jueves, 2 de agosto de 2012
Doggy Bag
Para los que venimos de España lo más sorprendente de Nueva York no son los rascacielos, ni Broadway, ni la mezcla étnica, ni toda la vida trepidante que tiene esta ciudad sino la doggy bag, esa bolsita que sin ningún complejo pides en los restaurantes y que los camareros te la dan como lo más normal del mundo para que eches las sobras de la comida. La primera vez estuve a punto de llorar de emoción, sencillamente no podía creer que pudiera llevar a casa la comida por la que pagué. En nuestra España de toda la vida, a pesar de postguerras, dictaduras, transiciones y eternas crisis económicas nadie en su sano juicio pediría al camarero que le empacara las sobras para comerlas tranquilamente en casa. Socialmente es inaceptable, se considera demasiado cutre, da igual que hayas pagado una fortuna por la cena o que hayas dejado la mitad de la comida, los restos se quedan en el restaurante y para ser más exactos en la basura. Yo como buen comelón he pasado noches enteras soñando con entrecôtes dejados a medias, con sushis que apenas probé -y que el camarero a toda prisa recogió para preparar la mesa para el turno siguiente- pero eso se acabó, a partir de ahora pienso arrasar con todas las sobras de los restaurantes de Madrid, y practicar sin disimulo el doggy bag.
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