A menudo se lamentaba una amiga de lo mala que solía ser la gente buena. No lo hacían con mala intención pero cuando se lo preguntaban la dejan triste y bastante apesadumbrada, con y un sentimiento de tota inutilidad frente a la vida. “¿Para cuando los hijos, que ya os estáis haciendo mayores?” Después cumplir treinta y cinco años familiares, amigos y vecinos se la repetían como un mantra, como un reclamo del coro griego a la heroína que se niega a cumplir el papel que el destino le ha marcado. El drama era que ella si que quería y estaba dispuesta a sacrificarse, llevaba intentándolo varios años pero ni la madre natura ni ninguna técnica de fertilización daban resultado. ¿Cómo decirles que había llorado noches enteras? ¿Cómo expresar la frustración que sentían ella y su marido? Hay cosas que no se pueden decir con palabras y esa era una de ellas. Bastaba con verla mirar a un bebé para comprender lo que estaba sufriendo. La historia de mi amiga tuvo un final feliz, hoy es madre de un precioso crío y siempre que recuerdo todo lo que pasó pienso en todas esas valientes mujeres que como ella sueñan con ser madres y no pueden y que siguen aguantando estoicamente las preguntas indiscretas de esa gente buena tan cruel.
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sábado, 9 de octubre de 2010
La crueldad de la gente buena
A menudo se lamentaba una amiga de lo mala que solía ser la gente buena. No lo hacían con mala intención pero cuando se lo preguntaban la dejan triste y bastante apesadumbrada, con y un sentimiento de tota inutilidad frente a la vida. “¿Para cuando los hijos, que ya os estáis haciendo mayores?” Después cumplir treinta y cinco años familiares, amigos y vecinos se la repetían como un mantra, como un reclamo del coro griego a la heroína que se niega a cumplir el papel que el destino le ha marcado. El drama era que ella si que quería y estaba dispuesta a sacrificarse, llevaba intentándolo varios años pero ni la madre natura ni ninguna técnica de fertilización daban resultado. ¿Cómo decirles que había llorado noches enteras? ¿Cómo expresar la frustración que sentían ella y su marido? Hay cosas que no se pueden decir con palabras y esa era una de ellas. Bastaba con verla mirar a un bebé para comprender lo que estaba sufriendo. La historia de mi amiga tuvo un final feliz, hoy es madre de un precioso crío y siempre que recuerdo todo lo que pasó pienso en todas esas valientes mujeres que como ella sueñan con ser madres y no pueden y que siguen aguantando estoicamente las preguntas indiscretas de esa gente buena tan cruel.
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