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jueves, 6 de agosto de 2015

Cartas de amor

Ahí las tengo en una caja metálica. A decir verdad algunas no son cartas precisamente sino facturas, post-it, pedazos de informes, de partes médicos o propaganda de bancos en las que alguien un día decidió dejarme algún breve mensaje que de cierta forma cambió mi vida. A simple vista son cotidianos, no contienen ninguna gran declaración pero reflejan la ternura de un tiempo lejano, el eco de vidas pasadas en el que cuesta reconocernos cuando por cosas de la vida nos hemos vuelto extranjeros de nosotros mismos. ¿Alguien sintió todo eso por nosotros? ¿Fuimos tan importantes en la vida de esas personas? ¿Alguien tuvo la paciencia de escribir al reverso de una lista de compras que ese día nos iba a cocinar nuestro plato preferido solo para vernos sonreír? He querido quemarlas, olvidarme de ellas por completo pero algo siempre me lo impide: pienso en cuan triste que habría sido mi vida sin ellas y que hay gente que deja este mundo si haber recibido nunca cartas de amor. Así que siguen ahí, acechándome en un rincón, recordándome quien fui y quizá como promesa de que el día menos pensado vuelvo a sentir cosquillas en el alma.

martes, 14 de julio de 2015

Ni contigo ni sin ti

Hace unos años, con cubata en Jaime me confesaba que el amor de su vida era Mónica. Se habían conocido en sus años de estudiantes universitarios y el flechazo fue instantáneo, se amaban con locura y si de algo estaban seguros es que estaban predestinados el uno para el otro. Al poco tiempo se casaron y lejos del clásico "vivieron felices para siempre" fue el inicio de un doloroso aprendizaje y de descubrir que eran absolutamente incompatibles, que daba igual lo que hicieran siempre acababan discutiendo, no se aguantaban. Así Mónica y Jaime iniciaron una historia de idas y venidas: él en Santiago, ella en Valparaíso,  ella en Chile, él en Londres, ella en Londres, él en Madrid, él con otra, ella con otro y luego la reconciliación, el no poder estar separados, el saber que nadie podría ocupar el puesto del otro, el necesitarse mutuamente  y amarse con locura. Cuando estaban juntos la gente los miraba con envidia y admiración, era evidente que había mucha química, que eran de las parejas capaces de comunicárselo todo con la mirada. "Sí...pero no podemos estar juntos porque siempre acabamos mal", me repetía mi amigo con una mezcla de tristeza e ironía. Aunque Jaime murió trágicamente hace muchos años yo sigo pensando en su historia de amor, en si terminaron juntos y en cómo habrá sobrevivido Mónica sin su amor imposible.

lunes, 13 de julio de 2015

El amor después del amor

Aunque los boleros digan lo contrario no se ama solo una vez en la vida. Se ama muchas aunque de distintas maneras, claro está si uno lo permite y no se blinda para volver a recorrer el camino. Cuando perdemos a alguien creemos que con ella se va lo mejor de nosotros mismos y que nunca más la vida volverá a sonreírnos, miramos con envidia a esas parejas que parecen amarse con locura y nos sentimos marginados del banquete de la vida, pensamos una y otra vez en nuestro triste sino y que moriremos tristes y solitarios, que alguien encontrará nuestro cadáver a los seis meses, cuando alguien por fin note nuestra ausencia. Sin embargo, cuando uno va acumulando años se va dando cuenta que se puede enamorar y amar con "locura" muchas veces, tantas como uno se lo permita porque la vida fluye, se abre camino aún en las circunstancias más difíciles y el amor es parte de esas energías vitales que mueven el mundo. Eso si, no hay que esperar a vivir el amor después del amor con la misma intensidad y de la misma forma, somos más viejos, nuestra sensibilidad cambia y cosas que hace 10 años nos parecían maravillosas hoy por hoy nos parecen absurdas pero el amor está al acecho no importa la edad que se tenga.

miércoles, 4 de febrero de 2015

La era de los muebles

La verdad que con la moda de estas apps para ligar se está volviendo más difícil que nunca tener pareja. Esto de tener el "catálogo" a mano las 24 horas del día nos está volviendo demasiado dispersos y un poco neuróticos porque como el menú es tan variado y gratis -aunque no hay nada en esta vida es regalado- nadie quiere tomar una decisión final, comprometerse hasta no haber probado toda la gama de platillos, estamos padeciendo el mal de nuestro tiempo, lo que los sociólogos llaman el síndrome del FOMO (Fear of Missing Out) el pánico de querer abarcarlo todo con tal de no perderse las últimas novedades sean deportivas, culinarias, cinematográficas o sexuales y que nos impide disfrutar del momento.

