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Liberación

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Durante años mi amiga se sintió culpable por el fracaso de su primer matrimonio. Como desde siempre había sido alegre y extrovertida, siempre encontraba tiempo para asistir a cualquier actividad familiar o de su círculo de amistades mientras su marido pasaba largas horas en la oficina. Él vivía para trabajar y a duras penas dedicaba tiempo para el ocio, ella se sentía sola y un poco confundida, pensando en que a lo mejor la vida real era esa, dedicar las 24 horas del día a la profesión. Como era de esperar cuando se firmaron los papeles del divorcio no paró de escuchar indirectas y críticas sobre lo poco que se había esforzado en mantener el matrimonio con un hombre modélico, responsable y poco parrandero, y ella misma se atormentaba pensando en lo mismo: en que toda la culpa era suya. A los pocos años su ex marido se volvió a casar para divorciarse tiempo después, la causa: su nueva mujer se había hartado de esas jornadas laborales eternas, de estar al lado de un Workaholic . Di

El desahucio

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Eran la pareja perfecta y lo tenían todo: una de las mejores casas del barrio, una buena posición económica y un hijo guapo aunque un poco díscolo. Durante años fueron los reyes de las fiestas del vecindario, la gente los quería porque eran simpáticos, cariñosos y siempre estaban dispuestos a echar una mano en las buenas causas. Parecía que nada podía ir mal en sus vidas pero no fue así, una mala decisión, la de poner la casa a nombre de su hijo por hacerle un bien, por asegurar su futuro, dio al traste con todo porque el chico inundado en deudas hipotecó la casa. La noticia del desahucio los dejó hundidos, a la "mayor brevedad posible" tenían que abandonar la vivienda, era demasiado para la pareja perfecta, para los que todos auguraban un futuro brillante. Se derrumbaron, ya nada tenía sentido y acordaron dejar juntos este mundo antes de sufrir la mayor humillación de su vida. Él le disparó primero en medio del llanto y luego se quitó la vida. La crónica policial lo regist

Efímeros

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Dice mi amigo que le cuesta reconocer en esa mujer silenciosa y distraída a su madre, la que no paraba de bailar en la Feria, la que desde pequeño le enseñó sus primeros pasos de Sevillanas, la de las respuestas ingeniosas para todo, la que se arreglaba con esmero para salir a dar una vuelta por el pueblo del brazo de su marido. Cuesta reconocerla pero sabe que está ahí, y que cuando se tiene Alzheimer el tiempo es oro, cada segundo compartido cuenta porque nunca se sabe qué pasara el próximo día, repetir las veces que sean necesarias los "te quiero mucho", tomarla de la mano, sentir su piel suave, caminar con ella, hacerle cualquier comentario gracioso de los que antes la hacían reír a carcajadas, acariciar su pelo, decirle que mañana será otro día, que todo será distinto, mirarla con ternura y que ella vea tu rostro con atención y que sepa reconocer en él parte de su historia. "Todavía sabe quien soy...hay que aprovechar al máximo", dice mi compañero mientras in

La mirada de los abuelos

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Creo que habría que aprender a verse uno mismo con los ojos que nos miraban nuestros abuelos. En mi caso, a mi abuelo paterno cada vez que lo visitaba se le iluminaba la mirada y me recibía con un "qué bueno que viniste" mientras nos sentábamos a ver fotos antiguas. Era una pequeña fiesta en la que me contaba anécdotas de la familia y de la que siempre salía un poco conmovido porque sus ojos denotaban alegría y confianza que el mundo fuera mejor al estar yo en él. Mi abuela materna por otro lado, cuando yo llegaba se escondía de broma porque se "quejaba" que la abrazaba muy fuerte y que el día menos pensado la desarmaba. Siempre me veía con picardía y alegría porque decía que yo era un diablillo que siempre se salía con la suya mientras se reía. Dos miradas completamente distintas pero que se imprimieron en mi memoria, a lo mejor mis abuelos fueron capaces de captar mejor que nadie el fondo de mi alma y no soy tan mala persona ni tan débil, quizá debería comenzar

Superhéroe

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Durante mi infancia una estampa típica era estar yo jugando en casa con amigos y aparecer mi padreen la puerta con su traje de bombero, con toda la cara chamuscada y mi vieja detrás diciéndole que se vaya directo al patio porque sino toda la casa iba oler a humo. Mis amigos se quedaban con la boca abierta mientras yo disimulaba lo orgulloso que me sentía de tener un padre que era absolutamente distinto al resto, un superhéroe: durante el día era el típico empleado bancario gris, de traje y corbata. Durante la noche, un bombero que corría grandes peligros salvando gente. Como si fuera poco, al igual que Batman tenía una radio que captaba las transmisiones del Cuerpo de Bomberos, de la Policía y de la Cruz Roja con lo cual mi viejo estaba al tanto de lo que pasaba en la ciudad,  y estar siempre listo para salir correr al rescate, terremotos, inundaciones, incendios...el mundo podía dormir tranquilo porque mi él estaba patrullando por ahí.  Hace mucho que dejó de ser bombero pero nunca,

Al diablo con el diablo

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Francamente yo acabé hasta las narices del demonio a los seis años porque a raíz del estreno de la película "El Exorcista" el diablo comenzó a salir hasta en la sopa, en el telediario, en los periódicos, en las conversaciones de adultos y en la de los chicos, todos hablaban de posesiones demoníacas e incluso mi abuela tuvo una vecina que estaba poseída y que repartía ostias e insultos a diestra y siniestra cuando la invadía el maligno. Pasábamos el día asustados y por la noche era imposible conciliar el sueño porque veíamos la imagen de la dichosa niña, sentíamos levitar nuestras camas y escuchábamos voces siniestras que nos llamaban insistentemente, para crear ese atmósfera de terror tampoco ayudó que muchas madres comenzaran a decir que la cría del Exorcista se lo tenía bien merecidito por andar de desobediente, que si le hubiera hecho casa a sus padres y a la maestra el diablo jamás se habría fijado en ella. Como yo era cualquier cosa menos obediente pasé meses de meses

La última vez

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Hubo una vez que fue la última vez que jugamos con nuestros amigos de infancia. Como de costumbre fueron a buscarnos a casa y salimos más que felices a recorrer el barrio buscando mil aventuras o a sentarnos tranquilamente en el parque para hablar de nuestros temas, para discutir si Superman era más fuerte que el Increíble Hulk. Como todos los días la madre de uno de nuestros amigos nos llamó a merendar y aquellas galletas y refresco nos supieron a gloria, nos sentimos afortunados por tener los mejores amigos del mundo. Como siempre nos dijimos con desgano un "Hasta Mañana" mientras nuestros hermanos desde la puerta nos avisaban que la cena estaba servida y que había que apurarse para acostarse. Esa noche nos dormimos deseando que llegara el verano pronto el verano para pasarnos el día en la calle, para jugar sin parar hasta cansarnos, para no bajarnos de la bicicleta tan solo para comer pero ese verano nunca llegó: los padres de alguien se divorciaron y tuvieron que dejar