martes, 17 de julio de 2012
Gracias a ellos
Si algún día fuera miembro del jurado del Premio Cervantes no tendría ninguna duda de a quien concedérselo: a todos esos hispanos que un día emigraron a Estados Unidos y que contra viento y marea han luchado para que sus hijos amen y hablen el castellano. Es gracias a esa gente humilde, muchas veces con pocos estudios, que un día lejano huyeron de la pobreza sin remedio a la que estaban condenados en sus países de origen que nuestro idioma es hablado por más de 30 millones de personas y sea la segunda lengua en este nación. Gracias a la perseverancia de esos padres, a su obstinación en cantarles nanas y cuentos en español a sus hijos, en obligarlos a hablar en casa en la lengua de sus antepasados es que hoy el español está más vivo que nunca. Todos esos campesinos, obreros, empleadas del hogar, camareros, barrenderos se merecerían todos los premios del mundo. Muchos de ellos probablemente nunca habrán oído de la Real Academia o leído a Vargas Llosa o a García Marqués pero saben mejor que toda esa panda de expertos académicos cómo conservar en las peores circunstancias un patrimonio cultural de siglos. Honor a ellos.
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