lunes, 30 de enero de 2017
Nostalgia
En la familia la llegada de mi tía de Estados Unidos significaba un torbellino de alegría. Ella para mí era una especie de Mary Poppins que siempre venía cargada de regalos y de divertidas anécdotas de la vida en Nueva York que me hacían soñar, lo mejor de todo era que durante el tiempo que durara su visita era más libre que nunca porque los horarios de la casa se trastocaban, mis padres estaban distraídos atendiendo a mi tía por lo que podía hacer lo que se me antojara, vivía en el paraíso. Fue en una de sus visitas que con seis años por primera vez conocí una extraña sensación que comenzó justo cuando nos acercábamos al aeropuerto para despedirla y ví a lo lejos el avión de la PanAm, de pronto sentí un nudo en el estómago, unas ganas incontenibles de retroceder en el tiempo y una tristeza profunda, mi madre lo diagnosticó de inmediato: eso se llama nostalgia.
Lejos estaba de imaginar que esa sensación me acompañaría a lo largo de mi vida.
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