lunes, 19 de marzo de 2012
Nosotros que nos queremos tanto
Mi madre cocinaba al ritmo de boleros. De pequeño me gustaba escucharla mientras yo jugaba o hacía lo deberes. Ella decía que no tenía una gran voz pero a mí me parecía que cantaba tan bien como Libertad Lamarque sobre todo por que lo hacía con sentimiento, y hasta se le escapaba alguna lagrimilla cuando cantaba alguna de esas canciones. A los ocho años no entendía cómo una simple melodía podría emocionarla tanto para mí los boleros eran de Marte sobre todo porque en ellos, en la peor de las situaciones, siempre había alguien que sufría por amor o en el mejor de los casos, los dos sufrían por amor. ¡Vaya lío el mundo de adultos! Para mi todo era tan simple como querer a quien te quiere y no querer a quien no te quiere y punto final. Hace poco volví a escuchar completo un viejo disco de boleros, puse el CD me dejé caer en el sofá y a los cinco minutos estaba envuelto en todas esas historias de encuentros y desencuentros, de grandes amores, y de despedidas inexplicables. Entonces entendí perfectamente a mi madre, cerré los ojos y comencé a cantar.
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