sábado, 26 de septiembre de 2026

Fantastico

 

Hace algunos años esperando a unos amigos en un bar en Madrid de pronto entró un grupo de gente absolutamente “guay”, fashion con aspecto de ricachones, super fit, con toda la pinta de gente que el último gran drama que tuvieron en su vida fue que se les desconfiguró Alexa. Yo los miro desde el otro extremo del bar con un poco de envidia pensando en que en mi próxima vida me gustaría ser así: etéreo, fantástico, de esos que fluyen con la vida.

Me fijo en ellos cinco minutos, los analizo, saco mis conclusiones -siempre lo hago, en 30 segundos saco veredictos - determino que son megapijos y sigo absorto en mi teléfono. De pronto veo que me están mirando mucho y hablan entre ellos, empiezo a incomodarme pensando en que ando mal vestido, mal peinado o con un pedazo de lechuga en la boca. Uno de ellos se acerca con el teléfono en la mano y me pregunta que si me importa una foto. Mentalmente pienso que es un maltrato de la vida- como si no me hubiera enterado que son absolutamente fantásticos, se regodea- , le digo que claro, que se acomoden y les tomo la fotico del recuerdo.

El chico me dice que no, que no entendí, que lo quieren es una foto conmigo. Que desde que entraron en el bar todos se habían fijado en mi, que les parecía que tenía un estilazo, cuerpazo y mucha personalidad. (¿yo?). Como dice una amiga actriz, me puse en el papel y como si fuera lo más normal del mundo que la gente desconocida quiera hacerse fotos conmigo, posé abradísimo, amiguísimo de la gente más guay y pija del bar y de Madrid.

Después de eso pasé esperando toda la noche a que que me hicieran una propuesta deshonesta, me robaran la cartera, me hicieran alguna maldad pero nada de nada....
Cuando se fueron me dieron las gracias efusivamente como si les hubiese hecho un gran favor.
El fantástico era yo y sin saberlo.

sábado, 15 de agosto de 2026

La última llamada

Hace seis años fue la última llamada por whatsapp que le hice a mi vieja. 

Ese día me habían llevado de paseo a un pueblo de Castilla La Mancha, un lugar nada extraordinario sino fuera que en una loma y en mitad de un paisaje alucionante habían unos molinos de viento. La inmensidad del paisaje me conmovió tanto que me puse a llorar sin parar por mi padre que había muerto un mes antes. Entre tanta carrera por el funeral, el papeleo y mi posterior regreso a Madrid se me había “olvidado” llorar en forma hasta ese día.

Enseñarle a mi madre a usar el whatsapp para hacer video llamadas había sido una odisea, de ponerla a practicar con mi hermanas y conmigo e insistirle, por ejemplo, que en una video llamada el teléfono no se ponía en la oreja Después de tanta “lucha” por fin había aprendido a usar el whastapp y a enviarme todos los días el mismo mensaje: “¿Cómo le va feo?”. Ese día la llamada tuvo un tono festivo, pese al duelo por mi padre se le veía animada y estuvo riéndose de mí porque tenía la cara de estar alegre, “de seguro ya se está echando unos vinillos”.  Como de costumbre, al finalizar la llamada agarró a besos el teléfono diciéndome que me quería mucho, que le hacía mucha falta pero que ella estaba bien y que iba a estar con toda pata.

Dos semanas después mi vieja nos estaba dejando y viviría el día más triste de mi vida. 


viernes, 19 de junio de 2026

Un verano en Nueva Yol (y mejor solo)

Razón tiene Bad Bunny de andar cantando eso de que si uno se quiere divertir tiene que vivir un verano en Nueva York porque me pasó una vez y creo que fue -y será - el mejor verano en de mi vida, para mejorarlo tendría que ganarme el euromillones o que me llamaran para ser chico Almodóvar. 

Seis meses antes había estado en la Gran Manzana de vacaciones con un ex que tuvo la “amabilidad” de hacerme gastar un montón de pelas en el viaje para notificarme que quería terminar la relación , es decir que desde el segundo día me echó a perder las vacaciones que habíamos planeado . Dolido y sinténdome estafado,  la ciudad me pareció fría y con poco encanto pero como la vida te da sorpresas sorpresas te da la vida, como decía Rubén Blades, un día recibí la propuesta más loca de mi vida y acepté: irme el verano para Nueva York.

