jueves, 14 de mayo de 2026

Ángel nocturno

 

A las cuatro de la madrugada, cuando reinaba el silencio en la casa, sentía uno que ella te envolvía con las mantas y te hacía una suave caricia en el pelo. Entonces caía uno en un sueño profundo invadido por una sensación de bienestar absoluto porque había un ángel que velaba tu sueño. Mientras pudo mi abuela Anita, cada madrugaba repetía su rutina: iba habitación por habitación, vigilando que todos en la casa estuvieran lo suficientemente abrigados, daba igual si se trataba de una visita, ella por igual a todos “acunaba” mientras musitaba alguna oración que se le había olvidado antes de dormir. Mis tíos medio en serio y medio en broma siempre decían que era lo mejor de pelearse con sus esposas, que los mandaran a dormir a casa de mi abuela porque recobraban ese paraíso perdido de la infancia y ese instante mágico de recibir un beso en mitad de la madrugada. Hace décadas que no está pero a menudo antes de dormirme pienso en ella, le pido que por si acaso me eche un ojo mientras sueño con los angelitos.

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