jueves, 14 de junio de 2018
Y sin embargo la vida
Tras perder el trabajo de mi vida, finalizar una relación de más de 14 años, un infarto y dos angioplastias (una fallida) solo quería morirme cuanto antes. En el hospital pasaba los días enteros pensando en eso y en casa de mis padres intentando dejar todo lo más acomodado posible y haciendo una lista mental de lo que tenía que poner en orden antes de partir. Acabado, con el corazón partido y remendado en el sentido más literal del término, solo me quedaba esperar la hora. Sin embargo la vida comenzó a hacer de las suyas, a sacar sus mejores encantos, a seducirme con una familia que no tenía ninguna duda que saldría adelante y mi viejo que estaba encantado de acompañarme a rehabilitación tres veces por semana para poder contarme anécdotas de camino, con amigos que me llamaban para ver el atardecer y si había que llevarme en brazos no importaba nada, con médicos que se reían a carcajadas con mis preguntas, con entrenadores personales que creían más en mi que yo mismo, con gente que me llamaba de Madrid, Estados Unidos o Israel para hacer planes conmigo. Nunca fue la vida más bella y más seductora, se suponía que iba a ser la peor época de mi vida y fue simplemente maravillosa.
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