Decir que fue la mejor decisión de mi vida es quedarse corto. Borrón y cuenta nueva, las penas sino se evaporaron al menos se pusieron en perspectiva porque tenía que estar atento, estaba en la capital del mundo y no podía perderme nada de nada. Fue una época en la que conocí a gente absolutamente adorable y en la que volví a los 17 sintiendo cosquillas en el estómago al levantarme porque todo era una aventura desde coger el metro, ir a clases o meterme a un bar y estar de conversona con gente de Tokio, Berlin o Moscú como si fuésemos colegas de toda la vida.

Definitivamente fue uno de esos momentos mágicos en la vida y en los que suelo pensar cuando no ando muy bien de ánimo –dicen que de esos instantes de luz hay que agarrarse porque son nuestra tabla de salvación, para algo los vivimos- extraño esa sensación de sentirme liviano, de no tener agenda pensada, de decirle a todo sí porque la vida es muy corta como para andar con pendejadas, de meterme a una tienda a comprar ropa y salir con todo puesto porque me entraron unas ganas terribles de caminar por la Quinta Avenida estrenando sintiéndome el rey del mundo.

En resumen, absolutamente recomendable un verano en  Nueva Yol (y mejor solo).


jueves, 18 de junio de 2026

El escudo invencible

 

Por aquella época de hace más de una década me había transformado en un fantasma. Como tras los dos cateterismos no habían salido bien que digamos pasaba las noches con molestias y muerto de miedo porque no sabía muy bien cómo iba a acabar todo aquello. Entre el pánico y el tremendo dolor inguinal –nadie te dice  que los días siguientes al tratamiento vas a tener un dolor insoportable en las piernas- las  madrugadas transcurrían yo quejándome o dando vueltas por la casa. Más de una noche encontré a mi viejo al pie de la cama diciéndome que me durmiera tranquilo porque “papa está aquí”, dándome palmaditas en la pierna. 

Como todas las noches e intentando no despertar a nadie comencé mi ronda nocturna: de mi habitación a la sala, de la sala a la cocina pidiendo, implorando al Eterno un poco de normalidad porque llevaba meses absolutamente horribles. No sé como al final acabé sentado en la butaca reclinable de la habitación de mis viejos, cuidando de no hacer ruido e intentando conciliar el sueño. 

De pronto se despertaron mis viejos preguntándome que hacía ahí, con tristeza les dije que no podía más con todo aquello. Sin mediar palabra ambos se hicieron a un lado dejando el centro de la cama vacío mientras mi madre me hacía señas para que fuera. Como un pajarillo asustado que regresa al nido me acosté en medí haciéndome un ovillo para no molestar mientras mi madre me tomaba con fuerza de la mano diendome con voz suave “mi amor, va a ver como ahorita usted está bien” y mi padre ponía su mano sobre mi hombro. 

A la hora, con mis viejos profundamente dormidos me desperté con una sensación de tranquilidad absoluta, volví a mi cama pensando en que nada, nada malo me podría pasar jamás porque estaba protegido para la aternidad por  ese escudo invencible que siempre es y será el amor.


martes, 19 de mayo de 2026

Cuestión de pantalones

Mi abuela paterna tenía dos hermanas que derrochaban glamur. Se habían casado con señores que no solo tenían muy buena posición económica sino que además ostentaban apellidos dobles que en Latinoamérica, a falta de monarquía, siempre han sido lo más parecido a títulos nobiliarios. La cosa no acaba ahí porque su vez sus hijos se habían casado con gente de la mera high class de verdad, de la de siempre, no los nuevos ricos que andan de igualados por ahí. 

En un cumpleaños en casa de mis abuelos coincidieron aquellos portentos de la “haute société” con este servidor acompañado de su señor padre porque a su progenitora le había entrado una “indisposición” repentina y mandaba a decir que la perdonaran. Con las mejores galas que podía ir un niño de once años asistí a la actividad totalmente desprevenido de que las tías de mi padre me estaban observando con lupa, al final una de ellas no aguantó más y dirigiéndose a mi abuela preguntó en vos alta -me acuerdo perfectamente- que adónde estaba la mamá de este chiquito que parecía de tugurio tan grande y usando pantalón corto, una tristeza completa.

