lunes, 16 de septiembre de 2019
Bonanza
Cuentan mis viejos que allá por los años 60 más de una vez caminaron no sé cuantos kilómetros para ir a ver televisión a casa de un tío "ricachón" de mi padre. Lo de ricachón no porque tuviera mucho dinero sino porque en esa época tener en casa una TV era un lujo que solo unos cuantos podían permitirse. En cuanto terminaban de cenar salían con toda prisa para llegar a tiempo para ver un episodio de Bonanza en compañía de familiares y vecinos, que se reunían en el salón de la casa de mi tío abuelo para mirar las aventuras de Ben Cartwright y sus hijos y de paso hacer un poco de tertulia sobre lo mal que estaba el mundo por aquella época mientras se tomaban un traguito y compartían lo que cada uno había llevado para comer. Al final de la noche mis padres veinteañeros hacían el camino de regreso pensando en que la vida sería maravillosa el día en que pudieran comprarse aunque fuera a plazos, como todo lo que había en casa, un aparato de ésos y ponerlo en el centro de la sala, y ver Bonanza y la Caldera del Diablo, en pijama como unos señores de postín.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
El ángel dormido
Me encontré a mi padre muerto en su sillón preferido. Diez minutos antes lo había ayudado a levantarse de la cama entre bromas porque no pa...
-
Todos tenemos momentos en los que nos "crecen los enanos del circo" y todo, absolutamente todo se nos complica -si nunca has pasad...
-
Como decía que cuando la abrazaba la estrujaba mucho y que ella ya estaba viejita, mi abuela Anita en cuanto me oía llegar a su casa pegaba ...
-
Me imagino que habrá gente que me criticará por contar muchas cosas por Internet, gente que tiene por regla la discreción más absoluta sobre...

No hay comentarios:
Publicar un comentario