Fue durante el saludo a la bandera, que todos los lunes hacíamos en la escuela, cuando Perera me reveló su gran secreto, que tenía sangre azul. A los siete años aquello me pareció la cosa más terrible que había escuchado. A decir verdad Perera no era muy simpático que digamos, pero ¿por qué la vida se había burlado de aquel chico? ¿Qué atroz destino tendría alguien que tuviera ese problema en la sangre? y lo que era peor, ¿sería contagioso? Desde aquel día se acabó la paz, dedicaba mis ratos libres a pensar si mi colega llegaría al final del curso o si caería muerto en mitad de la clase. Menos mal que tuve la suerte de que un día Perera se hiciera una herida en la mano mientras jugábamos, para así descubrir el embuste: su sangre era roja, rojísima, como la mía. ¡ Era un impostor !
Como la polémica llegó a oídos de la maestra y ella era una sabihonda en una clase, nos explicó con todo lujo de detalle lo que significaba tener sangre azul, mientras Perera se crecía a vista y paciencia de todos: era un futuro príncipe. Así terminó mi breve amistad, y de la mitad de la clase, con nuestro compañero, no solo por la cochina envidia, sino porque el susodicho, cada vez que se hablaba en clase de un rey, daba igual si era de España o de la India, del siglo XX o de la Edad Media, apostillaba con aire autosuficiente “mi tío”, “mi abuelo”, “mi primo”, ¡qué familia!
Desde entonces no quiero ni oír hablar de reyes y princesas.
lunes, 18 de julio de 2011
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
La última llamada
Hace seis años fue la última llamada por whatsapp que le hice a mi vieja. Ese día me habían llevado de paseo a un pueblo de Castilla La Man...
-
Todos tenemos momentos en los que nos "crecen los enanos del circo" y todo, absolutamente todo se nos complica -si nunca has pasad...
-
Había estado tres meses antes en Israel…probablemente si alguien me hubiese propuesto ir a pasar un Shabat en un Kibutz al sur de Israel o...
-
Como decía que cuando la abrazaba la estrujaba mucho y que ella ya estaba viejita, mi abuela Anita en cuanto me oía llegar a su casa pegaba ...

No hay comentarios:
Publicar un comentario