Como yo era tan desastre y mis pantalones largos duraban poco y terminaban lullidos por las rodillas mi madre había decidido vestirme siempre con pantalón corto: eran mil veces preferibles unas rodillas desastrosas –la gente que me veía sacaba rápidamente la conclusión que yo era un niño muy inquieto- que unos pantalones largos remendados que siempre daban la imagen de descuido.

Aquella resolución materna llegó hasta ese día, porque mi madre luego del enfado mayúsculo que tuvo cuando mi padre divertido le contó la anécdota –mi viejo todo se lo tomaba a broma - decidió que ya era hora que yo me olvidara de los pantalones cortos y comenzara a vestir más formalito…y así fue como gracias a las tías de mi viejo di un gran paso hacia la adultez que a toda prisa venía a mi encuentro.

lunes, 18 de mayo de 2026

Divino de la muerte

Mi hermana mayor llevaba MESES diciéndome que cortara el pelo en un salón de belleza y no a la barbería a la que estaba yendo porque tenía el pelo hecho un desastre. Me costó decidirme porque me había encariñado muchísimo con el barbero marroquí porque me atendía como cliente VIP pero comencé a sospechar que la cosa no estaba muy allá porque cuando el corte de pelo le quedaba bien soltaba aliviado un “Ay va!!…me quedó bien” y como era muy querido por la zona la gente pasaba con frecuencia  a saludarlo y él sin ningún apuro se dedicaba a la  cháchara durante 15 minutos mientras me dejaba esperando.

Así que me metí al primer salón de belleza del barrio que me encontré. Como era una hora en la que las señoras no suelen ir me atendió todo el persona que entre ellos se pusieron a estudiar con seriedad cuál corte de pelo me vendría mejor. Salí hecho un pincel pero me “advirtieron” que todavía no habían terminado conmigo porque quedaba pendiente el color que no podía ser que teniendo un tono tan particular (¿?) anduviera por la vida con el pelo tan opaco y triste, había que darle más luz. 

Como soy obediente -y me emocionó que alguien en este mundo se preocupara por mi pelo- agradecido volví a la dos semanas: TRES HORAS después regresé a casa, con reflejos y desbordando glamur frente al espejo, pero la cosa no acabó ahí porque faltaba la barba, según uno de los estilistas teniendo la forma de cara de “moda”, un poco cuadrada, era todo un sacrilegio andar la barba larga de profeta así que volví y me dejé llevar como suelo hacer en situaciones en las que no tengo ningún criterio (es decir en casi todas).

Ahora ando con nuevo look, divino de la muerte con la autoestima por las nubes pero extrañando los tiempos en los que me metía a la barbería más barata sin pensar en nada. Tanto glamur estresa. 


jueves, 14 de mayo de 2026

Ángel nocturno

 

A las cuatro de la madrugada, cuando reinaba el silencio en la casa, sentía uno que ella te envolvía con las mantas y te hacía una suave caricia en el pelo. Entonces caía uno en un sueño profundo invadido por una sensación de bienestar absoluto porque había un ángel que velaba tu sueño. Mientras pudo mi abuela Anita, cada madrugaba repetía su rutina: iba habitación por habitación, vigilando que todos en la casa estuvieran lo suficientemente abrigados, daba igual si se trataba de una visita, ella por igual a todos “acunaba” mientras musitaba alguna oración que se le había olvidado antes de dormir. Mis tíos medio en serio y medio en broma siempre decían que era lo mejor de pelearse con sus esposas, que los mandaran a dormir a casa de mi abuela porque recobraban ese paraíso perdido de la infancia y ese instante mágico de recibir un beso en mitad de la madrugada. Hace décadas que no está pero a menudo antes de dormirme pienso en ella, le pido que por si acaso me eche un ojo mientras sueño con los angelitos.

Fantastico

  Hace algunos años esperando a unos amigos en un bar en Madrid de pronto entró un grupo de gente absolutamente “guay”, fashion con aspecto ...