lunes, 23 de junio de 2014

Lúnaticos

Nos enojamos si alguien no responde de inmediato un whatsapp o una llamada por Skype. Nos ofendemos si mandamos un mensajito por Facebook y no se nos escribe a la primera -a pesar de estar on line y de tener el "check" de visto-, y si contactamos por alguna app para lo que sea -para intercambiar libros usados, para ayudar una causa o para ligar-  y no nos hacen caso a los cinco minutos perdemos los nervios  o si mandamos un email y no recibimos respuesta en un plazo prudencial de 15 segundos ponemos al destinatario en lista negra. He oído historias de terror de parejas que se han dejado porque uno de los dos no respondió al instante un whatsapp pese a que aparecía conectado  - «a saber con quien estarías» - o porque uno de los dos ante una pregunta trascendental en el Skype no solo tardó en responder sino que en el cuadro de diálogo el iconito de estar borrando salía constantemente - «¿te costó decirlo eh?»-, o de amigos de toda la vida que se han enfadado por no comentar al segundo una foto posteada. A diferencia de la generaciones pasadas para las que "esperar" era la clave para todo en la vida, gracias a las nuevas tecnologías y a tanta plataforma para mantenernos comunicados nos hemos convertido en  una generación de neuróticos, alerta y eternamente "disponibles" en ordenadores, smartphones y tablets, en gente que no admite esperas, que exige respuestas y resultados inmediatos aún en los pequeños placeres de la vida. Tanta visibilidad y tanta cercanía virtual nos está convirtiendo en seres solitarios y aislados, tan solitarios como un "Selfie".


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