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lunes, 21 de julio de 2008

De cañas con el rey

Como a cualquier buen republicano, de firmes convicciones políticas y emigrante en el esplendor de su vida, si hay alguien con el que me encantaría irme de cañas es con el Rey Juan Carlos, ni más ni menos. Algo completamente natural si tomamos en cuenta que lo conozco desde que era un crío y lo veía en los ‘Holas’ viejos que una tía mía guardaba en su casa como joyas de la corona, que hace algunos años me entregó el diploma de un máster y que desde entonces mi madre, en Costa Rica, para envidia de sus vecinas, tiene en casa la imagen con la que un fotógrafo inmortalizó ese momento para gloria de este centraca paleto que no podía creer que estuviera al lado de un rey de carne y hueso.

Desde entonces en el salón de casa, encima del tapete de ganchillo de toda la vida están la foto de boda de mis padres, la de mis abuelos, las de comunión de todos mis primos, y como si se tratase de una típica escena familiar, la foto del Rey y yo. Quizá como la foto lleva años ahí todos se han acostumbrado a ver su Majestad como a alguien más de la familia, por eso no me extraña que cada vez que me llaman desde el pueblo me pregunten por la vida y milagros de todos los miembros de la Familia Real, como quien se preocupa por parientes que hace mucho no ve. Con tanta familiaridad de por medio, he pensado que lo único que me falta es irme de cañas con Don Juan Carlos.

martes, 27 de noviembre de 2007

El glamour en chanclas



Que don Juan Carlos haya mandado a callar a Hugo Chávez no es nada extraordinario, lo raro es que haya ocurrido hasta ahora y que durante todos estos años los jefes de estado hayan aguantado tan estoicamente los discursos del colega sin apenas inmutarse. Porque escuchar semejantes monólogos y encima parecer estar interesado en el tema tiene su mérito y debería ser causa de beatificación exprés porque tanta paciencia solo la tienen los santos y no los seres humanos de carne y hueso como bien lo demostró nuestro rey.

Con su “¿por qué no te callas?” sin quererlo su majestad inauguró una nueva etapa dentro de las aburridas normas de protocolo internacional en las que siempre predominan lo políticamente correcto, un condescendiente silencio y la sonrisa discreta frente a interlocutores que si por uno fueran estarían comiendo polvorones en mitad del Sahara y no en un hotel de lujo como estrellas invitadas de cumbres, conferencias y demás actividades diplomático-festivas.

A partir de ahora todo parece indicar que el protocolo será menos rígido y que los embajadores y jefes de estado por fin podrán saludarse con un “¿Qué hay de nuevo tronco?, ¡Choca esos cinco!” en lugar de las complejas y antiguas fórmulas tradicionales plagadas de reverencias, tratamiento de excelencias y expresiones que no se oían desde tiempos de la Sara Montiel.

Y es que desde la llegada de Hugo Chávez a las cumbres el protocolo ya no es el mismo. Atrás quedó el glamour de fiestas y recepciones, ahora lo que se impone es el estilo casual y campechano de quien va conduciendo su tractor en mitad del campo sin tener que dar explicaciones a nadie (un aire que comparte, muy a su pesar, con el tejano de Jorge Bus cuyas metidas de patas son monumentales y si no que lo diga su best friend “Ánsar”).

En la diplomacia del 2007 se impone el colorido y no la rigidez de las convenciones sociales y eso, todo hay que decirlo, le da vidilla a cualquier ambiente. ¿Qué hubiera sido la cumbre de Santiago sin el presidente venezolano? Un infumable encuentro internacional lleno de promesas tan aburrido como de los de siempre.Suerte que para diversión del público estaba Chávez aunque muchos echaron de menos a su diputada Iris Varela, que hace unos días arremetió a golpes a un periodista venezolano, con su habitual "discreción" habría dado a la cumbre un toque cutrelux que habría molado. Será en la próxima...si es que el mini Simón Bolivar gana el referendo del domingo.