viernes, 23 de noviembre de 2007

La era de los cacharros


Yo no sé por qué será pero con el repentino descubrimiento de las maravillas del mercado y esta moda de la globalización con la que llevan años dándonos la tabarra, siento que estoy adquiriendo una fenomenal pinta de cacharro low cost, algo así como un exótico producto de exportación hecho con “componentes” made in China, ensamblado en cualquier aldea del tercer mundo a módico precio, listo para ser colocado en las vitrinas de las grandes metrópolis.

Yo no sé por qué será pero este libre forcejeo mundial entre la oferta y la demanda, el prodigio del siglo XXI, en lugar de alegrarme solo náuseas me provoca quizá porque a diferencia de los poderosos de siempre, mi triste sino, como diría el poeta, es tan solo ser parte del engranaje de la economía global, digamos que una simple y vulgar tuerca. Yo no sé por qué será pero el supuesto fracaso de las utopías –por el cual llevan años brindando jubilosos los neocon - no me hace suponer que vendrán tiempos mejores y que un capitalismo globalizado podrá solucionar de la noche a la mañana lo que no pudo en siglos.

Yo no sé porqué será pero tengo la impresión que es peligroso cuentear a la gente con eso de que las utopías murieron y de que lo único que les queda a los pobres de solemnidad, que siguen siendo tantos como hace décadas pero más pobres, es cruzarse de brazos y decir amén frente a los designios del mercado. Cuando digo peligroso es porque tanto en Oriente como en Occidente, así en el Norte como en el Sur, no hay mejor excusa para la subversión que pedirle a la gente que a cambio de unos cuantos euros de caridad gubernamental y de toneladas chatarra consumista renuncie a cualquier aspiración de transformar su vida y se entregue al imperio de la desesperación.

Yo no sé por qué será pero tengo el presentimiento que cuando la gente se percate que sin el Muro de Berlín, sin la temperatura de la Guerra Fría, sin el coco del comunismo sin Sadam en Irak, sin talibanes en Afganistán la injusticia continúa siendo tan cotidiana como siempre algo va a pasar: o se muere de tristeza toda la humanidad o los que se mueren van a ser los que siempre han vivido a costa de los demás, los que nos han convertido en cacharritos.
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