu, por lo que para ese día era de vital importancia que todo el mundo optara por andar como vino al mundo, sin complejos de ninguna especie pero al parecer casi nadie les hizo caso.

Para la gran mayoría del público, a la expectativa original que despertó el anuncio, y que generó un lleno absoluto en la piscina, siguió la desilusión total porque aparte de un pequeño grupo de profesores, “de esos abueletes de la generación del 68”, como bien apuntó una entrevistada en un programa del corazón, que estaban tomando el sol en un rincón con sus partes nobles al aire libre, nadie se habría percatado de que era el día del bañador optativo. Así que la indignación fue total, la gente había pagado por ver y nada de nada, encima nadie se explicaba por qué ningún buenorro o buenorra se había apuntado a causa tan noble. “¡Insensibles! ¡Que nos devuelvan la entrada!”, fue el clamor general.

Sin embargo, la más indignada de todos era la administradora del servicio de restaurante, que estaba de los nervios de solo pensar que el día del bañador optativo afeara su impecable servicio de bufé, así que de plano decidió declararse insumisa y colgar en la entrada un rótulo de enormes proporciones con la leyenda “Bajo ninguna excepción: no se atenderá a nadie que venga desnudo”. Así que para no correr el riesgo de morir de inanición, medio mundo subió al comedor con bermuda, camiseta y cuanta prenda hubiese llevado encima para dejar bien claro que venía vestido.

Total, que a nadie se le queda bien.