De eso he estado hablando mucho con Elena, que descubrió que su prometido "solo por diversión" se pasaba horas chateando con otras chicas. Tras la incredulidad inicial de ver a su chico en esos sitios y en una postura sexy -"que encima le quedaba francamente fatal"- decidió cortar por lo sano y romper con él. No es que sea beata pero dice que le resultaría indigno estar con alguien que mientras está con ella pasa mirando y anhelando todo lo que se está perdiendo, "me sentiría como cuando quieres cambiar de sofá, empiezas a ver todos los catálogos de IKEA esperando a que aparezca la pieza perfecta. Un buen día aparece el de tus sueños, lo comparas con el que tienes y simplemente te deshaces del viejo que nunca te gusto demasiado. Pues eso mismo, no soy un mueble". Cuanta razón...

viernes, 25 de abril de 2014

Nunca sabrá

Él nunca sabrá que ella estuvo a su lado día y noche, que le besaba tiernamente la frente y le susurraba al oído palabras de amor. Nunca sabrá que lo miraba con dulzura mientras estaba sumido en un profundo coma, que hacía bromas sobre su buen aspecto con otros pacientes,  que siempre llegaba maquillada, perfumada y con su mejor vestido como si se tratase de la primera cita, que lo miraba con coquetería y que de vez en cuando lloraba en silencio mientras sostenía su mano.  Nunca sabrá que pasaba noches enteras sin dormir, que vigilaba a médicos y enfermeras  con «no me lo maltrate mucho», que corría desesperada por los pasillos del hospital para conseguir morfina, que contra viento y marea siempre esperó que despertara, que lloró a mares el día que murió. Nunca sabrá que lo amó más que nada en el mundo.

Juan murió de cirrosis una día antes de que yo abandonara el hospital. Mientras estuvo hospitalizado su esposa nunca se separó de su lado.

lunes, 24 de marzo de 2014

Flirtear en tiempos Apps

Total que tanta app para ligar ha dado al traste con el viejo arte de cortejar. Antes, en el siglo pasado , parte del encanto de salir una noche era la lejana o cercana posibilidad de encontrar  su media naranja. Chicos y chicas se ponían sus mejores galas, acudían a bares y discotecas para ver, dejarse ver y flirtear un poco. Todos de una u otra forma sabíamos hasta el cansancio las mil y una estrategia para ligar y cómo iniciar maniobra de acercamiento con excusas tan ridículas como pedir la hora -con un reloj gigantesco en la pared- o decir un piropo chapucero -me encantan rellenitas como tú.  En ese entonces uno sudaba, se quebraba la cabeza pensando en qué decir pero disfrutaba del panorama, del intercambio de miradas y sonrisas. Entonces la noche era un campo de juego lleno de mil promesas pero llegaron las apps y acabaron de sopetón con todo ese mundo de seducción. Flirtear pasó de moda. Nadie mira a nadie tan solo a su smartphone de ultimísima generación, se pasan las horas muertas chateando con gente que posiblemente nunca lleguen a conocer mientras tu miras nostálgico la botella de cerveza pensando en lo viejo y aburrido que se ha vuelto el mundo.

