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viernes, 11 de marzo de 2011

China y mi madre

Este año el gran acontecimiento en mi pueblo es la inauguración del Estadio Nacional construido gracias a la “desinteresada generosidad de China”, como rezan todos los comunicados oficiales. En pocos días posiblemente todo el país en pleno asistirá a tan magno evento, todos menos mi madre. No por que no pueda, como ella deja bien claro cuando en casa se saca el tema sino porque lleva años realizando un boicot unilateral y solitario contra todo lo que sea hecho en China.

Ropa, electrodomésticos, adornos, domésticos en su casa no entra nada que esté hecho en China y para asegurarse que se cumple al pie de la letra su “embargo comercial” ella se encarga pacientemente de revisar las etiquetas de todo. El otro día me llamó para contarme que estaba indignada porque el Seguro Social le había mandado unas pastillas hechas en China. Apenas llegó de la clínica arrojó todos los botes al basurero para “prevenir” una intoxicación familiar. Está convencida, y no se corta en proclamarlo ante extraños y desconocidos, que todo lo que está hecho en ese país es de mala calidad y de procedencia dudosa que con “gobiernos así, que hacen lo que les da la gana con los derechos humanos, nunca se sabe”, así resume brevemente su posición frente al gigante asiático.

Así que me la imagino el día de la inauguración del nuevo Estadio Nacional, construido gracias a la “desinteresada generosidad de China”, sentada frente a la tele esperando a que la gramilla de la cancha de pronto se despegue, a que una puerta se quede atascada o que alguien comente que los grifos del baño no funcionan para decir con satisfacción, “¡Ya lo sabía!”

lunes, 16 de agosto de 2010

Cartas de amor

Nunca pensó esa receta de cocina, no se sabe si copiada de un libro o de un programa de TV, que algún día se convertiría en una carta de amor. Como cualquier receta está escrita en forma metódica, en un lenguaje preciso con las instrucciones necesarias para conseguir el objetivo final. Lo único que la diferencia es que es del puño y letra de la madre de un amigo mío, fallecida hace más de una década. Cuando se mudó de casa entre los papeles de su vieja encontró esa receta de cocina y decidió que aquel papel amarillento y desgastado se merecía ocupar algo más que un rincón en el cajón de su armario así que lo desdobló con mimo y lo pegó con un imán en la puerta de la nevera, al lado de otros papeles en los que anota temas cotidianos y cosas que nunca se deben olvidar. Dice que tener ahí esa receta le da la sensación que su madre pasó por la casa, y que, como tantas veces lo hiciera, decidió dejarle un mensaje en la nevera, es su manera de sentir que sigue a su lado. La vida obra milagros y las cosas pequeñas y simples, muchas veces acaban convirtiéndose en poemas de amor.

viernes, 19 de marzo de 2010

Trato hecho

A los 8 años Douglas, mi mejor amigo en Escuela, tenía una letra impecable, a mil años luz de la mía, y yo tenía una madre “francamente guapa” como él lo subrayaba cada vez que me contaba que la suya se había ido a trabajar a Estados Unidos y que solo la veía una vez al año, “pero me trae muchos juguetes” aclaraba por si existiera alguna duda de que el sacrificio valiera la pena.

Un día durante el recreo tras reflexionar seriamente sobre los poderes de los superhéroes y las desigualdades de la vida hicimos un trato: él me transcribiría todas las tareas de la Escuela, y yo a cambio le “prestaría” a mi madre para que en todas las actividades extraescolares en las que se necesitara una mamá — las maestras se pasaban el día entero pidiendo ver a nuestras progenitoras, “como si en el mundo no hubiesen también papás”, decía mi compañero con tristeza — ella lo representara.

Aquello funcionó a la perfección: de la noche a la mañana mi letra mejoró “milagrosamente” y mi vieja cuando conoció a Douglas le tomó cariño y decidió — sin tener que mencionarle nuestro pacto — que aquel chiquillo encantador merecía que una madre lo defendiera y le aplaudiera en las asambleas escolares. Nunca me percaté de lo que había significado eso para mi amigo del alma hasta años después, cuando ya adolescentes me enseñó su álbum de fotos familiar. En muchas instantáneas de sus años escolares aparecía mi madre “francamente guapa” al lado de un sonriente y orgulloso Douglas. ¡Nuestro acuerdo había sido todo un éxito!