viernes, 19 de junio de 2026

Un verano en Nueva Yol (y mejor solo)

Razón tiene Bad Bunny de andar cantando eso de que si uno se quiere divertir tiene que vivir un verano en Nueva York porque me pasó una vez y creo que fue -y será - el mejor verano en de mi vida, para mejorarlo tendría que ganarme el euromillones o que me llamaran para ser chico Almodóvar. 

Seis meses antes había estado en la Gran Manzana de vacaciones con un ex que tuvo la “amabilidad” de hacerme gastar un montón de pelas en el viaje para notificarme que quería terminar la relación , es decir que desde el segundo día me echó a perder las vacaciones que habíamos planeado . Dolido y sinténdome estafado,  la ciudad me pareció fría y con poco encanto pero como la vida te da sorpresas sorpresas te da la vida, como decía Rubén Blades, un día recibí la propuesta más loca de mi vida y acepté: irme el verano para Nueva York.

Decir que fue la mejor decisión de mi vida es quedarse corto. Borrón y cuenta nueva, las penas sino se evaporaron al menos se pusieron en perspectiva porque tenía que estar atento, estaba en la capital del mundo y no podía perderme nada de nada. Fue una época en la que conocí a gente absolutamente adorable y en la que volví a los 17 sintiendo cosquillas en el estómago al levantarme porque todo era una aventura desde coger el metro, ir a clases o meterme a un bar y estar de conversona con gente de Tokio, Berlin o Moscú como si fuésemos colegas de toda la vida.

Definitivamente fue uno de esos momentos mágicos en la vida y en los que suelo pensar cuando no ando muy bien de ánimo –dicen que de esos instantes de luz hay que agarrarse porque son nuestra tabla de salvación, para algo los vivimos- extraño esa sensación de sentirme liviano, de no tener agenda pensada, de decirle a todo sí porque la vida es muy corta como para andar con pendejadas, de meterme a una tienda a comprar ropa y salir con todo puesto porque me entraron unas ganas terribles de caminar por la Quinta Avenida estrenando sintiéndome el rey del mundo.

En resumen, absolutamente recomendable un verano en  Nueva Yol (y mejor solo).


jueves, 18 de junio de 2026

El escudo invencible

 

Por aquella época de hace más de una década me había transformado en un fantasma. Como tras los dos cateterismos no habían salido bien que digamos pasaba las noches con molestias y muerto de miedo porque no sabía muy bien cómo iba a acabar todo aquello. Entre el pánico y el tremendo dolor inguinal –nadie te dice  que los días siguientes al tratamiento vas a tener un dolor insoportable en las piernas- las  madrugadas transcurrían yo quejándome o dando vueltas por la casa. Más de una noche encontré a mi viejo al pie de la cama diciéndome que me durmiera tranquilo porque “papa está aquí”, dándome palmaditas en la pierna. 

Como todas las noches e intentando no despertar a nadie comencé mi ronda nocturna: de mi habitación a la sala, de la sala a la cocina pidiendo, implorando al Eterno un poco de normalidad porque llevaba meses absolutamente horribles. No sé como al final acabé sentado en la butaca reclinable de la habitación de mis viejos, cuidando de no hacer ruido e intentando conciliar el sueño. 

De pronto se despertaron mis viejos preguntándome que hacía ahí, con tristeza les dije que no podía más con todo aquello. Sin mediar palabra ambos se hicieron a un lado dejando el centro de la cama vacío mientras mi madre me hacía señas para que fuera. Como un pajarillo asustado que regresa al nido me acosté en medí haciéndome un ovillo para no molestar mientras mi madre me tomaba con fuerza de la mano diendome con voz suave “mi amor, va a ver como ahorita usted está bien” y mi padre ponía su mano sobre mi hombro. 

A la hora, con mis viejos profundamente dormidos me desperté con una sensación de tranquilidad absoluta, volví a mi cama pensando en que nada, nada malo me podría pasar jamás porque estaba protegido para la aternidad por  ese escudo invencible que siempre es y será el amor.


La última llamada

Hace seis años fue la última llamada por whatsapp que le hice a mi vieja.  Ese día me habían llevado de paseo a un pueblo de Castilla La Man...