domingo, 19 de julio de 2015

Padres desconocidos

Hace unos años me contaba Antonio que por fin conoció a su padre. Durante años había acariciado la idea de ponerle rostro a ese gran ausente de su vida, mil veces había imaginado como sería ese encuentro, lo que se dirían y todo lo que tendrían que contarse como que a los siete años tuvo un accidente en bicicleta y que por eso renqueaba, o que a los 15 tuvo su primera novia -Laura, su vecina- y que había terminado la universidad con notas sobresalientes. Que de niño se dormía pensando en que su padre era un superhéroe que pasaba ayudando a los demás y que por eso no tenía tiempo para conocerlo. Su vieja, siempre reacia a hablar del tema, simplemente le había dicho que era un comerciante español que tenía una tienda de abarrotes en Costa Rica y que cuando le dijo que estaba embarazada, el hombre "si te vi no me acuerdo" y que al poco tiempo había regresado a Valencia.

Cuando Antonio vino a España decidió que era el momento propicio así durante mucho tiempo -y con ayuda de amigos- estuvo intentando localizarlo hasta que por fin logró encontrarlo. Lejos de aquel superhombre de su infancia se encontró con un señor de 70 años, de mirada fría que luego del abrazo protocolario le preguntó qué quería, que si era por el tema de herencia estaba todo repartido entre sus hijos legítimos. Cuenta mi amigo que ese fue el momento más triste de su vida, el dinero era lo que menos le importaba y lo único que quería era darle la oportunidad de conocer a su hijo, ver si necesitaba algo y tener la posibilidad de estar en contacto. "No lo volví a ver nunca más" afirmaba mi amigo mientras intentando contener el llanto.

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