martes, 11 de marzo de 2014

Lenguas muertas

El otro día me comentaba una amiga,  divorciada hace unos meses, que lo que más echaba de menos de su tiempo de casada eran los gestos y las palabras de un lenguaje "secreto" fruto de años de convivencia y que probablemente nunca se volverán a usar. Ponía como ejemplo los motes -o apodos- cariñosos con los que solían llamarse y que como todo en el mundo de parejas, tenía una historia oculta que irradiaba ternura y complicidad. Confesaba que tenía más que superado el final de la historia, la ausencia del ex  y la soledad inicial pero lo que le costaba trabajo no pensar con nostalgia en las palabras "raras" que usaban para denominar comidas, sitios, personas y estados de ánimo, "he intentado usarlas con otra gente pero me siento ridícula". Decía ella que era como cuando una civilización entera colapsaba y no quedaba nadie en la tierra que recordara que hubo un tiempo no muy lejano en el que las personas soñaron y amaron en un idioma inédito y del que hoy no queda rastro. "¿Te imaginas la cantidad de poemas de amor que se perdieron? " ¡Cuanta razón tiene mi amiga!.