martes, 11 de marzo de 2014

Lenguas muertas

El otro día me comentaba una amiga,  divorciada hace unos meses, que lo que más echaba de menos de su tiempo de casada eran los gestos y las palabras de un lenguaje "secreto" fruto de años de convivencia y que probablemente nunca se volverán a usar. Ponía como ejemplo los motes -o apodos- cariñosos con los que solían llamarse y que como todo en el mundo de parejas, tenía una historia oculta que irradiaba ternura y complicidad. Confesaba que tenía más que superado el final de la historia, la ausencia del ex  y la soledad inicial pero lo que le costaba trabajo no pensar con nostalgia en las palabras "raras" que usaban para denominar comidas, sitios, personas y estados de ánimo, "he intentado usarlas con otra gente pero me siento ridícula". Decía ella que era como cuando una civilización entera colapsaba y no quedaba nadie en la tierra que recordara que hubo un tiempo no muy lejano en el que las personas soñaron y amaron en un idioma inédito y del que hoy no queda rastro. "¿Te imaginas la cantidad de poemas de amor que se perdieron? " ¡Cuanta razón tiene mi amiga!.

martes, 17 de septiembre de 2013

El amor en tiempos de las Apps

Si para algo han servido tantas "apps" para ligar es para poner fin al viejo arte del flirteo. Antaño parte del encanto de salir de copas era la posibilidad de ligar. Se salía a divertirse, a tomar una copa con los amigos, a pasarla bien pero en el fondo siempre existía la lejanísima esperanza de triunfar y de encontrar la "media naranja" al menos de esa noche. Chicos y chicas salíamos y entre cerveza y cotilleos oteábamos el horizonte para ver si había algo interesante en el panorama y diseñar en plan urgente un plan de ataque y seducción, la mayoría de las veces con nefastos resultados pero había que intentarlo. Ahora el panorama ha cambiado bruscamente, ya nadie vigila la puerta de entrada ni las mesas de al lado sino su teléfono móvil para chatear, coquetear e intercambiar fotos con gente que está a 400 kilómetros de distancia y cuyas probabilidades de conocerse son nulas. Se acabaron las miradas cómplices, los gestos de seducción y el nerviosismo de entablar conversación con esa persona que nos gustaba. El otro día me contaba una amiga que por estar chateando en una de estas aplicaciones casi pierde la oportunidad de conocer al amor de su vida durante una fiesta. Estaba tan concentrada en su teléfono móvil enviando mensajitos a todos los solteros habidos y por haber de la ciudad que no se había percatado que enfrente suyo había un chico que llevaba toda la noche mirándola. Lo descubrió cuando el teléfono se quedó sin baterías y no le quedó más remedio que prestar atención a lo que estaba pasando a su alrededor. Fue así como descubrió la mirada más dulce que había visto nunca. Se casa el próximo mes.

martes, 30 de abril de 2013

Panegírico

Yo lo tengo claro. Cuando muera no quiero flores en mi tumba, ni largos discursos intentando ensalzar lo que se pueda y quede de mi figura. Tampoco quiero que besen mi cadáver ni siquiera que lo lloren. No es que me vaya a poner exigente con este mundo justo cuando lo dejo pero la verdad es que preferiría que todos los piropos, flores, besos y abrazos me los dieran en esta vida, cuando los puedo sentir, disfrutar y agradecer, no en el ignoto más allá. Conforme se acumulan calendarios en el alma uno va teniendo la sensación que en este mundo las cosas importantes casi nunca se dicen. Los amigos vienen y van, los amores aparecen y desaparecen cuando menos te lo esperas, los que amas dejan esta vida y seguimos guardándonos las palabras, esperando el momento propicio para soltar un "te amo", "un perdóname " o para hacer ese gesto definitivo de agradecimiento y al final lo de siempre, ese instante no llega y nuestros muertos, y nosotros mismos, dejamos tristes esta vida con terrible la sensación de que nadie se percató que habíamos estado aquí. Así que más vale ahorrarse en panegíricos y flores sobre las tumbas y abrazarse en la clara certidumbre del aquí y el ahora.

