“Uno vuelve siempre, a los viejos sitios donde amó la vida y entonces comprende cómo están de ausentes las cosas queridas…” cantaba Mercedes Sosa y que desde hace que se fueron mis viejos es parte de la banda sonora de mis viajes a Costa Rica. Sé que ya no están, que se marcharon casi simultáneamente uno detrás del otro -como suelen hacerlo muchos grandes amores- pero cuando salgo del aeropuerto entre el público que espera a sus seres queridos siempre sigo buscando su sonrisa, el gesto triunfal de mis viejos por mi llegada, y los sigo buscando en cuanto llego a casa: voy a la cocina buscando el abrazo de mi vieja o a la habitación para encontrarme a mi padre acomodando sus calcetines y reclamándome que le faltan algunos y que toda seguridad soy yo el ladrón (siempre se los robaba). Lejos de casa, el corazón se engaña y esas grandes ausencias se disimulan en el día a día mientras pero cuando vuelves a esos lugares te das cuenta te enfrentas a la verdad: que el tiempo pasó demasiado de prisa, que se nos escapó como arena entre las manos, “que el amor es simple y a las cosas simples las devora el tiempo”.
jueves, 11 de diciembre de 2025
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