martes, 24 de septiembre de 2013

Comida Casera

Es una batalla perdida. No hay forma de llevar a mi madre a un restaurante a comer comida casera. Da igual que se le diga que es un lugar bonito, que está decorado como las casas antiguas, que es la última moda del jet set de mi pueblo -que también lo tenemos- que es sana y barata. No y no. Para ella la comida casera es invento de marketing, de gente desesperada que no haya qué inventar y que para comer "comida casera" ella se prepara un buen plato de frijoles o una sopa de pollo por mucho menos dinero y con ingredientes de mejor calidad y santas pascuas. "Si me sacan de casa es para probar algo que no como todos los días", así de contundente es mi vieja que, moderna como la que más, no termina de entender cómo de la noche a la mañana la gente ha "descubierto" que comer como antaño es lo mejor que hay, se ha vuelto nostálgica y quiere ir a restaurantes horriblemente decorados como las casas de los abuelos -había que ver el mal gusto que se tenía entonces - comiendo en platos de lata o en hoja de plátano y con camareros fingiendo ser campesinos. "Comida casera es la que uno hace en casa y punto. La otra es como Mac Donald". Hay que ver mi madre cómo es.

martes, 17 de septiembre de 2013

El amor en tiempos de las Apps

Si para algo han servido tantas "apps" para ligar es para poner fin al viejo arte del flirteo. Antaño parte del encanto de salir de copas era la posibilidad de ligar. Se salía a divertirse, a tomar una copa con los amigos, a pasarla bien pero en el fondo siempre existía la lejanísima esperanza de triunfar y de encontrar la "media naranja" al menos de esa noche. Chicos y chicas salíamos y entre cerveza y cotilleos oteábamos el horizonte para ver si había algo interesante en el panorama y diseñar en plan urgente un plan de ataque y seducción, la mayoría de las veces con nefastos resultados pero había que intentarlo. Ahora el panorama ha cambiado bruscamente, ya nadie vigila la puerta de entrada ni las mesas de al lado sino su teléfono móvil para chatear, coquetear e intercambiar fotos con gente que está a 400 kilómetros de distancia y cuyas probabilidades de conocerse son nulas. Se acabaron las miradas cómplices, los gestos de seducción y el nerviosismo de entablar conversación con esa persona que nos gustaba. El otro día me contaba una amiga que por estar chateando en una de estas aplicaciones casi pierde la oportunidad de conocer al amor de su vida durante una fiesta. Estaba tan concentrada en su teléfono móvil enviando mensajitos a todos los solteros habidos y por haber de la ciudad que no se había percatado que enfrente suyo había un chico que llevaba toda la noche mirándola. Lo descubrió cuando el teléfono se quedó sin baterías y no le quedó más remedio que prestar atención a lo que estaba pasando a su alrededor. Fue así como descubrió la mirada más dulce que había visto nunca. Se casa el próximo mes.

jueves, 18 de julio de 2013

Vocación de villano

Como soy un sinvergüenza no me da pena admitir que no recuerdo cuándo fue la última vez que hice algo bueno.En realidad es que soy malo malísimo y tengo vocación de villano. Es decir, que hacer el bien se me da fatal, pero la culpa no es mía, sino de la creencia popular de mi pueblo de que la gente buena vive poco, porque el Creador los llama pronto a su lado, y sólo vienen a este «valle de lágrimas» a sufrir y a ganarse el cielo a base de penalidades.
Yo, como un día decidí que quiero vivir hasta los 150 años, pasármelo pipa en el más acá y no en el más allá, me tengo terminantemente prohibido hacer cualquier obra de caridad, no vaya a ser que me muera de puritica bondad, me hagan santo súbito, la gente se dispute mis huesos y me hagan estatuas en las que quedaría fatal, porque nunca he sido fotogénico, y menos escultórico, y posiblemente frente a mi imagen el mundo entero no sabría si rezar o descojonarse de risa. Y como antes muerto que sencillo, me la paso sembrando el mal, haciéndole la vida imposible a los demás y siendo peor persona cada día.

miércoles, 12 de junio de 2013

Tangos y rancheras

Como está visto que las penas saben nadar, al menos las mías que son campeonas olímpicas, más que ahogarlas las entretengo para que no den mucho la tabarra y permanezcan quietas en un rincón del alma. Para ello más que al alcohol que siempre resulta más costoso recurro a la música. Si lo que quiero es que mis penas se regodeen y se sientan destrozadas por un cruel destino les pongo un buen tango como el que comienza con “Silencio en la noche…” y que cuenta la historia de una viuda que pierde a sus cinco hijos en una guerra y a cambio le dan cinco medallas. A menos que fuera mi abuela, que fijo las habría empeñado para comprar lotería, uno queda hecho polvo pensando en lo que hará esa pobre mujer con tantas medallas. Si lo que quiero es que mis penas se dejen de pendejadas les pongo rancheras que tienen la extraña virtud de hacerme sentir ganas de torear desamores, fracasos y nostalgias. Aunque la que más me gusta es “El rey”, no tiene trono ni reina pero sigue tan campante, las de Paquita la del Barrio resultan infalibles con títulos como “Hipócrita”, “Arrástrate”, “Piérdeme el respeto” y “Rata de dos patas”.

