viernes, 22 de marzo de 2024

Toda la vida

 

Como los días previos a mi regreso a España mi vieja se ponía muy nostálgica para animarla (y animarme), para consolarlos mutuamente, a la hora de darle las buenas noches siempre me sentaba a la orilla de su cama para tener una pequeña conversación en la que básicamente lo que hacíamos era permencer en silencio tomados de la mano:


-¿Se va a cuidar? ¿Vamos a estar bien? ¿Verdad?

-Sí Mamá, me voy a cuidar y vamos a estar todos muy bien ya verá.

-Nos vamos querer toda la vida ¿verdad? ¿Hasta el cielo?

-Sí Mamá, nos vamos querer hasta el cielo, ida y vuelta.

-Te quiero mucho. No lo olvides.

Apenas cinco minutos de conversación, un pequeño ritual que ha sido mi tabla de salvación  en los años posteriores a su partida.  Como mi vieja murió en tiempos de pandemia y se fue si que pudiérmos despedirnos en ese momento, mi memoria echa mano y se aferra a esos micro momentos en el que a lo largo de más de 25 años siempre nos dijimos lo mucho que nos amábamos.

-Si, Mamá, nos vamos a querer toda la eternidad. 


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