jueves, 17 de mayo de 2012

Entrelazados

Mis padres no pueden pasar cinco minutos juntos sin abrazarse. Da igual lo que estén haciendo: sus brazos se buscan, se entrelanzan al ritmo de un vieja sinfonía que dura ya más de cincuenta años. En el supermercado, en el parque, cuando miran la tele o están en Internet buscando remedios caseros y letras de boleros, siempre están el uno al lado de otro mirándose con ternura, haciéndose carantoñas y descifrando juntos los misterios cotidianos. Mi madre suele decir que en el tema de pareja no hay ninguna fórmula mágica más que las ganas de seguir juntos a pesar de la adversidad, de las dudas y las malas rachas. “Que en cinco décadas pasan muchas cosas – me dice mirándome fijamente a los ojos – y a veces se quiere tirar la toalla pero al final hay que dejarse de tonterías, apostar por la persona que uno tiene al lado y estar dispuesto a recomenzar todos los días, ¿Quién dijo que el amor era fácil? ” concluye, mientras acaricia pensativa las manos de mi padre.

martes, 8 de mayo de 2012

Cosas

Un plato, una cuchara, una copa, un pin, un peluche, facturas con dibujos, tarjetas de felicitación, CDs “piratas” con éxitos de los noventa…a simple vista, como cualquier objeto de su especie, poco o nada los hacen especial salvo que por azares del destino acabaron por convertirse en testigos de una época en la vida de uno, que son las épocas que realmente importan, las que establecen los historiadores poco o nada significan para la gente que ríe, sufre y ama. Uno va atesorando esos objetos sin mayor pretensión que la de guardarlos y que en un futuro le sirvan para recordar que la vida no fue un simple sueño y que las huellas quedaron grabadas en el alma. Mañana cuando muera se descubrirán en un cajón todos esos objetos inconexos sin saber que hubo un tiempo en el que tuvieron vida propia y que alguien gracias a esas cosas “ sin valor” amó y fue amado.

jueves, 19 de abril de 2012

Saudade

Cuenta Ari que de pronto rompió a llorar como un niño. Hasta entonces había llevado relativamente bien la separación, como después de todo él mismo había tomado la decisión de dejar a Raquel por razones que a la fecha es incapaz de precisar, desde el principio decidió tomarse la cosas con filosofía y asumir con relativo entusiasmo su nueva vida de soltero: jornadas intensas de trabajo, padel, gimnasio, cursos de idiomas y noches eternas de juerga. Sin embargo ese día en cuestión de segundos cambió todo precisamente cuando, por fin, había ligado con una chica estupenda. De repente sin saber cómo ni por qué en medio de besos y caricias empezó a sentirse irremediablemente triste y a echar de menos a Raquel, es lo que tienen las razones del corazón que siempre son inoportunas. Primero fue un hilito de tristeza que poco a poco fue conviertiéndose en un mar de nostalgia, de ganas de echar el tiempo atrás y volver a esos días en los que las cosas tenían sentido. Acabó sentado al borde de la cama, intentando inútilmente retener sus lágrimas y pidiendo disculpas a la chica que atónita lo miraba en silencio.Cuenta Ari que ese día descubrió lo que era la saudade.

domingo, 1 de abril de 2012

Exilio

Antes de cerrar la puerta como de costumbre revisó que todo estuviera en su sitio. Cuando salía siempre hacía lo mismo: recorría rápidamente la casa para comprobar, por ejemplo, que los electrodomésticos estuvieran apagados, que las toallas estuviesen colocadas como le gustaba y, para echarse una vanidosa mirada en el espejo del salón. Sin embargo, como ese día era diferente decidió hacerlo con más calma: meses antes, su mujer durante una fuerte discusión le había soltado un escueto “es mejor que te vayas” y él, incrédulo al principio y resignado al final, estaba a punto de dejar su hogar sin entender muy bien las razones de la separación. Caminó descalzo muy lentamente por el pasillo y las habitaciones, acariciando con la mirada cada objeto y rincón, quería grabar en la memoria cualquier detalle desde el azucarero con dibujos orientales sobre la mesa de madera hasta las hiedras del jardín que de seguro en primavera reverdecerían. Agradeció a la casa cada instante de felicidad - desde niño solía desarrollar un vínculo sentimental con los sitios en los que vivía, como si fueran una extensión de sí mismo – y en silencio cerró la puerta. Como siempre había dicho que los brazos de su mujer eran su patria desde ese día se declaró en el exilio.