martes, 11 de junio de 2013

Hiperconectados

Tanta hiperconectividad va a acabar por desconectarnos. Pasamos todo el santo día pegados al ordenador y a cuanto artilugio inventan, chateando, actualizando nuestro estatus en las redes sociales, compartiendo en vivo y en directo el más mínimo detalle de nuestra vida. Queríamos nuestros cinco minutos de fama pero se nos está yendo de las manos. Hay quien ha perdido su empleo por haber publicado una foto inapropiada, a su esposa por haber sido etiquetado en un bar cuando debería estar en casa y cada vez son más frecuentes los malentendidos por Whatsapp o Skype, "¿Por qué tardaste tanto en responderme si aparecías conectado a esa hora? ".  Hay amigos que me han reclamado no haber subido fotos de una cena en su casa -"Se ve a la legua que no lo pasaste bien"  y otros por todo lo contrario, por haber publicado imágenes de una fiesta a la que no todos estaban invitados. Al final uno, como los famosos de toda la vida, empieza a suspirar por los viejos tiempos en los que nadie se enteraba de nada y vivíamos felices en la absoluta inopia.

martes, 14 de mayo de 2013

¡ Que viene la Reina !

La verdad que nunca entendí por qué cada vez que venía alguna figura importante a mi país yo -y todos los alumnos de las Escuelas del centro de la ciudad- teníamos que apostarnos en las calles, esperar durante horas y por fin agitar banderitas al paso de la comitiva de visitantes. Los preparativos comenzaban meses antes, tras el anuncio oficial de la llegada de un ilustre personaje. En los días posteriores la rutina escolar se alteraba por completo: las maestras se pasaban el día aleccionándonos sobre país del visitante, aprendíamos canciones regionales por si el famoso de turno se bajaba del coche sorpresivamente para saludarnos -"Nunca se sabe, que esa gente es muy caprichosa", solía decir con desdén mi maestra- y todos los días tocaba simulacro: durante horas, y bajo un sol de justicia, ensayábamos en la calle para aprender a ondear rítmicamente las banderitas. Por fin llegaba el día esperado -casi siempre festivo, cómo se nota que en aquella época todos los mandatarios del mundo nos tenían manía a los escolares- y acudíamos con nuestras mejores galas, incluidas las profesoras, que se notaba que el día anterior, por si acaso, habían pasado por la peluquería. Fue en una circunstancia como esa que por primera vez conocí a su alteza, la Reina Sofía. Sudando a mares, en plena discusión con un compañerito, enfadado porque para no mancharnos no nos dejaban comer helados, apareció el coche oficial y al grito eufórico "¡Que viene la Reina!" comenzamos a agitar las banderitas de España y Costa Rica. En 30 segundos pasó doña Sofía frente a mí, ella fresca como una lechuga dentro de su coche climatizado, sonriendo feliz y agitando al aire su real mano, y yo afuera a punto de desmayarme por el sofoco. Ese fue el primer recuerdo que guardo de la Monarquía de este país

martes, 30 de abril de 2013

Panegírico

Yo lo tengo claro. Cuando muera no quiero flores en mi tumba, ni largos discursos intentando ensalzar lo que se pueda y quede de mi figura. Tampoco quiero que besen mi cadáver ni siquiera que lo lloren. No es que me vaya a poner exigente con este mundo justo cuando lo dejo pero la verdad es que preferiría que todos los piropos, flores, besos y abrazos me los dieran en esta vida, cuando los puedo sentir, disfrutar y agradecer, no en el ignoto más allá. Conforme se acumulan calendarios en el alma uno va teniendo la sensación que en este mundo las cosas importantes casi nunca se dicen. Los amigos vienen y van, los amores aparecen y desaparecen cuando menos te lo esperas, los que amas dejan esta vida y seguimos guardándonos las palabras, esperando el momento propicio para soltar un "te amo", "un perdóname " o para hacer ese gesto definitivo de agradecimiento y al final lo de siempre, ese instante no llega y nuestros muertos, y nosotros mismos, dejamos tristes esta vida con terrible la sensación de que nadie se percató que habíamos estado aquí. Así que más vale ahorrarse en panegíricos y flores sobre las tumbas y abrazarse en la clara certidumbre del aquí y el ahora.

