jueves, 15 de noviembre de 2007

Nacionalidades exprés


Que muchos clubes de fútbol puedan conseguir la nacionalidad española para sus jugadores en tiempo récord ofreciendo entradas, autógrafos y variedad de regalos a cambio -como se denunció hace algunos meses- es algo que mosquea, sobre todo a quienes como a este ultramarino servidor han tenido que esperar días, meses y años para por fin conseguir un DNI, y en ningún momento se les ha ocurrido que la cosa tenía una solución tan fácil (lo llego a saber con tiempo y me traigo un cargamento de plátanos, frutas tropicales, café, ron y todas esas cosas que tanto molan a los del primer mundo).

Aunque el trámite para obtener la nacionalidad por residencia es la mar de sencillo – es cuestión de agregar a “los papeles” que entregas cada año otros papeles y entregarlos en una ventanilla- ante todo requiere armarse de paciencia. El proceso tarda una media de dos años en los que de por medio hay un par de entrevistas con la policía en las que te pueden pedir “más papeles”, alguna que otra cola, y la eterna espera para jurar ante el juez lealtad “al Rey y a la Constitución”, requisito indispensable para iniciar la tramitación del DNI (que a su vez puede prolongarse por seis meses más).

Es decir que esos dos años y medio nadie te los quita a menos que seas un deportista de élite y que, según el artículo, vayas por toda la administración en plan Papa Noel, dando regalos a cambio de agilizar tu expediente.

Hace algunos años un ex diplomático latinoamericano me comentaba que a él todo el proceso para nacionalizarse y conseguir su DNI no le había llevado más de seis meses, muy “diplomáticamente” había pagado 100 mil pesetas de las antiguas a una famosa firma de abogados con contactos de "alto nivel" y listo. Debo confesar que en ese momento no le creí en absoluto, después de todo estábamos en Europa y "esas" cosas aquí no pasaban...tras leer el artículo tengo mis dudas.

Que esas cosas pasan aún en las mejores familias ya se sabe pero eso no significa que a los simples mortales – no se sabe si por la cochina envidia o por conciencia cívica- esas historias no nos dejen con mal cuerpo y con la sensación de que no todos somos iguales ante la ley.

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