lunes, 19 de marzo de 2012

Nosotros que nos queremos tanto

Mi madre cocinaba al ritmo de boleros. De pequeño me gustaba escucharla mientras yo jugaba o hacía lo deberes. Ella decía que no tenía una gran voz pero a mí me parecía que cantaba tan bien como Libertad Lamarque sobre todo por que lo hacía con sentimiento, y hasta se le escapaba alguna lagrimilla cuando cantaba alguna de esas canciones. A los ocho años no entendía cómo una simple melodía podría emocionarla tanto para mí los boleros eran de Marte sobre todo porque en ellos, en la peor de las situaciones, siempre había alguien que sufría por amor o en el mejor de los casos, los dos sufrían por amor. ¡Vaya lío el mundo de adultos! Para mi todo era tan simple como querer a quien te quiere y no querer a quien no te quiere y punto final. Hace poco volví a escuchar completo un viejo disco de boleros, puse el CD me dejé caer en el sofá y a los cinco minutos estaba envuelto en todas esas historias de encuentros y desencuentros, de grandes amores, y de despedidas inexplicables. Entonces entendí perfectamente a mi madre, cerré los ojos y comencé a cantar.

sábado, 19 de septiembre de 2009

La vida a dos manos

Cuando uno es adolescente los padres nos parecen lejanos y nos avergonzamos un poco de ellos. Cuando uno es viejo los padres nos parecen parte de nosotros mismos y nos enternecen hasta la médula. Cada vez que voy a mi pueblo, una vez al año, me encanta observar esa complicidad que en cincuenta años de relación han ido tejiendo, pueden pasar horas sin dirigirse la palabra pero uno intuye que en cada gesto, que en cada mirada algo se están comunicando…vaya a saber que estarán “pensándose” pero en tema de enamorados es mejor no inmiscuirse y es que después de jubilados mi padre reconoció que “habían vuelto a ser novios”.

Su historia de amor es simple: ella, dependienta de farmacia que todos los días pasa a toda prisa por el Cuerpo de Bomberos. Él, joven bombero que la mira embelesado y piensa que es la chica más guapa del mundo y que hay que invitarla a salir. Ella que se resiste durante meses y huye por la puerta trasera cada vez llega el “gordo” con flores a esperarla a la salida del trabajo. “Es que era un pesado, insistía demasiado”, dice mi madre con una sonrisa de coqueta adolescente. “Y menos mal que lo hice”, le responde mi padre con aire triunfador. Ella se da por vencida, acepta esa primera cita y así inician esa vida a dos manos, como decía el maestro Benedetti, que los ha llevado por encuentros y desencuentros, por enfermedades, abundancia (casi nunca), problemas económicos (casi siempre), triunfos y fracasos.

¿Quién iba a decir que iban a llegar tan lejos? Pienso cada vez que los veo caminar de la mano cada vez más lentamente. Me gusta caminar detrás de ellos, saber que soy parte de su historia…

domingo, 6 de julio de 2008

Cuando me enamoro...

Fiebre, escalofríos y ganas de vomitar. En las mil y una veces que me he enamorado, estos síntomas siempre se han repetido; hasta al punto de pensar que más que un tierno angelito que anda tirando sus flechas aquí y allá, Cupido es una especie de bicho infeccioso que impide diferenciar entre una gripe y el enamoramiento agudo. Es ver al objeto de deseo y empezar a sentirme mal, a ser incapaz de articular palabra. Me pongo pálido, sudo y, aunque trato de sonreír graciosamente, me sale una mueca espantosa. Al final quedo como la niña de ‘El exorcista’ y mi alma gemela huye despavorida sin que pueda explicarle que cuando no esté enamorado seré divertido, conversón y hasta guapo. Después de situaciones así, me quedo con mal cuerpo y un poco decepcionado porque, como si no bastara, cuando me enamoro nunca escucho violines, sino los desafinados acordes de una orquesta de verbena, una fanfarria que perpetra los boleros de siempre, ésos que hablan de lo bien que se lo pasan los enamorados, repitiendo mil veces «me importas tú, y tú y nadie más que tú...».

Publicado en Sí se puede