lunes, 29 de abril de 2013

Políticos en las redes sociales

Si usted se dedica o piensa dedicarse a la política y no está ninguna red social es mejor que vaya pensando en retirarse porque todo, o casi todo, está pasando en esas plataformas que se han convertido en el eje de la vida cotidiana de su público meta, sus electores, y como en política siempre hay que estar donde está la gente, no hay excusa que valga: las redes sociales lo están esperando. Son innumerables los beneficios que puede traer una mayor presencia en las redes sociales, desde una mayor visibilidad hasta el privilegio de poder "oír" de primera mano que realmente preocupa al elector y qué piensa de usted y todo gratuitamente, sin tener que hacer onerosas encuestas o grandes inversiones en publicidad. He aquí algunos consejos prácticos, tomados de aquí y de allá, para todos los políticos - o aspirantes a- interesados en incursionar en el mundo de las redes sociales.

  • Piénselo bien. Hay que estar en las redes sociales pero no de cualquier manera, como en todas las circunstancias de la vida se trata de saber estar. Antes de apuntarse a una plataforma vale la pena reflexionar detenidamente (a solas o con su equipo) sobre lo que pretende conseguir, el público al cuál quiere dirigirse y qué tipo de post quiere publicar. En resumen hacer un plan de comunicación pero específico para los social media, un error común es tratar de simplemente adaptar el plan de comunicación tradicional - en caso de que lo tenga- a los nuevos medios. Recuerde que los social media por su filosofía son radicalmente distintos a los medios tradicionales, tienen un lenguaje y un estilo propio. Piénselo bien, piense en social media.

Escoja las plataformas adecuadas. No todas valen para las mismo, ni es necesario tener perfiles en todas las redes sociales. Aunque Facebook es la que tiene más usuarios en Occidente (cerca de 700 millones en el 2011) hay otras redes sociales que a lo mejor podrían resultar más beneficiosas para su carrera política sea porque en su país tienen mayor cantidad de usuarios (hay bastantes plataformas locales con mucho éxito) o por la edad de sus usuarios, por ejemplo en España y en otros países, Tuenti (14 millones de usuarios) es muy usada entre jóvenes veintiañeros. Así que conviene que su equipo haga un repaso de las redes sociales que más se usan en su país.

¿Quien debe actualizarlas? Es la pregunta del millón, en un mundo perfecto sería el propio político quien se encargara de gestionar su propio perfil pero ya sabemos que la vida on line - bien llevada- necesita tiempo por lo que en caso de no poder hacerlo el propio interesado la responsabilidad la debería tener un colaborador muy cercano, que conozca a fondo al político, su agenda y su filosofía. Los expertos recomiendan siempre dejar claro, de cara al usuario, que los perfiles normalmente son actualizados por el equipo del político. La Casa Blanca, por ejemplo, para evitar cualquier confusión al respecto tiene como norma de firmar los post que haya escrito el propio presidente para así diferenciarlos de las actualizaciones que realiza su equipo.

 • Enseñe su corazoncito. Decidir que publicar puede resultar difícil sobre todo porque pensamos que el público espera grandes discursos o frases llenas de sabiduría. Sin embargo se sorprenderá al descubrir que al usuario de las redes sociales más que en posturas políticas está interesado en conocer el lado humano de los famosos así que no tema demostrar al público que usted es de carne y hueso, olvídese de las formalidades de una plaza pública y mantenga una conversación directa con los ciudadanos.

• Escuche atentamente. Una de las grandes ventajas de redes sociales es la posibilidad de saber que piensa de usted el público y de sus actividades sin necesidad de pagar onerosos estudios de opinión, sin embargo no sea tan solo un actor pasivo, interactúe y responda los comentarios cuando lo considere oportuno pero evite caer en innecesarias polémicas.

Actualícelas con frecuencia. En el mundo de las redes sociales las cosas pasan durante 24 horas al día y a una velocidad vertiginosa. Publicar una actualización a la semana quizá no sea una buena idea de estar presente en el mundo cibernético y de tener impacto en el mundo político. Sin embargo, no cometa el error de hacer muchas actualizaciones durante el día porque correrá el riesgo de saturar a sus seguidores, una o dos veces al día serán más que suficientes.

Una imagen vale más que mil palabras. Eso es más cierto que nunca en la redes sociales. No hay nada que guste más -y que se comparta con más rapidez- que una fotografía. Intente postear a menudo alguna fotografía de las actividades en las que usted participa pero desde un ángulo no oficial, la gente está más que cansada de las típicas acartonadas fotografías de gente encorbatada. Piense de nuevo en mostrar su corazoncito compartiendo imágenes curiosas o que de cierta forma apoyen su discurso político.

