Tanta hiperconectividad va a acabar por desconectarnos. Pasamos todo el santo día pegados al ordenador y a cuanto artilugio inventan, chateando, actualizando nuestro estatus en las redes sociales, compartiendo en vivo y en directo el más mínimo detalle de nuestra vida. Queríamos nuestros cinco minutos de fama pero se nos está yendo de las manos. Hay quien ha perdido su empleo por haber publicado una foto inapropiada, a su esposa por haber sido etiquetado en un bar cuando debería estar en casa y cada vez son más frecuentes los malentendidos por Whatsapp o Skype, "¿Por qué tardaste tanto en responderme si aparecías conectado a esa hora? ". Hay amigos que me han reclamado no haber subido fotos de una cena en su casa -"Se ve a la legua que no lo pasaste bien" y otros por todo lo contrario, por haber publicado imágenes de una fiesta a la que no todos estaban invitados. Al final uno, como los famosos de toda la vida, empieza a suspirar por los viejos tiempos en los que nadie se enteraba de nada y vivíamos felices en la absoluta inopia.
martes, 11 de junio de 2013
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