lunes, 22 de julio de 2019
Liberación
Durante años mi amiga se sintió culpable por el fracaso de su primer matrimonio. Como desde siempre había sido alegre y extrovertida, siempre encontraba tiempo para asistir a cualquier actividad familiar o de su círculo de amistades mientras su marido pasaba largas horas en la oficina. Él vivía para trabajar y a duras penas dedicaba tiempo para el ocio, ella se sentía sola y un poco confundida, pensando en que a lo mejor la vida real era esa, dedicar las 24 horas del día a la profesión. Como era de esperar cuando se firmaron los papeles del divorcio no paró de escuchar indirectas y críticas sobre lo poco que se había esforzado en mantener el matrimonio con un hombre modélico, responsable y poco parrandero, y ella misma se atormentaba pensando en lo mismo: en que toda la culpa era suya. A los pocos años su ex marido se volvió a casar para divorciarse tiempo después, la causa: su nueva mujer se había hartado de esas jornadas laborales eternas, de estar al lado de un Workaholic. Dice mi amiga que saber eso fue una completa liberación y que ese día enterró para siempre cualquier complejo de culpa.
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