domingo, 3 de octubre de 2010

La paz del dormitorio

Eran las dos de la mañana y dormían profundamente. Ella abrazada a la espalda de él, y él roncando con la tranquilidad que da estar en su propia habitación. Algunas revistas desperdigadas por el suelo, un poco de ropa encima de un carrito de supermercado y encima de una caja cartón un tetrabrik de vino y una barra de pan a medio terminar. Podría ser una escena cotidiana de cualquier matrimonio de mediana edad sino fuera porque estaba sucediendo en mitad de una céntrica plaza madrileña. La fauna nocturna iba y venía en ese sábado invernal mientras ellos, ajenos al ajetreo, probablemente soñaban con un tener un techo y una vida como la del todo el mundo. No se sabe si por respeto o por el frío que hacía, quienes pasaban al lado de esa pareja que tenía a Madrid por dormitorio, lo hacían en absoluto silencio como si estuvieran contemplando a un par de ángeles caídos cubiertos con un viejo edredón.

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