Planifique sus actualizaciones. Uno de los errores frecuentes de los famosos que incursionan en las redes sociales es la falta de planificación. Sabemos que la actualidad es impredecible y nunca se sabe que puede pasar a lo largo del día pero si que podemos establecer algunos lineamientos generales sobre lo que se quiere publicar en los perfiles. Por ejemplo para ocasiones en las que la gente oficialmente espera alguna opinión del político, como fechas nacionales, elecciones, cumbres, aniversarios, cumpleaños, celebraciones como Navidad o Año Nuevo.

lunes, 22 de abril de 2013

Me contó un pajarito

Lo confieso. De niño llegué a tenerle verdadera manía a los pajaritos. Lo sé todo el mundo debe amar a las aves "que con sus nobles trinos alegran nuestro vivir" - como rezaba un poema que nos obligaban a repetir una y otra vez en la Escuela - pero a mi esos angelicales bichos no me inspiraban las más mínima confianza porque cada vez que hacía alguna fechoría como tirar piedras al vecino que me caía mal o esconderle las cosas a mis hermanas, siempre había algún "pajarito" que se lo contaba a mis padres, a la maestra o alguna amiga de mi madre. Así que el prólogo de todos mis castigos se iniciaban con "Me contó un pajarito que no paras de hablar en clase", "Me contó un pajarito que hiciste un berrinche en casa de la abuela", "Me contó un pajarito que no compartes la merienda con tus compañeritos". Pasé toda mi infancia tratando de averiguar como se las arreglaba ese "dichoso" pajarraco para ser tan inoportuno y estar ahí justo en el momento preciso para pillarme con las manos en la masa. Daba igual que antes de hacer alguna maldad me cerciorara que no había ningún ave a la vista, tarde o temprano "algún pajarito" se lo contaba a mis padres y yo acababa castigado sin  bicicleta por una semana. Lo que más me reventaba  era que el muy miserable nunca aparecía cuando me portaba bien, cuando hacía mis deberes a tiempo, cuando pasaba un día sin decir ninguna mala palabra o cuando hacía mis oraciones antes de dormir, estaba visto que solo le interesaba el chismorreo. Llevo toda mi vida buscando al pajarito ese, cuando lo vea ya se va a enterar quien soy yo.

martes, 19 de febrero de 2013

Cómo ser padre en un mundo virtual (y sobrevivir)


Ser padre nunca fue fácil y
menos en el mundo virtual
Si ya es complicado tener un hijo adolescente mucho más lo es en tiempos de las redes sociales, ese mundo virtual en el que nuestros chicos y nosotros mismos estamos viviendo la mayor parte del tiempo sin saber muy bien las implicaciones que está teniendo en nuestra de relacionarnos. Llevar una vida pública tiene sus efectos colaterales y es bueno que los jóvenes sean plenamente conscientes de ello y nunca está de más recordarles algunos puntos clave vinculados a la privacidad y seguridad, al comportamiento responsable online y las repercusiones para su futuro.

Las apariencias engañan y más en las redes sociales. Cada vez son más los perfiles falsos utilizados con otros propósitos como el Grooming (acoso sexual en las redes) y el ciberbullyng (acoso de el tradicional acoso entre los mismos compañeros de Escuela). Alértelo sobre su existencia, de cómo actuar en caso de recibir una amenaza y sobre la necesidad de incluir como amigos sólo a quienes se conoce personalmente, para evitar cualquier riesgo y mantener una conversación más fluida entre sus amigos. Explíquele además la conveniencia de no tener pública la mayoría de la información de su muro y cómo configurar un nivel de privacidad adecuado.

 • Recuérdele que, al igual que en la vida real, las relaciones virtuales deben regirse por ciertas reglas básicas de cortesía, como respetar las creencias de otros, mantener un tono cordial en las conversaciones, no criticar públicamente a otra persona o ventilar asuntos privados en el muro. Al igual que en el mundo de los adultos, ante cualquier divergencia siempre es mejor una charla privada, en el mundo virtual el típico "Inbox".

• Hable con él/ella sobre las implicaciones que podría tener para su futuro su presencia en redes sociales y la necesidad de gestionarlas con cierta responsabilidad. A lo mejor colgar una foto de la juerga de ayer puede resultar divertido hoy, pero un poco comprometedor dentro de cinco años.

Y si usted es uno de los afortunados a quien su hijo ha agregado como amigo, no desperdicie esa magnífica oportunidad para estar aún más cerca de él/ella, conocer mejor sus gustos y saber qué le preocupa, pero no olvide respetar su personalidad virtual, el perfil de cada uno es un mundo y aunque no nos guste o no asuste lo que publica nuestro hijo, hay que respetarlo y evitar ponerlo en situaciones embarazosas, llamándole la atención en el muro o publicando fotografías sin consultarlo. Puede ser que aquel bebé de ayer nos parezca adorable, pero al adolescente de hoy, aquel niño regordete le puede escandalizar. Discreción es la palabra clave, ver sin ser visto.